domingo, 9 de septiembre de 2018

Zertrümmerung Cap. 23




Capítulo# 23 No digas Adiós.

Los ojos violetas de Erin, se desenfocaron el golpe. Que el dolor que atravesó su pecho era enorme, y no era una espada o incluso una bala atravesándole, era ese sentimiento de que le fallaría a alguien que le importaría de igual manera, tendría que simplemente olvidarse de alguno y abandonar algo que quería, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras dejaba caer el rostro.


--Lo siento Leo…lo siento—negó aterrada con ella misma, de esa fría sensación, de la sensación de fallarle una segunda vez, porque no había sido capaz de moverse cuando les habían rodeado, no había sido capaz de aferrarse a él y recibir esas balas a su lado, estaba tan enfadada con ella misma que no podía creer nada de lo que pasaba, no era posible que le entregase, pero no podía—No puedo dejar a nuestros amigo—

Leo era un muro de frialdad a quien no le importaba nada ni el simple hecho de tener un arma sobre su cuello, el no entendía lo que Erin hacía, el no entendía las disculpas el solo obedecía como el resto de personas bajo el yugo de TB, armas que dejaron toda su humanidad.

--No puedo creerlo—Las coletas de la científica caían y se estremecían por la gracia que le hacia todo eso—Que soy bien cursos, no lo cree jefe—mecía la mano de lo bien que se la pasaba con el sufrimiento de la peli plateada.

--No es divertido—el hombre que tenía todo el pasado de Erin, en esa situación ella siendo simplemente una prisionera, una herramienta un simple experimento que para su gusto debería obedecer—As perdido todo, estas dispuesta a morir e incluso que esa persona que te mate sea este hombre, que pena que me das—dijo quitando interés—Quizás el—

El dolor en su garganta no podía disimularse pero una pequeña risa salió de ella, con la pena que cargaba su alma soltó una pequeña carcajada.

--Podrían tomar de nosotros lo que quieran…pero el jamás cooperaria como no pienso hacerlo yo—dijo con las agallas que le quedaban en ese mar de dolor.

El jefe de la sección con su rostro oculto tras esa mascara embozo una pequeña sonrisa y saco una pequeña pistola de choques que hizo chasquear y la peli plateada estaba lista para recibirla pero esa pistola de choques había ido a manos de Leonardo, si la piel de ella ya estaba sensible por la preparación a ver la mano de quien siempre la tomaba para estrecharla en esa pose de protector que ella jamás necesito peor nunca le importo recibir de él, esos brazos que la dejaban cansada y lista para dormir cubiertos por ellos, esos ojos mirándola fijamente y que en ningún huequito dijera amor…cada una de esas cosas había sido mil veces peor que recibir la primera descarga de quien era el amor de su vida.

--Entonces lo tenemos…iremos primero por ella—la voz de Alyer sonó en las sombras del laboratorio, el silencio era casi absoluto en esos lugares solo quedaban los retesos de los humanos a manos de TB.

--Yo me encargo—la voz de Vicktori, resonó en el momento que todo se calmó en su fortaleza y Alyer, soltó de buenas a primeras que sabía dónde estaban todos, habían decidido ir primero por su mejor amiga—Ir preparando las cargas—

--Anotado—se dispuso a desviarse para poner pequeñas cargas de explosivos, en el momento que se habían planteado el rescate estaban pensando seriamente el no atacar los laboratorios y llamar la atención, pero al saber que ese era un puesto de operaciones donde no solo mantenían a una de sus amigos sino que también torturaban gente rezagada en las ciudades, simplemente su instinto no había podido soportarlo.

La pelirroja simplemente se había metido en los ductos aun con el vientre en recuperación le ha importado poco, que no sabían si sus amigos podrían aguantar más así, entonces cuando ella bajaba por los ducto ocurrió, a unos cuantos kilómetros un coche militar hizo llama y si una gran alarma roja sonó en alarma y cuando no fue solo uno si no que uno tras otro los con Bois iban explotando la alarma era peor y un montón de gente empezaba a salir sobre todas las torres poco humanas que estaban en establecimiento.

Ir por el ducto era complicado pero era la mejor manera de llegar al centro de la sala cuando se vio en ese sitio la tapa que la dividía entre el ducto y el suelo callo a plomo donde ella entro lo mejor que pudo para no hacerse daño, y ahí la vio Erin tenía cortes por todo el brazo las mejillas y las piernas sin contar las marcas de la quemaduras de la pistola eléctrica, y todas eran frescas.

--Demonios preciosa—Vick corrió hacia ella sacando una pequeña pistola laser que se había robado de las primeras cabinas de vigilancia que se había topado y entre tanta confusión por las explosiones y el  relajo que se armaba pocos notarían las alarmas de las cadenas de la peli plateada, su cuerpo no resistió apenas nada en cuanto ya no estaban sus ataduras su cuerpo callo a plome a brazos de su amiga—Te saco de aquí.

Sin importar más se hecho a Erin a los brazos y asegurándose que la había ajustado importándole poco la seguridad salió por la puerta yendo por donde el instinto le decía, su amiga no parecía reaccionar peor a los pocos segundos el mismo dolor la despertó.

Un gruñido de dolor y el simple hecho de que ahora sus brazos estaban rectos la descolocaba, abriendo poco a poco los ojos un olor a cereza se le hacía familiar y poco a poco su vista desenfocada miro el mar de risos rojos que tenía por delante a apenas tres dedos.

--Vick…--susurro sin creerlo si no fuera ese dolor que atravesaba sus brazos con la piel abierta no se lo podría creer—Vick…--repitió mientras apretaba algo buscando el pulso de su amiga en un vago intento de creerse esa locura.

--Vale preciosa, si soy yo—dijo palmando sus manos—Ya mismo te saco de aquí Alyer, hará que todo esto valla estallando por secciones—

Erin primero se concentró en el alivio de ver que una de sus amigas se mantenía con vida y cuando había mencionado a Alyer la alegría fue doble pero tan rápido como ella se sentía un poco aliviado se ha soltado tan de golpe que sin remedio cayó de espaldas al suelo.

--Espera que…--su cabeza le dio golpe y valla que no había parte que no le doliera.

--Joder Erin…--Vick se inclinó para ayudarla cuando justo pillo la primera explosión cerca—Maldición ay que movernos—estaba dispuesta a cargársela de nuevo a la espalda pero asombrosamente con las muñecas destrozadas como sus tobillos era se levantó—Que haces, yo te cargo—

Erin negó sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas, apretó sus manos y sus puños.

--No puedo dejar a Leo—dijo y de golpe salió corriendo de regreso Vick iba a detenerlo pero hay otra explosión hizo chispa cortándole el paso a la pelirroja

--ERIN!—se escuchó el grito en todo el pasillo.

La peli plateada no se detuvo por mucho que sus piernas debían no poder moverse, pero ella tomo fuerza donde no la tenía y corrió vio muchas personas saliendo disparadas alejadas de las llamas pero ella seguía buscando hasta que bajo por unas escaleras y al llegar a la parte de las calderas donde los tubos de metal empezaban a silbar, ella lo sabía, no sabía cómo, pero lo sabía, la espalda firme y ancha y ese cabello rubio cenizo le decía que no se había equivocado, que él estaba ahí.

--Leo…--susurro cansada y destrozada pero dispuesta en lo que quería hacer.

Pero antes de acercarse un aplauso se escuchó, era el director quien negaba divertido.

--Lo has vuelto a hacer, al parecer lugar que te encierra lugar que destrozas…es una broma pequeña wuila—saco un revolver y apunto a ella pero negó—Na…no gastare una bala en ti…tengo una idea mejor—sonriendo de oreja a oreja trono los dedos—Matarla—

Antes de que ella pudiera detenerlo Leo estaba sobre erra con una pequeña daga que si ella no hubiera hecho el cuerpo hacia atrás su cuello estaría cortado, sus ojos violetas tiraron en el dolor, y no solo el físico sino que incluso el dolor de ver como el chico que amaba se levantaba contra él, con los pies destrozados como los tenía el simple hecho de brincar y esquivarle le había dolido un horror.

--Leo—dijo con dolor mientras se las arreglaba de volver a esquivarle—Parad…por favor no, no puedo hacerte daño—Lo quería intentar, quería rescatarle pero no podía, donde carajos estaban sus agallas donde estaba la mujer que daría una paliza a un hombre que intentara pasarse de listo…no existía no delante de él, no podía hacérselo a el—No quiero dejar que me mates…pero no puedo—repitió y en el último salto que dio para protegerse quedo cansada de rodillas, sus ojos desenfocados y el dolor a borde de llevársela.

El cuerpo de él se acercó, lentamente con la daga por delante y todo parecía dado por hecho pero él se quedó parado ahí delante de ella, sus manos temblaron por un momento y todo pareció congelado, donde la muerte era algo que se tendría que pasar, todo parecía una fantasía algo que no venía a tener sentido, paso un largo rato hasta que otro chasquido se escuchó.

--Apártate—se escuchó otra orden y el cuerpo quito se hizo a un lado como un portón abriendo paso a su dueño

Erin no lo comprendía, porque él se había parado…porque ella se lo pidió, el seguía ahí, estaba ahí…iba a decir algo pero lo mejor hubiera sido que ella se moviera de ahí porque el sonido del arma fue lo siguiente que se escuchó. Un segundo un pequeño segundo donde ella callo de espalda y la sangre salpico con el impacto dando de lleno, sus ojos se habían abierto en dolor y el mundo se congelo.

--Le…leo—
Erin, no lo crea ella estaba contra el suelo, y le miraba de frente y simplemente no le creía, él estaba ahí con un agujero de bala, y la sangre saliendo no solo de su pecho sino que también de su boca, luego simplemente él se giró la saga pito contra el brazo del jefe científico que en un gruñido atino otro disparo y cuando iba a dar otro una explosión pillo tan cerca que solo había dejado una cortina de humo.

Los pies de Leo se tambalearon tan rápido que la peli plateada en su confusión y sorpresa apenas atino a ponerse de rodillas atrapándole justo antes que se desplomara.

--Soy…muy malo…apuntando—la voz calmada de Leo, volvió al mundo a Erin de golpe que negó poniendo sus manos sobres las heridas que chorreaban en sangre—Hola…

--Que…que carajos—los ojos le picaban, sus heridas le dolían y no podía creer lo que pasaba ni podía creerlo—Estas tomándome el pelo…verdad—

Una pequeña risa salió del rubio, era una risa tonta pero no dura mucho porque luego la sangre subió por su garganta.

--Me gustaría…estar bromeando contigo cariño…--confeso con su boba sonrisa—Lo siento…te he hecho daño—

La mano libre de Erin golpeo el pecho de Leo, no fue fuerte pero resonó en una maldición.

--Yo te habría cortado los dedos de los pies…te habría destrozado esta cara de idiota que te montas—se cubrió la boca negando—Como…no es posible, Leo tú eras…eras su juguete no podías…no debías saltar a salvarme…me estas tomando el pelo—Las lágrimas empezaron a caer tan pesadas que no podía verle, no podía ver esos ojos de color como el mar, el brillo volviendo a él, no podía.

--He escuchado tu voz…--fue su única respuesta—Cuando dijiste que no podías hacerme daño…pude escucharte—negó—No incluso antes de eso, pero no podía parar—su voz se vio afectada cuando tosió y su cuerpo se contraída.

--Cállate…yo…tengo que sacarte de aquí—Las piernas volvieron a fallarle y antes de volverlo a intentar sus manos, las que detenían la hemorragia fueron cubiertas por esas enormes manos anchas que poco a poco dejaban de sentirse cálidas para tornarse frías.

--Quería parar…no quería hacerte daño—los ojos de Leo parecían que le sonriera—Cuando pude parar, cuando pude saltar para salvarte…me he puesto muy feliz…

--Feliz…pues que lo sepas que no soy feliz—apretó los dientes—No puedes morirte…no…maldición Leo no puedes dejarme…ya no, ya no podría seguir te lo advierto yo—

Antes de que continuara su cuello había sido tomado con firmeza y su rostro fue guiado hacia él, el sabor de sangre atravesó sus labios pero no importo en apenas un segundo porque el sabor de Leo estaba ahí, sus labios eran cálidos, cálidos como la primera vez y a pesar de la sangre el no perdía su sabor.

--Si puedes…tenemos una promesa…lo sabes—sonrió como un tonto mientras sus brazos la atraían la dejaron sobre su cuerpo y el la estrechaba poco a poco con el resto de la energía que tenía—Vive Erin…vive—

Los ojos volvieron a empañarse mientras sentía como su cuerpo se hundía en ese pecho firma…pensar que jamás volvería a hacerlo, no eso no…no podía.

--NO! QUE TE JODAN LEO…QUE TE JODAN!!—Grito mientras eran sus brazos los que le rodeaban—No te mueras…vendrán, vendrán por nosotros—se aferró a él como si eso fuera a detenerlo, como si con eso podría mantenerle con vida…y lo más importante a su lado—Por favor…joder te lo estoy suplicando…Leo…no te vayas—

El pequeño palpitar de leo iba perdiendo fuerza igual que sus brazos pero aun asi sus labios se habían logrado posar en la frente de Erin.

--Yo siempre…voy a amarte—

Las manos que la habían apretado se desprendieron de una manera fría y rápida el golpe al suelo resonó tanto en ese eco de explosiones, que no parecía posible.

--Leo…leo—su rostro se desprendió poco a poco su vista se levantó donde encontró una tonta sonrisa—No es gracioso—su voz se quebró aún más—Por favor…por favor—meció su cuerpo pero no hubo respuesta—Por favor—suplico como una niña pequeña

Explosiones se seguían escuchando, las llamas seguían aumentando pero todo había acabado para ella, no había futuro…no iban a apartarle de ahí, del único lugar al que quería pertenecer toda la vida.

Una última explosión se escuchó y ese edificio simplemente calo…callo junto a un gran hombre y un buen amigo.



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