Capítulo# 23 No digas Adiós.
Los ojos violetas de Erin, se desenfocaron el golpe. Que el
dolor que atravesó su pecho era enorme, y no era una espada o incluso una bala
atravesándole, era ese sentimiento de que le fallaría a alguien que le
importaría de igual manera, tendría que simplemente olvidarse de alguno y
abandonar algo que quería, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras dejaba
caer el rostro.
--Lo siento Leo…lo siento—negó aterrada con ella misma, de esa
fría sensación, de la sensación de fallarle una segunda vez, porque no había
sido capaz de moverse cuando les habían rodeado, no había sido capaz de
aferrarse a él y recibir esas balas a su lado, estaba tan enfadada con ella
misma que no podía creer nada de lo que pasaba, no era posible que le entregase,
pero no podía—No puedo dejar a nuestros amigo—
Leo era un muro de frialdad a quien no le importaba nada ni el
simple hecho de tener un arma sobre su cuello, el no entendía lo que Erin
hacía, el no entendía las disculpas el solo obedecía como el resto de personas
bajo el yugo de TB, armas que dejaron toda su humanidad.
--No puedo creerlo—Las coletas de la científica caían y se
estremecían por la gracia que le hacia todo eso—Que soy bien cursos, no lo cree
jefe—mecía la mano de lo bien que se la pasaba con el sufrimiento de la peli
plateada.
--No es divertido—el hombre que tenía todo el pasado de Erin, en
esa situación ella siendo simplemente una prisionera, una herramienta un simple
experimento que para su gusto debería obedecer—As perdido todo, estas dispuesta
a morir e incluso que esa persona que te mate sea este hombre, que pena que me
das—dijo quitando interés—Quizás el—
El dolor en su garganta no podía disimularse pero una pequeña
risa salió de ella, con la pena que cargaba su alma soltó una pequeña
carcajada.
--Podrían tomar de nosotros lo que quieran…pero el jamás
cooperaria como no pienso hacerlo yo—dijo con las agallas que le quedaban en
ese mar de dolor.
El jefe de la sección con su rostro oculto tras esa mascara
embozo una pequeña sonrisa y saco una pequeña pistola de choques que hizo
chasquear y la peli plateada estaba lista para recibirla pero esa pistola de
choques había ido a manos de Leonardo, si la piel de ella ya estaba sensible
por la preparación a ver la mano de quien siempre la tomaba para estrecharla en
esa pose de protector que ella jamás necesito peor nunca le importo recibir de
él, esos brazos que la dejaban cansada y lista para dormir cubiertos por ellos,
esos ojos mirándola fijamente y que en ningún huequito dijera amor…cada una de
esas cosas había sido mil veces peor que recibir la primera descarga de quien
era el amor de su vida.
--Entonces lo tenemos…iremos primero por ella—la voz de Alyer sonó
en las sombras del laboratorio, el silencio era casi absoluto en esos lugares
solo quedaban los retesos de los humanos a manos de TB.
--Yo me encargo—la voz de Vicktori, resonó en el momento que
todo se calmó en su fortaleza y Alyer, soltó de buenas a primeras que sabía dónde
estaban todos, habían decidido ir primero por su mejor amiga—Ir preparando las
cargas—
--Anotado—se dispuso a desviarse para poner pequeñas cargas de
explosivos, en el momento que se habían planteado el rescate estaban pensando
seriamente el no atacar los laboratorios y llamar la atención, pero al saber que
ese era un puesto de operaciones donde no solo mantenían a una de sus amigos
sino que también torturaban gente rezagada en las ciudades, simplemente su
instinto no había podido soportarlo.
La pelirroja simplemente se había metido en los ductos aun con el
vientre en recuperación le ha importado poco, que no sabían si sus amigos
podrían aguantar más así, entonces cuando ella bajaba por los ducto ocurrió, a
unos cuantos kilómetros un coche militar hizo llama y si una gran alarma roja
sonó en alarma y cuando no fue solo uno si no que uno tras otro los con Bois
iban explotando la alarma era peor y un montón de gente empezaba a salir sobre
todas las torres poco humanas que estaban en establecimiento.
Ir por el ducto era complicado pero era la mejor manera de llegar
al centro de la sala cuando se vio en ese sitio la tapa que la dividía entre el
ducto y el suelo callo a plomo donde ella entro lo mejor que pudo para no
hacerse daño, y ahí la vio Erin tenía cortes por todo el brazo las mejillas y
las piernas sin contar las marcas de la quemaduras de la pistola eléctrica, y
todas eran frescas.
--Demonios preciosa—Vick corrió hacia ella sacando una pequeña
pistola laser que se había robado de las primeras cabinas de vigilancia que se
había topado y entre tanta confusión por las explosiones y el relajo que se armaba pocos notarían las
alarmas de las cadenas de la peli plateada, su cuerpo no resistió apenas nada
en cuanto ya no estaban sus ataduras su cuerpo callo a plome a brazos de su
amiga—Te saco de aquí.
Sin importar más se hecho a Erin a los brazos y asegurándose que
la había ajustado importándole poco la seguridad salió por la puerta yendo por
donde el instinto le decía, su amiga no parecía reaccionar peor a los pocos
segundos el mismo dolor la despertó.
Un gruñido de dolor y el simple hecho de que ahora sus brazos
estaban rectos la descolocaba, abriendo poco a poco los ojos un olor a cereza
se le hacía familiar y poco a poco su vista desenfocada miro el mar de risos
rojos que tenía por delante a apenas tres dedos.
--Vick…--susurro sin creerlo si no fuera ese dolor que
atravesaba sus brazos con la piel abierta no se lo podría creer—Vick…--repitió
mientras apretaba algo buscando el pulso de su amiga en un vago intento de
creerse esa locura.
--Vale preciosa, si soy yo—dijo palmando sus manos—Ya mismo te
saco de aquí Alyer, hará que todo esto valla estallando por secciones—
Erin primero se concentró en el alivio de ver que una de sus
amigas se mantenía con vida y cuando había mencionado a Alyer la alegría fue
doble pero tan rápido como ella se sentía un poco aliviado se ha soltado tan de
golpe que sin remedio cayó de espaldas al suelo.
--Espera que…--su cabeza le dio golpe y valla que no había parte
que no le doliera.
--Joder Erin…--Vick se inclinó para ayudarla cuando justo pillo
la primera explosión cerca—Maldición ay que movernos—estaba dispuesta a
cargársela de nuevo a la espalda pero asombrosamente con las muñecas
destrozadas como sus tobillos era se levantó—Que haces, yo te cargo—
Erin negó sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas, apretó sus
manos y sus puños.
--No puedo dejar a Leo—dijo y de golpe salió corriendo de
regreso Vick iba a detenerlo pero hay otra explosión hizo chispa cortándole el
paso a la pelirroja
--ERIN!—se escuchó el grito en todo el pasillo.
La peli plateada no se detuvo por mucho que sus piernas debían
no poder moverse, pero ella tomo fuerza donde no la tenía y corrió vio muchas
personas saliendo disparadas alejadas de las llamas pero ella seguía buscando
hasta que bajo por unas escaleras y al llegar a la parte de las calderas donde
los tubos de metal empezaban a silbar, ella lo sabía, no sabía cómo, pero lo
sabía, la espalda firme y ancha y ese cabello rubio cenizo le decía que no se
había equivocado, que él estaba ahí.
--Leo…--susurro cansada y destrozada pero dispuesta en lo que
quería hacer.
Pero antes de acercarse un aplauso se escuchó, era el director
quien negaba divertido.
--Lo has vuelto a hacer, al parecer lugar que te encierra lugar
que destrozas…es una broma pequeña wuila—saco un revolver y apunto a ella pero negó—Na…no
gastare una bala en ti…tengo una idea mejor—sonriendo de oreja a oreja trono
los dedos—Matarla—
Antes de que ella pudiera detenerlo Leo estaba sobre erra con
una pequeña daga que si ella no hubiera hecho el cuerpo hacia atrás su cuello
estaría cortado, sus ojos violetas tiraron en el dolor, y no solo el físico
sino que incluso el dolor de ver como el chico que amaba se levantaba contra
él, con los pies destrozados como los tenía el simple hecho de brincar y
esquivarle le había dolido un horror.
--Leo—dijo con dolor mientras se las arreglaba de volver a esquivarle—Parad…por
favor no, no puedo hacerte daño—Lo quería intentar, quería rescatarle pero no
podía, donde carajos estaban sus agallas donde estaba la mujer que daría una
paliza a un hombre que intentara pasarse de listo…no existía no delante de él,
no podía hacérselo a el—No quiero dejar que me mates…pero no puedo—repitió y en
el último salto que dio para protegerse quedo cansada de rodillas, sus ojos
desenfocados y el dolor a borde de llevársela.
El cuerpo de él se acercó, lentamente con la daga por delante y
todo parecía dado por hecho pero él se quedó parado ahí delante de ella, sus
manos temblaron por un momento y todo pareció congelado, donde la muerte era
algo que se tendría que pasar, todo parecía una fantasía algo que no venía a
tener sentido, paso un largo rato hasta que otro chasquido se escuchó.
--Apártate—se escuchó otra orden y el cuerpo quito se hizo a un
lado como un portón abriendo paso a su dueño
Erin no lo comprendía, porque él se había parado…porque ella se
lo pidió, el seguía ahí, estaba ahí…iba a decir algo pero lo mejor hubiera sido
que ella se moviera de ahí porque el sonido del arma fue lo siguiente que se escuchó.
Un segundo un pequeño segundo donde ella callo de espalda y la sangre salpico
con el impacto dando de lleno, sus ojos se habían abierto en dolor y el mundo
se congelo.
--Le…leo—
Erin, no lo crea ella estaba contra el suelo, y le miraba de
frente y simplemente no le creía, él estaba ahí con un agujero de bala, y la
sangre saliendo no solo de su pecho sino que también de su boca, luego
simplemente él se giró la saga pito contra el brazo del jefe científico que en
un gruñido atino otro disparo y cuando iba a dar otro una explosión pillo tan
cerca que solo había dejado una cortina de humo.
Los pies de Leo se tambalearon tan rápido que la peli plateada
en su confusión y sorpresa apenas atino a ponerse de rodillas atrapándole justo
antes que se desplomara.
--Soy…muy malo…apuntando—la voz calmada de Leo, volvió al mundo
a Erin de golpe que negó poniendo sus manos sobres las heridas que chorreaban
en sangre—Hola…
--Que…que carajos—los ojos le picaban, sus heridas le dolían y
no podía creer lo que pasaba ni podía creerlo—Estas tomándome el pelo…verdad—
Una pequeña risa salió del rubio, era una risa tonta pero no
dura mucho porque luego la sangre subió por su garganta.
--Me gustaría…estar bromeando contigo cariño…--confeso con su
boba sonrisa—Lo siento…te he hecho daño—
La mano libre de Erin golpeo el pecho de Leo, no fue fuerte pero
resonó en una maldición.
--Yo te habría cortado los dedos de los pies…te habría
destrozado esta cara de idiota que te montas—se cubrió la boca negando—Como…no
es posible, Leo tú eras…eras su juguete no podías…no debías saltar a
salvarme…me estas tomando el pelo—Las lágrimas empezaron a caer tan pesadas que
no podía verle, no podía ver esos ojos de color como el mar, el brillo
volviendo a él, no podía.
--He escuchado tu voz…--fue su única respuesta—Cuando dijiste
que no podías hacerme daño…pude escucharte—negó—No incluso antes de eso, pero
no podía parar—su voz se vio afectada cuando tosió y su cuerpo se contraída.
--Cállate…yo…tengo que sacarte de aquí—Las piernas volvieron a
fallarle y antes de volverlo a intentar sus manos, las que detenían la hemorragia
fueron cubiertas por esas enormes manos anchas que poco a poco dejaban de
sentirse cálidas para tornarse frías.
--Quería parar…no quería hacerte daño—los ojos de Leo parecían
que le sonriera—Cuando pude parar, cuando pude saltar para salvarte…me he
puesto muy feliz…
--Feliz…pues que lo sepas que no soy feliz—apretó los dientes—No
puedes morirte…no…maldición Leo no puedes dejarme…ya no, ya no podría seguir te
lo advierto yo—
Antes de que continuara su cuello había sido tomado con firmeza
y su rostro fue guiado hacia él, el sabor de sangre atravesó sus labios pero no
importo en apenas un segundo porque el sabor de Leo estaba ahí, sus labios eran
cálidos, cálidos como la primera vez y a pesar de la sangre el no perdía su
sabor.
--Si puedes…tenemos una promesa…lo sabes—sonrió como un tonto
mientras sus brazos la atraían la dejaron sobre su cuerpo y el la estrechaba
poco a poco con el resto de la energía que tenía—Vive Erin…vive—
Los ojos volvieron a empañarse mientras sentía como su cuerpo se
hundía en ese pecho firma…pensar que jamás volvería a hacerlo, no eso no…no
podía.
--NO! QUE TE JODAN LEO…QUE TE JODAN!!—Grito mientras eran sus
brazos los que le rodeaban—No te mueras…vendrán, vendrán por nosotros—se aferró
a él como si eso fuera a detenerlo, como si con eso podría mantenerle con
vida…y lo más importante a su lado—Por favor…joder te lo estoy
suplicando…Leo…no te vayas—
El pequeño palpitar de leo iba perdiendo fuerza igual que sus
brazos pero aun asi sus labios se habían logrado posar en la frente de Erin.
--Yo siempre…voy a amarte—
Las manos que la habían apretado se desprendieron de una manera
fría y rápida el golpe al suelo resonó tanto en ese eco de explosiones, que no
parecía posible.
--Leo…leo—su rostro se desprendió poco a poco su vista se levantó
donde encontró una tonta sonrisa—No es gracioso—su voz se quebró aún más—Por
favor…por favor—meció su cuerpo pero no hubo respuesta—Por favor—suplico como
una niña pequeña
Explosiones se seguían escuchando, las llamas seguían aumentando
pero todo había acabado para ella, no había futuro…no iban a apartarle de ahí,
del único lugar al que quería pertenecer toda la vida.
Una última explosión se escuchó y ese edificio simplemente
calo…callo junto a un gran hombre y un buen amigo.

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