Mision Grupal#1 :
Amdis Christen, Françis Horloge y Gordon B. Kite
-Noruega-Christiania-
El sonido de los barcos acercándose o alejándose inundaba el
pequeño puerto de Portpatrick, donde una pequeña niña de extraño cabello azul
como el mismo cielo con claros y cristalinos ojos esperaba en algún lugar
detrás de cajas de madera que parecían el cargamento de algún barco próximo a
partir. Había tantas personas en ese puerto sobre todo hombres quienes eran los
que se encargaban de las cajas o de conducir a las personas a su barco, y a
pesar de eso había tan pocos turistas o personas que tomarían el próximo barco
rumbo a Noruega, era lo más certero que sabía, aparte del hecho que ahí había
más barcos pesqueros que pudieran hacer dudar que un barco de pasajeros fuera a
arribar.
Su uniforme oscuro y esa insignia que llamaba tanto la atención
eran una de las razones por las que no se atrevía a asomar cabeza detrás de esa
caja de madera, nunca había sido buena con las grandes multitudes y eso a pesar
del tiempo o las circunstancias no había cambiado mucho. Solo el hecho de que
le digieran que tenían que tomar un barco y que por primera vez desde que
estaba en esa organización tenía que compartir misión con dos personas, chicos
ambos, le tenía un poco más nerviosa aun que ella sabía que tendría que
asomarse a buscarlos, bien se lo dijo el superior: Este acceso solo te llevara
a un puerto en Escocia y desde ahí partirás a Noruega, tú decides esperar a tus
compañeros y atraviesan el portal todos juntos o adelantarte. Aun esas palabras
estaban frescas en su cabeza, ella tomo su cuaderno y escribió sin titubeos “me
adelantare” con una tímida sonrisa como respuesta al superior.
*Repasemos la misión* se quedo pensando la pequeña niña quien se
acurruco en la esquina pegada a la caja de madera mientras sacaba su diario
donde había anotado las especificaciones de la misión.
*Según el reporte les llegaron recientes notificaciones de un
suceso paranormal en la ciudad de Christiania, en Noruega.
La grandiosa catedral de la ciudad, El Salvador, fue reconstruida
hace dos siglos tras un devastador incendio que arrasó hasta los cimientos de
la anterior edificación. Sin embargo, no ha sido hasta hace dos meses que se
han empezado a dar situaciones escalofriantes en dicho monumento.
Clérigos que allí habitan afirman que, por las noches, un olor
intenso a carne quemada inundan los pasillos junto a los desgarradores gritos
procedentes de ninguna parte. Al día siguiente, en las paredes de la sala
capitular aparecen huellas de manos ensangrentadas y todas las figuras de
Cristo con surcos en sus rostros como si estos hubieran llorado sangre.
Se nos envió supuestamente con el fin de que averiguáramos la causa
de estos fenómenos y les pongan un punto y final…y como ultima advertencia nos
previenen de posibles movimientos de akuma, acaso esas cosas no abundan donde
suele enviarnos, ¿Qué clase de advertencia tan boba es esa?*
Se quedo pensando con medio resoplido resignado, mientras en sus
misma notas se notaban notas y dibujos del puertos, su curiosidad no era
detenida por sus vergüenzas si era un lugar a donde nunca había ido solía
anotar como se movían o lo hermoso del paisaje siempre que tuviera un tiempo,
otra de las razones por las que se había adelantado.
*Sobre mis compañeros, ¿cómo eran para poder encontrarlos más
fácilmente? Veamos* Revolvió de nuevo su diario de notas buscando donde había
anotado el perfil de sus compañeros hasta encontrarlos.
* Françis Horloge: Frances con 22 años de edad…es más grande que
yo* -se sonrojo sorprendida ella apenas con 16 años, mientras seguía leyendo
mentalmente -*físicamente es de: Tez ligeramente bronceada, rasgos suaves pero
ligeramente angulosos y figura atlética, mide 1,83 de altura. También es más
alto que yo* -agito la cabeza- * Amdis no te distraigas con cosas mínimas
veamos; es de cabello largo y negro, suele llevarlo recogido en una fina coleta
baja. Ojos de color rojo burdeos y de aspecto intimidante. ¿Intimidante?*-Trato
de imaginárselo mas aya de su aspecto con el toque de intimidación, pero no
pudo evitar asustarse…si era como se lo llego a imaginar seguro podría
desagradarle que no hablara.
-*Bueno eso es lo menos de lo que te tienes que preocupar, ahora
veamos cómo es nuestro segundo compañero*-volvió a hojear tranquila-* Gordon B.
Kite: Estadounidense de 21 años, al parecer seré la menor*-Resoplo una vez
más-*Veamos físicamente es: Contextura media-compacta, altura no muy
prominente, cabello negro peinado hacia atrás y barba sin afeitar con cejas
bastante pobladas. Otro detalle prominente de su persona es la utilización de
gruesos anteojos rectangulares. Finalmente está la ropa que utiliza: gabardina
negra acompañada de un collar jabot que le llega hasta los tobillos, un atuendo
que sirve para disimular su peso y guardar diferentes objetos (tal como su
arma), con un gorro y botas de la misma tonalidad, todo cerrado gracias a
botones de color dorado. Creo que podré reconocerlo fácilmente*-pensó cerrando
el diario, levantándose para buscar, aun que aun se escondía en las esquinas
para que no le miraran, solo necesitaba a sus compañeros.
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Portpatrick…creí que tardaría más tiempo en conocer Noruega…medio
siglo más, quizá…si no fuera por tu madre, habría llegado a las manos de un
importante ministro de este país…Podría haber sido una influencia verdadera en
la historia ¿Lo sabes?
La perorata de la mujer era un empezar y no parar, Françis, su
llamado “usuario” en la orden, había aprendido a escuchar sin dejarse enredar
por su verborrea. También era verdad, que el único que podía escucharla y verla
era él.
El único capaz de ver a la esbelta mujer de vestido griego, bucles
recogidos y ojos sin pupilas, toda ella bañada en plata vaporosa. El único
capaz de escuchar su voz cambiante, susurrante en ocasiones y vibrante y
cavernosa en otras.
– Se de sobra que conmigo no serás una influencia, y sinceramente no
me causa ningún trastorno. – contestó tranquilamente el ojo–burdeos.
– Eso nunca se sabe, Françis. – Susurró la mujer al viento,
deshaciéndose en una voluta de humo y rodeándole como si fuera una gasa
vaporosa y dejar su rostro junto al oído del joven. – Tienes un gran poder en
tus manos, una decisión y en menos de diez años Noruega dejaría de ser Noruega.
Solo debes preguntar y pedir.
El tono había pasado de ser dulce y meloso, a ambicioso y afilado,
al principio era desconcertante ver como la esencia pasaba de comportarse como
una criatura dócil y sumisa a una insaciable de poder. Pero a esas alturas, el
francés estaba curado de espanto.
– La primera vez que te vi, tu futuro era ser un gran maestro
relojero…el mejor de toda Francia. – Ahora su voz era pura pasión y servicio,
con la malicia y la mezquindad escondidas.
<< Maldita sea tu astucia. >> Pensó para sí, sintiendo
como algo frío acariciaba su mano izquierda y le hacía crisparse, al bajar la
vista vio como la mano indefinida de la mujer rodeaba la suya. Apartó la mano a
toda velocidad, lanzando una mirada taciturna a lo que se suponía eran los ojos
de aquella mujer que se había dado a conocer a sí misma como “Lady Ancora”.
– El tiempo pasa implacable y cambia constantemente sus caminos,
para bien o para mal. – ronroneó con una risa autosuficiente, volviendo a
apartarse y a deslizarse delante de su moreno acompañante.
Tratando de no exasperarse, Françis siguió su camino para alcanzar
el muelle del que saldría su barco, consiguiendo en poco tiempo volver a
tranquilizarse. Una vez en el muelle, se apartó para observar panorámicamente
en busca de la curiosa indumentaria que implicaba su trabajo. Como no vio nada
a primera vista, dio media vuelta para buscar un lugar donde esperar un rato,
pero Lady Ancora se interpuso con una sonrisa divertida y pícara.
– Creí decirte que no llegarías el primero.
– ¿A caso los caminos del tiempo no cambian constantemente? –
Inquirió alzando una ceja ligeramente.
– Bueno, esta vez no.
Se giró observando con más atención, alcanzando a ver por el rabillo
del ojo como una figura esquiva observaba también el muelle. La buscó de nuevo
y al ver su pelo azul cielo, supo que era su compañera antes de ver su
insignia.
– Bingo. – Cantó Lady Áncora.
No tardó en acercarse, sin ocultarse pero tampoco llamando su
atención, como esperaba aquella chica, Amdis Christen (según el informe), se
dio cuenta de su presencia cuando estaba a unos metros de ella.
– Bonjour – Saludó en su idioma natal. – Soy Françis Horloge,
encantado. – acabó presentándose en inglés.
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Finalmente había llegado el día. Después de un tiempo sin estar
ocupado, le habían dado un encargo que le serviría para cubrir las últimas
cuotas del mes para sus hermanos. Incluso si se encontraba a más de mil
kilómetros de distancia de su hogar, por lo menos estaba seguro que con ese
trabajo el dinero no importaría demasiado. Lo único que si le preocupaba era la
condición en que los pequeños se encontraran, después de todo, no estaban
habituados a vivir por su cuenta…sin él…
No te ofusques
por eso, estarán bien. Se dijo a sí mismo viéndose ya levantado de la cama y a medio
vestir. Parado frente a un espejo de dos metros de alto, el americano terminaba
de arreglar el atuendo que habría de llevar a la asignación pertinente: una
camisa blanca de a botones puesta sobre una franela del mismo color, la
superior de mangas largas y la inferior de mangas cortas; como pantalón llevaba
uno de tela negra, planchado e impecable junto a un par de zapatos de cóctel.
Siguiendo en lo mismo, Gordon tan solo tomó el collar de jabot y se lo colocó,
terminando con la enorme gabardina oscura que le llegaba hasta media
pantorrilla, dejando entre ver de vez en cuando sus medias negras en el espacio
existente entre sus zapatos y el dobladillo del pantalón. Y…listo. Dijo con una sonrisa, terminando de armar el conjunto al
ponerse su gorro negro.
Aquella ropa resultó de lo más útil al atravesar el portón del
Arca de Noah dado que más allá el país que pisó fue Escocia, conocido por su
frío y niebla característica. Y si no había leído mal luego pararían en
Noruega, que incluso era más helada. Se había preparado bien…
Y...¿dónde...? Se preguntó avanzando a
través del puerto girando la cabeza de un lugar a otro, detallando lo más
posible que le permitieran los marcos de sus lentes y los bordes incipientes de
su ropa y sombrero. Era sobrellevarlo o morirse del frío…y estaba totalmente
seguro de cual prefería.
Uh,
¿son...esos...?
Murmuró poniendo una mueca un tanto extrañada, ajustándose las gafas para
enfocar de forma correcta a las otras dos personas que parecían compartir el
símbolo de la organización. Avanzando con pasos algo alargados sin separar
demasiado sus piernas por debajo de la gabardina, dándole un efecto de flotar
sobre el aire, Gordon se acercó a la chica de cabello azul y al francés de
cabello largo recogido, escuchando un “Bonjour” seguido de una presentación. Eh, disculpen. Yo soy…eh…Gordon Kite,
en-encantado. Dijo con algo de inseguridad. No era común para él
presentarse así…más con un par de desconocidos quienes a final de cuentas, eran
tan raros como él por el mero hecho de estar en la Orden Oscura.
E incluso allí no pudo sino mostrar una sonrisa que de a momentos,
se tornaba temblorosa pero sin embargo, sincera. Solo restaba ver la respuesta
de los que serían sus compañeros por el resto de la misión.
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Amdis quien había estado buscando a sus compañeros con un sigilo
por la cantidad de personas que había en ese puerto, escucho un quedo pero
claro “Bonjour” seguido del nombre de uno de sus compañeros, se giro para
comprobar que aquel chico de cabello negro sujeto por una coleta corta y ojos
rojos, si efectivamente ese era uno de sus compañeros, trato de no colorarse,
no ponerse nerviosa o incluso no temblar por el nerviosismo de conocer a más
personas que conformaban aquella organización. La sueca dio unos tímidos pasos
hacia atrás preparándose para sacar su diario que era su único medio de
comunicación; pero volvió a suceder, un sorpresivo “Eh, disculpen. Yo
soy…eh…Gordon Kite, en-encantado” la sobresalto haciéndola saltar a esconderse
entre los barriles más cercanas con las miradas confusas de aquellos dos
chicos, el perfil del segundo por aspecto y gafas era sin duda su otro
compañero.
-¿Esta bi-bien señorita?-Pregunto estadounidense quien acaba de
llegar y creyó haber hecho el algo para asustar a la más pequeña del grupo.
-¿Acaso hemos hecho algo para disgustarla madame?-
Amdis se quedo temblando en su sitio mirando a todos lados, pensó
poder estar y convivir con las demás personas pero se le complicaba, tenía
miedo y se le notaba. Pero ambos parecían amables y preocupados por ella, tenía
que hacer un esfuerzo.
-“Lo siento”-se asomo el cuaderno sobre el barril con la mirada
sonrojada de la sueca.
-¿Qué?-murmuro Gordon acomodándose las gafas para tratar de leer la
oración escrita por la pequeña.
-¿Qué lo sientes?-pareció enternecido por la pequeña pero no izo
demasiados comentarios-Vamos tu eres nuestra compañera ¿Amdis Christen?
La pequeña se asomo un poco mas con su cabello azul caer por sus
costados con un tímido asentimiento con la cabeza.
-“Mucho gusto”-dio unos pasitos hacia adelante para que pudieran
leer ambos chicos con una tímida sonrisa asomada sobre el diario.
-Eso está un poco mejor-dijo aun que pareció curioso de que
efectivamente su reporte de la chica estuviera en un acierto tan extraño como
el que ella no hablaba con los demás y solo escribía para comunicarse con las
pocas personas a su alrededor.
Gordon pareció relajarse un poco, quizás no fuera el más tímido de
los tres.
-Les parece si, si abordamos-dijo volviendo a acomodarse las gafas
que insistían en resbalarse por su nariz.
-Las damas primero-dijo el francés refiriéndose a Amdis pero esta
se negó e incluso sin darse cuenta se escondió detrás de Gordon mirando a todas
las personas que ya abordaban el enorme barco que atraco en ese puerto-Iré yo
primero-resoplo sin darle mucha importancia.
Mientras Gordon observaba a la pequeña que iba detrás de ella al
subir al barco, escondiéndose de todo y de todos con sus dos compañeros usados
como escudos para tratar de disfrutar ese viaje en crucero.
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Era mediodía en invierno, en un día muy diferente a lo común de
la temporada. La posición del sol, la carencia de las nubes y el color azulado
del cielo revelaba la particularidad del tiempo, que no era otra más que
tibieza en un día que según lo normal debía ser horrendamente frío.
Las personas cuales hormigas caminaban de un lado a otro del
puerto, llevando mercancía, comida y cualquier cantidad de bienes para
transportar en los navíos que encallados por los muelles, esperaban zarpar. Uno
en particular parecía ser el destino de tres sujetos con enormes abrigos y
actitud extrañamente pasiva para lo que sugería su cargo y ocupación, pero eso
no cambiaba nada…al menos en esencia.
Correteando por detrás del dúo a una distancia indiscutida, un
pequeño gato negro con una mancha en forma de cruz blanca sobre su frente se
movía con una gracia antinatural para un felino, sin perder de vista al equipo
conformado por una pequeña niña de cabello azul, un francés de hebras alargadas
y finalmente, un rechoncho de cuatro ojos. Dando una vuelta, saltando a una
caja y luego descendiendo por pequeños escalones de madera en dirección al
muelle número doce el gato observó como los otros tres se paraban frente al
acceso principal del barco que los llevaría a costas noruegas para así
detenerse y mirar al casco de la nave, detallando sus características y en
apariencia, aprendiendo todo lo que a primera impresión pudiera deducir.
Afilando la mirada tan solo dio un salto, perdiéndose en la
cubierta superior sin dejar rastro tal como un fantasma…tal como si no hubiera
estado allí en primer lugar.
///
Offrol: Bueno, es simple. No hay ningún enemigo cerca y la razón
de éste post es para dejar en claro que los estoy siguiendo y vigilo de cerca
todos y cada uno de sus movimientos. Cualquier cosa que hagan en el barco será
presenciada por Lulubell y exactamente por lo mismo, consideren que están
siendo ‘estudiados’ hasta el último detalle. Para terminar aclaro que no hay
Akumas en las cercanía y hasta mi siguiente post (en caso de ser necesario) no
los habrán así que tengan esto presente, no hagan aparecer enemigos así como
así a menos que diga lo contrario.
Cambio y fuera.
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– Que compañeros más curiosos… – rio ligeramente mientras flotaba
alrededor del grupo, acercándose tanto a los rostros de ambos que Françis
comenzaba a sentirse incómodo y grosero por no saber controlarla, era un alivio
que solo él pudiera verla.
– Veamos… nuestro camarote está por aquí. – dijo haciéndoles una
señal para que le siguieran una vez llegaron al final de la tabla.
Atravesaron la cubierta concurrida, para alivio de la pequeña Amdis
que trataba de ser lo menos visible aunque con ese color de pelo era bastante
difícil, y llegaron al pasillo en el que aparecían las puertas de las
habitaciones enumeradas. Al final se veían escaleras, tanto ascendentes como
descendentes, para el resto de los habitáculos.
– Es aquí… – introdujo la llave, girándose unos segundos hacia sus
compañeros y sorprendiéndose por la ausencia de Lady Áncora. Aun sin abrir la
puerta echó otro vistazo a la redonda en su busca, pero parecía que se había
escapado por su cuenta. – Mmmm… – Notó una ligera expectación en sus
compañeros, por lo que acabó abriendo sin decir nada.
Una amplia sala de estar los recibió, con un sofá de estilo chéster
de cuero marrón y dos sillones a juego rodeando tres lados de una mesita
auxiliar de cristal con patas de madera ornamentada.
A ambos lados del sofá había lámparas de pie de cobre y tela sepia
con una cubierta de encaje que imitaba los dibujos de la alfombra sobre la que
se encontraban todos los muebles en el centro de la amplia estancia.
En la pared derecha, hacia la que miraba el sofá, había empotrado un
armario de puertas de madera barnizada, con un mueble bar al lado derecho,
sobre el que había una radio, y un antiguo espejo de pie al izquierdo. En la
pared frente a la puerta había un ojo de buey rodeado por dos ventanas por las
que entraba la mayor parte de la luz y bajo las que descansaba un diván del
mismo color que el sofá y los sillones.
Para terminar, en la pared izquierda había dos puertas separadas por
un cuadro de marinas y un expositor de nudos marineros.
– Será un viaje agradable… – comentó pasando y mirando mejor la
estancia como sus compañeros, abrió una puerta encontrando una habitación con
una sola cama con cabecera alta y lamparitas clavadas en la pared. – Señorita
Amdis, esta es su habitación.
La chica, más tranquila ahora que estaban guarecidos, se acercó y
asomó. Sonrió escuetamente y escribió un rápido “Gracias” en su pizarra antes
de entrar y dejar su maleta, observando a su alrededor.
– C'est un plaisir. – contestó el moreno y acercándose a la otra
puerta que Gordon ya había abierto para inspeccionar.
Gordon se ajustaba las gafas mientras observaba la habitación, las
camas estaban separadas por una mesita de noche con una lámpara y varios
cajones. Sobre cada cabecero había imágenes similares a la que había entre las
puertas de las habitaciones, un amplio armario empotrado al lado izquierdo de
la habitación y un sofá de tela de dos plazas al derecho, a medio metro de la
cama de dicha mitad.
– ¿Qué sitio prefiere, joven Gordon? – Preguntó antes de dejar la
maleta en ninguna cama.
El estadounidense le miró algo nervioso, a Françis le costaba verle
los ojos a través de esas gruesas gafas para analizar su reacción, aunque su
compañero no pareció sentirse cómodo por el contacto visual, así que volvió la
mirada a la habitación.
– Bueno… – Observó las camas unos segundos. – La de la derecha.
– Toda suya – Dijo antes de dejar la maleta sobre la cama de la
izquierda, mientras Gordon dejaba la propia en la contraria.
Françis aun no sabía muy bien como abordarle, se le veía educado y
formal aunque quizá algo tímido, sería mejor no agobiarle. Abrió su maleta y
entonces, Lady Áncora entró con todo su capacidad de distracción elevada a la
máxima potencia, pues no dejaba de reír de forma suspicaz cual zorro.
La observó unos segundos algo molesto, después miró a Gordon y se
tragó una maldición.
– Saldré un momento. – dijo escuetamente antes de hacer lo dicho.
Pudo oír como el moreno contestaba un “Está bien.”. Lady Áncora le
siguió sin dejar de reír contra su oído, sabiendo cuanto le ponía nervioso.
– ¿Qué te traes entre manos? – Preguntó cuando encontró un rincón
solitario.
– Yo no he hecho nada, mi joven relojero, solo me divertía. – hizo
ondear un poco los bucles que colgaban desde su coronilla.
– ¿Qué puede divertir a un ánima de cientos de años que lo ha visto
todo?
– Buena pregunta. – ronroneó pasándose un dedo por los labios. –
Pero aun no creo que sea conveniente contestar. Pregunta más tarde.
– ¿Cuándo esté muerto, Lady Áncora?
– ¿Cómo puedes insinuar eso, mi querido Françis? – Casi exclamó
teatralmente, totalmente indignada.
– Ça va barder…– Masculló.
La observó unos segundos, intentando adivinar algo en sus ojos sin
iris ni pupila, pero fue imposible, perdía el tiempo, si Lady Áncora sabia algo
y no quería compartirlo no lo haría, solo esperaba que realmente no fuera un
asunto de gravedad.
Sin mucho más que hacer a solas con la inocencia, decidió volver al
camarote.
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C'est un plaisir: "Es un placer".
Ça va barder: Es una frase hecha, se puede traducir como
"Se va a armar"
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Pasando de un mediodía soleado a una tarde completamente nublada y
grisácea, los Exorcistas ya se habían establecido sin ningún percance. Después
de subir a la cubierta y dirigirse al enorme comedor se dispusieron a cenar,
notando sobre sus cabezas un tragaluz que mostraba el estado precario del
clima: no faltaba mucho más para que una tormenta se desatara sobre la
embarcación.
-Buenas tardes caballeros y señorita, ¿qué desean ordenar?-
Preguntó un mesero rompiendo con el extraño silencio que dominaba el salón
sirviendo además, un trío de menús frente a los clérigos.
-Mm.- Abriendo la carta y leyendo las columnas de forma impasible
Françis notó como de nuevo Lady Áncora se manifestaba a su lado, invisible y
risueña.
-Pide las crepas.- Sugirió ella con voz cantarina y algo
maquiavélica, dando una zancada hacia atrás mientras giraba, cambiando de
trayectoria y quedando detrás de Gordon. –Nada de pescado para ti.- Dijo con
una sonrisa repitiendo el proceso para así abrir los brazos y abarcar de forma
fantasmal el cuerpo de Amdis. –Siéntete exótica querida, necesitarás todos los
ánimos que eso pueda darte.-
-…ejem.- Dijo Françis dejando el menú de lado. –Yo pediré algo
simple: pollo con arroz, por favor.-
-Lo mismo.- Concedió Gordon con mala cara dado que apenas notaba
que la mayoría del menú consistía en pescados y mariscos, justamente lo que
nunca comía.
-…- Cabizbaja y sin decir nada, la chica de cabello azul señaló el
plato de langosta asada al final de su columna asignada, ganándose una mirada
curiosa de parte del mesero quien sin más, anotó los tres pedidos en una
libreta y recuperando los menús, salió en dirección a la cocina.
La comida fue, básicamente, una forma de pasar el tiempo sin estar
forzados a hablar.
Luego de ésta, Françis todavía buscaba la forma de socializar con
los otros dos, siendo parado por la reticencia natural del americano y la timidez
de la sueca; Gordon por otro lado parecía más interesado en una pequeña libreta
sobre la que rayaba una y otra vez y Amdis solo…observaba su entorno,
escribiendo varias cosas en su diario.
Y así la tarde se les fue, llegando la noche junto a una lluvia
pesada. Gotas como balas rebotaban en el techo del barco que al haber zarpado,
se mecía lentamente en las olas azuzadas por el torrente que descendía de los
cielos; tras unas pocas horas haciendo nada y encerrados en sus propios
pensamientos, lo único que les quedaba por hacer era irse a la cama.
-Curioso, no me esperaba este resultado.- Murmuró Áncora, con tono
algo más…serio.
-¿A qué te refieres?- Preguntó Françis en voz baja acostado en su
cama y girándose al lado izquierdo de esta, sacando su reloj de bolsillo y
admirando su color plateado, recibiendo de vuelta la mirada del espíritu que
incluso a esa hora no dudaba en interrumpirlo.
-He, ¿ahora sí te interesa? Curioso mi querido Françis, pero no
puedo decirte más de lo necesario ¿recuerdas? Aunque debes suponerlo…-
-Me has despertado Lady Áncora, al menos contesta.- Se quejó el
francés levantando un poco la voz, obteniendo de respuesta un gruñido del otro
lado de la habitación. –Tampoco puedo despertarlo, déjame salir de aquí antes…-
Murmuró en voz baja, empezándose a exasperar por la actitud de la mujer.
Normalmente era molesta, pero no críptica de una forma tan extraña, o al menos
no “extraña” para lo que normalmente resultaba ser su personalidad.
Levantándose y calzando un par de pantuflas mullidas la habitación se tiñó de
blanco al tiempo que un bramido sin igual hacía temblar el barco como un todo.
–Truenos y rayos, un escenario aún mejor para ti, milady.-
-…-
-Aunque fue fuerte; esto no parece natural.- Susurró observando en
dirección a la cama de Gordon quien seguía arropado por completo, impasible y
encarando la pared del camarote. –No pasará nada…-
Abriendo la puerta y preparándose para salir al pasillo otro
trueno acompañado de su relámpago dividió el cielo y delante de él, una figura menuda
lo observaba con ojos asustados.
-Eh, ¿señorita Amdis? ¿Qué ha---espere, mi culpa, no debería
preguntar eso--- Dijo, contestándose a sí mismo dado que era obvio el porqué
estaba allí. Tal vez tuviera más de quince años pero según el expediente su experiencia
en el campo de batalla, o peor aún, en el mundo era nula. Básicamente trataba
con una niña. -¿Se encuentra bien?- Inquirió mientras se inclinaba, dejando su
mirada al mismo nivel que la de ella.
-…- Sacando su marcador y asiendo su pizarra se dispuso a
contestar, viéndose interrumpida por otro relámpago que nuevamente teñía la
estancia en blanco, un hecho que la paralizó instantáneamente.
-Tal como lo pensé.- Se dijo el francés con un resoplido ahogado,
tomando suavemente el hombro de la peliazul para dirigirla al interior de la
habitación. –Tal vez no sea mucho, pero creo que al menos por hoy debería
dormir con nosotros. Aquí, puede usar mi cama.- Ofreció el pelinegro con
amabilidad.
-…- Siguiendo la sugerencia del europeo y movida por el miedo a
tan extraño fenómeno que desde su perspectiva era terrible, Amdis se apresuró a
subirse a la cama mirando con ojos asustados e inquisitivos a su benefactor.
-Espero que no le moleste esperar un poco, voy a asegurarme de
algo.- Dijo Françis arropando a la chiquilla con voz suave, aseguradora. –Si
sigue incómoda y no he llegado hable con Gordon, de seguro que no le molestará
ayudarla. ¿Está cómoda?- Preguntó finalmente, sonriendo con ligereza.
-…- Asintiendo con la cabeza, Amdis se acurrucó en el sitio. Eso
era todo lo que podía hacer en tan rara situación.
-Bien, dime a que te referías.- Exigió Françis, ya en el pasillo
de la cubierta inferior.
-…-
-Lady Áncora…-
-…-
-Sal de ahí, te lo ordeno.- Dijo levantando el reloj y centrando
su voluntad sobre este.
-Oh Françis, eres tan incordial.- Murmuró Áncora apareciendo en la
forma de una niebla aperlada, deslizándose sobre la madera que hacía de piso
sin detenerse, elevándose poco a poco y sin más, ascender por las escaleras que
llevaban hacia el lluvioso exterior.
-Espera, ¿qué tramas?- Preguntó él con tono algo más exasperado,
siguiendo a la habitante de su arma Anti-Akuma con paso firme.
Una vez arriba otro relámpago iluminó la oscuridad de la noche,
revelando al fondo de la popa una figura delgada que caminaba en pos del
barandal en medio de las cortinas de agua que mojaban todo cuanto se posara
bajo su reino. Materializándose detrás de Françis, Áncora le susurró al oído:
-Yo que tú la detendría, a nadie le gustan las señoritas que se
suicidan en el mar ¿Verdad?-
_________________________
La lluvia seguía azotando la cubierta del barco mientras aquella
mujer de blanco camisón caminaba con la mirada perdida como si algo o alguien
le llamara, el francés no espero a que aquel espíritu le indicara mas salió a
trote cuando vio que se subía en la baranda del barco asomándose al alterado y
agitado mar, parecía dispuesta a saltar pero antes de que se precipitara
Françis pudo pescarla al aire de la mano y justo en ese memento…
-¿Qué pasa?-Aquella mujer que hacía unos segundos saltaba sin duda,
abrió los ojos incrédula cuando al fin noto lo húmedo de su camisón, el ruido
de los truenos y pero con aun más miedo al notar como su cuerpo colgaba ligero
con el mar a los pies sostenida por ese curioso joven- ¡Súbeme, Súbeme!-grito
asustada agitándose entre la mano del francés que izo un severo esfuerzo para
subirla ahora más por que se agitaba con miedo, pero evito el gruñido y tiro de
ella con fuerza hasta que ambos estuvieron a salvo bajo la lluvia fría.
Françis tomo aire e intento ser lo más educado posible mas al
sentir como aquella dama le abrazaba con fuerza y miedo al creerse caer en esas
oscuras aguas.
-¿Está usted bien…?-pregunto ya más tranquilo después de la
exaltación de darse cuenta que aquella mujer no entendía lo que había hecho o
como había llegado ahí.
Mientras en la habitación Amdis intentaba cerrar los ojos y dormir,
pero aquella habitación resonaba en ecos crueles de los truenos y se iluminaba
casi escalofriante que por mas que se ocultara en las sabanas aquello no la
tranquilizaba, los truenos no le gustaban, eran inciertos y parecía que tus
miedos pudieran alcanzarte y hacerte llorar.
Cuando la pequeña ya no lo soporto mas dio un salto con el diario
fuertemente tomado entre sus manos y se acerco a su otro compañero que parecía
acurrucado en las sabanas y sorprendentemente dormido, la chica se lo pensó
varias veces pero se atrevió a poner una mano en su costado y agitarlo, pero
retrocedió al escuchar un quejido de su compañero, que la puso apurada ya
pidiendo disculpas con la cabeza pero al poco tiempo averiguo que solo se había
girado en la cama en búsqueda de una nueva posición para dormir.
Amdis vio que no serviría de nada estaba profundamente dormido y no
quería molestarlo realmente, así que poniéndose las sandalias salió del camarote
pegándose a la pared para caminar y ocultarse en una mesa ocasional cuando un
nuevo trueno picaba, hasta que al fin salió a cubierta donde bajo la protección
del techo su compañero estaba sentado con una mujer, la pequeña iba a regresar
al camarote al creerse inoportuna pero su compañero le izo una señal y no tubo
remedio que acercarse.
-Señorita Amdis, debió esperar en el camarote-dijo educadamente-¿Y
Gordon?-pregunto al verla sola y en pijama.
La peli-azul se apresuro y escribió en su diario-Sigue dormido, no
he podido despertarlo-dijo con un leve sonrojo en sus mejillas.
-Ya veo, dijo mientras la señorita a su lado esperaba alguna
palabra de su salvador-Gracias por su información señorita Cristina, le
recomiendo volver a su camarote y cambiarse de ropa-tomo su mano y beso el
dorso de su mano-Que descanse.
Aquella mujer asintió con una pequeña sonrisa de agradecimiento
dejando a los exorcistas solos.
– Te noto preocupado, querido. – dijo entonces la voz de Lady
Áncora flotando contra la espalda del francés.
El aludido le dedicó una mirada furibunda, a pesar de que el
salvamento había sido gracias a ella. Para la inocencia no resultaba difícil
leer aquella mirada de milésimas de segundo, podía transformarla en una frase
completa:
– ¿Cómo sabías que estaba ocurriendo esto Lady Áncora? – preguntó
imitando su voz. – No lo sabía en absoluto, mi joven Francés. – Contestó con su
propio timbre en un monólogo que solo el moreno podía escuchar. – ¿Qué es lo
que sabes? – de nuevo tomó la voz de su dueño, sabiendo que tras la respuesta a
la primera cuestión sabía cual sería la pregunta correcta. – Algo sé… ¿Pero
quien más sabe lo ocurrido en un barco que el capitán de este? – Soltó una risa
fuerte y escalonada que coincidió maravillosamente, y ayudando al dramatismo
que adoraba la inocencia, con un estruendoso trueno.
Amdis se pego a Françis cuando lo escuchó pero este pareció
acurrucarla para que no temiera y el frio no fuera cruel con ella, a la vez que
sus ojos brillaban ligeramente calculando el siguiente paso.
-Quiere acompañarme con el capitán, quisiera que tomara nota-dijo
con una educada sonrisa.
*¿Apuntes? ¿Yo?, pero si me muero de puro miedo Françis* Pensó para
ella acabando de asentir para el francés la verdad era que no podía separarse
por miedo, no quería quedarse sola.
Después de buscar un rato encontraron el camarote del capitán que
se notaba recién despertado por los llamados del francés, los dejo pasar y
tomar asiento.
-¿En qué puedo ayudarlos Jóvenes?-Dijo ya un poco mas despierto con
esa barba blanca por la edad y el cabello arreglado hacia atrás, con esos ojos
negros que miraban a ambos exorcistas.
-¿Queríamos saber si en este barco ocurrió algo trágico?-Dijo
directo y serio casi helando la sangre del capitán y provocando una pequeña
risa de Lady Áncora.
-Por que supone eso-dijo notándole nervioso mientras la sueca
prefería ver su diario y anotar como le había pedido su compañero.
-Por qué aquí pasa algo extraño, una pasajera estuvo al borde del
suicidio y no recuerda ni haberse alzado de la cama-Clavo su rojiza mirada en
la oscura del capitán enseñado la insignia de la congregación al no ver
cooperación.
-Supongo que no ay remedio-resoplo cansado recargándose en la
silla-Se cuenta que en el primer viaje de este barco una terrible masacre pinto
las aguas de rojo, pues bandidos que se habían ocultado en la bodega surgieron
tomando dinero y mujeres a su antojo tomando el control completo del barco y
asesinaron a cuanto se oponían, unos con balas en sus cuerpos, otros con el
acero frio en sus pechos y otros tragados en las olas del traicionero mar-Tomo
un poco de su café-Después cuando él y sus hombres bajaron sus guardias la
marina les izo frente y fueron ejecutados por los crímenes cometidos en sus
vidas y mas por la masacre que ocurrió aquella noche-
Amdis le escuchaba pero escribía la historia sin retraso mirando al
capitán y a su compañero, y gracias a eso se había olvidado de la tormenta.
-Y como el barco volvió a alta mar después de eso-interrogo el
peli-negro.
-Pues cuando fue recuperado se remodelo y así volvió a ser un barco
de turistas y claro la tragedia en este caso se quedo en un secreto para los
pasajeros-Se rasco la barba con otro pequeño gruñido-Se dice que las almas de
los acribillados aun están en el barco y están celosas y con un odio creciente
por morir de tan trágica manera que obligan a todo el que se sube a matarse de
diferentes formas, reviviendo las muerte de esas penosas almas. Es todo en los
que puedo ayudarles.
El francés se guardo sus opiniones mirando el trabajo de Amdis, se
ajusto su coleta y se coloco de pie.
-Gracias, volveremos si necesitamos algún otro dato-dijo únicamente
guardándose los impropios que tenía para tan burda desfachatez de avaricia.
La sueca al salir del camarote tomo la chaqueta del chico y le
tendió un pequeño papel que contenía:
-“¿Qué aremos ahora?”-
-Descansar, al Alba lo discutiremos con Gordon para saber nuestro
próximo movimiento-dijo simplemente escoltándola hasta su camarote donde de
nuevo le ofreció su cama y se quedo dormido en el sofá que ahí mismo estaba,
pensando mientras se quedaba dormido.
_________________________________
La noche siguió cerrada, tan cerrada como suele ser una noche de
tormenta, sin estrellas ni luna, solo nubarrones y fogonazos pálidos por encima
de toda el agua cayente.
Françis estirado a duras penas en el sofá, con los pies rebasando
por encima del reposabrazos, echó un vistazo a la instancia. Gordon seguía
dormido exactamente en la misma posición en la que había conciliado sueño,
Amdis por el contrario estaba abrazada al almohadón de la que era su cama al
principio de la noche. Al principio la jovencita lo había estrujado contra su
cuerpo con tanta fuerza que los nudillos le habían palidecido y toda la tela se
había arrugado casi de forma permanente, al menos ahora estaba dormida,
relajada pero sin soltar a su protector plumoso.
Él en cambio había perdido todo encanto por dejarse llevar a la
oscuridad, se había desvelado por todo lo acontecido y a pesar de los bostezos
que manifestaba no acababa de dormirse. Sabía que si no acallaba a su mente no
podría dormir ni un par de horas, una tarea por descontado ardua.
—Preveo un día duro mañana, deberías dormir mi estimado portador —
susurró la voz de Lady Áncora contra su oído, el francés no se molestó en abrir
los ojos, sabía que estaba reclinada por encima de su rostro y no disfrutó en
absoluto cuando la manifestación acarició su mejilla con un dedo, el contacto
que provocaba era frío, turbador.
— ¿Qué ves en el día de mañana?
—Muchas cosas, ninguna cierta, todas verdad… depende de demasiadas
personas y a la vez de nadie —rió y se paseó por la habitación, atravesó una
pared hasta el salón unos instantes y volvió —. Si no hayas la pregunta que
debes formular, será mejor cuides lo que preguntas joven relojero…
—La ignorancia es dulce, el saber amargo. Sí, ya me lo has dicho
muchas veces —contestó girándose hacia el respaldo del sofá con algo de
frustración.
—Y aun no aprendes la lección ¿Aún quieres que responda a tu gran
pregunta? —la voz de la mujer se deshizo como si la brisa se la llevara, y tan
pronto como apareció volvió al cobijo de la esfera del reloj, mientras una
pregunta del pasado asaltaba la mente del dueño del ticktackeante objeto.
Sólo al amanecer fue capaz de asir la mano de la dama del sueño,
poco antes de que la vida bulliciosa en el barco comenzara, y cuando despertó
fue evidente que pocas horas había descansado.
El murmullo del agua le llegó desde el fondo de la habitación, había
alguien en el baño. Se incorporó hasta quedar sentado, frotándose los ojos
hasta notar una mirada inquisitiva que le hizo alzar la vista aun velada.
Amdis estaba sentada en el borde de la cama de sábanas desordenadas,
apretando la pizarra contra sus muslos y observándole con gesto contraído y
preocupado.
—Lady Hielo se siente culpable —susurró Lady Áncora, madrugadora
cual ave veraniega. Françis la dio su particular “buenos días” con un pequeño
bufido que pareció ir dirigido a la pequeña Amdis.
—Discúlpeme, me despierto con el pie izquierdo —se excusó enseguida,
aquello era más fácil que explicar que veía “fantasmas” — ¿Cómo se encuentra?
¿Ha dormido bien? —preguntó con una sonrisa tranquilizadora.
La joven norteña asintió y alzó la pizarra enseguida, comenzando a
escribir a una velocidad envidiable, por unos momentos el francés pensó que
tendría una mejor vida siendo escribana que exorcista, era un mundo demasiado
duro para alguien como aquella temerosa señorita.
<< Sí, gracias >> comenzaba el escrito <<. Siento
que hayas tenido que dormir en el sofá.
—Tranquila, no ha sido por el sofá, he pernoctado en sitios de
pesadilla sin mayor problema, se lo aseguro —sonrió levantándose y estirándose
—. He estado divagando sobre las nuevas circunstancias del viaje casi toda la
noche y sin darme cuenta se me echó el alba encima —aseguró para acabar con el
sentimiento responsable de su compañera — ¿Dónde se encuentra el joven Gordon?
Retomó la pizarra, borrando lo ya escrito y comenzando con una nueva
respuesta:
<< En el baño >> Recordó el sonido del agua y asintió.
—Tenemos mucho que hablar —finalizó levantándose y atusándose la
coleta —. Pediré que traigan el desayuno aquí.
La peli-azul asintió suavemente, más tranquilizada y con una pequeña
sonrisa. ¿Lady Hielo…? ¿Así la había llamado Lady Áncora? A veces perdía el
hilo de los pensamientos de la inocencia, mejor dicho a menudo era imposible
saber qué pasaba por su maquiavélica conciencia.
Apartó el batiburrillo de pensamientos, cansado de usar la cabeza, y
fue a pedir el desayuno a la habitación. A la vuelta se demoró unos segundos de
más paseando por la cubierta despreocupadamente, acercando el oído a casi todas
las conversaciones. Vio de lejos a la mujer a la que salvó de una muerte entre
el fuerte oleaje, notó algo de rubor en sus mejillas cuando cruzaron miradas y
una sonrisa escondida por el delicado abanico que la joven portaba.
Le recordaba, lo acontecido no se había transformado en una
pesadilla infantil para ella, pero tampoco había escuchado rumores o
chismorreos entre los conversadores que ya ocupaban la terraza de la cubierta.
Al parecer no se había hecho eco, mejor así, esperaba que aquella situación
perdurara.
Al volver al camarote, el carrito del desayuno ya estaba esperando
en el salón y lo acompañaban Gordon y Amdis. La chiquilla enseguida alzó la
vista y sonrió haciendo un gesto hacia la bandeja rebosante de comida, Gordon
se colocó mejor en el asiento y esperó en silencio a que Françis tomara el
suyo.
— ¿Le has contado lo ocurrido al joven Gordon, Amdis? —indagó el
moreno solo cuando se sentó y ya hubieron comenzado con el desayuno. La joven
negó con algo de apuro y una disculpa en forma de mirada gacha, Françis tuvo
que guardarse un suspiro — Veamos… ¿Por donde debería empezar? —se preguntó a
si mismo obteniendo la atención de su silencioso y retraído compañero —Ayer
cerca de media noche, por circunstancias referidas a mi inocencia, fui a la
cubierta a pesar del vendaval. Allí una dama estaba a punto de precipitarse por
la borda y conseguí retenerla en el último momento.
<< No tendría importancia como suceso aislado —siguió
explicando —pero al parecer la mujer había estado sonámbula o, si nos atrevemos
a darle veracidad a las sospechas del capitán, poseída por un ánima sedienta de
venganza —soltó un suspiro apenas creyéndose su propio discurso, aunque visto
de otra forma hacía años el no creía en los akumas —. Según el oficial al mando
de nuestro viaje, este mismo barco fue reconstruido con los deshechos de un
antiguo navío que fue asaltado por piratas hace años. Al parecer murió gran
parte de la tripulación y de los pasajeros.
— ¿El capitán insinúa que los que murieron poseen a las personas
para matarlas? —inquirió el americano alzando un poco las cejas como si todo
aquello fuera una broma.
—Exacto —sentenció Françis —. De hecho, más que insinuarlo, lo
afirma.
La pequeña Amdis asintió y el silencio se hizo en la mesa.
— ¿Tenemos que investigarlo? —Françis miró a Gordon tras verle
entornar los ojos por lo referente al capitán. Había dos cosas claras: que
aquellos sucesos no concernían a su misión y que con cierta probabilidad todo
fuera debido a una materia divina/inocencia/cualquier cosa incalificable que
deberían reportar a la sección científica de la congregación. Ambos aspectos se
contrarrestaban entre sí, uno daba luz roja a la investigación y otro luz
verde.
—Podemos hacerlo o no, prácticamente es nuestra decisión ¿Qué
opinan?
La pequeña peli-azul le dio la vuelta a su pizarra y escribió a toda
velocidad sin tiempo de limpiarse el azúcar glasé de la mejilla, incluso unas
pequeñas motas del dulce aderezo que aun manchaba sus dedos cayó en la
superficie de su instrumento de comunicación.
<< ¿Y si es una inocencia? >> Había escrito.
Gordon hundió los hombros y pasó la mirada de uno a otro esperando
ver como se desenvolvía la situación sin tampoco saber que decidir. Françis,
frente a él, se frotó la frente y suspiró contra el cuello de la blusa.
—Podemos usar mi inocencia para tomar la decisión… —finalizó
pensativo, miró a un lado de reojo, Lady Ancora se cuidaba las uñas sentada en
el diván como si todo lo discutido no fuera con ella —Bien, puesto que de
momento nada nos ocupa en el barco empezaremos a investigar, si se nos escapa
de las manos o llegamos a tierra antes de resolverlo daremos parte a la orden.
—Está bien —dijo Gordon, Amdis asintió con una sonrisa que se
atrevía a mostrar solo en la seguridad del camarote — ¿Por donde… hay que
empezar?
—De momento, a parte de vigilar a los pasajeros y tripulantes todo
lo que podamos, hay que encontrar una pieza del barco que no tenga ningún
elemento nuevo, una plancha metálica sin refundir, un remache, uno de los mástiles
o cualquier cosa que provenga enteramente del antiguo barco sin cambios
posteriores —explicó mirándose las manos —, solo así podré ver qué sucedió
realmente y vislumbrar que ocurre ahora, ergo lo que lo provoca.
______________________________
Aquella noche había sido literalmente, un fastidio. Incluso cuando
su sueño se mantuvo corrido el encontrarse con la chiquilla en la otra cama,
mirándolo con sus ojos inquisitivos, al tiempo que el francés dormitaba en el
sillón cercano, lo molestaba. Ya era suficiente con tener que compartir la
pieza con una persona, pero todos acumulados allí era inaguantable.
El relato sobre fantasmas y tonterías semejantes no mitigaban la
sensación de que estaba metido en un loquero.
“Para esto me hubiera quedado en casa…” Se dijo a sí mismo el
americano, con una mano masajeándose la sien al doblar en una de las esquinas
de la segunda cubierta inferior, uno de los sitios que se antojaban más
desolados en todo el barco. Si después de una noche de lluvia el estado de ese
sitio era como una ducha recién usada, no se imaginaba cuando todo sucediera de
corrido. Levantando la mirada luego de resoplar, se dispuso a cumplir con lo
acordado con los otros dos, a sabiendas de que esa historia de fantasmas era
una tontería inestimable.
Ahí fue que sintió un ligero jalón en una de sus mangas, tras lo
cual se volteó, encarando a Amdis. La chica de cabello azul, cuyos ojos parecía
enfocados únicamente en el mayor para no ver el oscuro pasillo que se extendía
por delante le mostraba su pizarra con un mensaje que rezaba << Vine a
acompañarlo, el sr. Françis quiere ver la tercera cubierta él solo. >>
-¿Solo? ¿Por qué?- Preguntó Gordon, reacomodándose los lentes con
curiosidad repentina, aunque posteriormente captó que la idea era más hacer que
la asustadiza estuviera acompañada a estar por su cuenta…eso, o simplemente le
cobraba el favor de dejarlos por su cuenta la noche anterior.
<< No lo sé. Mejor busquemos. >> Escribió la chica con
timidez.
-Sí, creo que será lo mejor.- Concedió el de los anteojos, mirando
al frente y adelantándose unos cuantos pasos, rozando con la punta de sus dedos
la superficie porosa y húmeda de una puerta atrancada, carente de pomo.
Pensando que la chica lo seguía, el americano se avanzó más y más, llegando a
la mitad del pasillo para voltearse, notando que la muchacha apenas había
avanzado un solo paso, quedándose rezagada y con su rostro marcado por el
miedo. -¿Qué sucede?- Inquirió el pelinegro, ladeando ligeramente la cabeza.
Enarbolando su pizarra, la chica contestó, aunque por la distancia
Gordon no distinguía las palabras.
-No tengas miedo, no hay nada por acá.- Dijo de pronto con una
sonrisa, dando un pisotón justo en medio de uno de los charcos formados después
de la lluvia con un ruido que resonó a lo largo y ancho del pasillo. Ya había
captado lo que sucedía, la chiquilla tenía miedo. Y eso era algo en lo que tenía
bastante experiencia desde hacía unos cuantos años atrás al tener que hacer de
niñera para sus hermanos menores; esperaba que con eso la incitara a continuar,
ya que de quedarse sola en la entrada, el trabajo de todos se vería más
comprometido de lo que ya estaba. -¿Ves? No hay nada que temer.- Justo allí, un
chirrido los sorprendió.
…
-Lady Ancora.- Llamó el francés a su Inocencia, caminando por el
oscuro y goteante pasillo de la tercera cubierta inferior del barco donde
viajaban hacia Noruega, al pendiente de cualquier cosa que pudiera aparecer
para sorprenderlo.
-Preguntas y respuestas, preguntas y respuestas. Deberíamos acabar
con esta diatriba y ponernos a mejor recaudo, mi querido relojero. Los hilos
del destino se mueven, me parece interesante ver que harás en la verbena que se
acerca rápidamente hacia tus amigos.- Respondió la mujer dando saltos con las
puntas de los pies sobre el agua, sin provocar siquiera una sola ondulación
sobre su superficie debido a su estado inmaterial, volteándose y mirando a su
invocador con una sonrisa misteriosa.
-No dije nada Lady. ¿Por qué tanta cooperatividad así de repente?-
Preguntó el europeo afilando su mirada, quedándose quieto y observando de cerca
la figura menuda de la dama fantasmal, cuya expresión de pronto se
tornó…severa.
-Solo digo lo que debes escuchar, si me prestas atención o no, es
vuestra elección caballero.- Colocando sus manos a la espalda, Lady Ancora se
movió hacia atrás con lentitud. –Si has de saber algo, conoce este hecho: la
fuerza bruta no es la respuesta. Las segundas opciones tampoco. El ver la
verdadera personalidad de los demás, eso sí, ahí podrás dar en el clavo y salir
con tu piel sin carbonizar.-
-…- Uniendo sus cejas y manteniendo su postura, Françis dio un
paso adelante. Estaba claro que algo pasaba frente a los ojos de su arma, pero
qué no lo sabía. De pronto oyó un bufido, no muy alto, pero lo suficientemente
“centrado” en su persona y en una intención asesina tan clara que no pudo sino
quedarse estático en el sitio.
-Quise advertírtelo, relojero infausto.- Fue lo último que oyó de
la mujer antes de sentir un fuerte jalón en la base de su cuello y ver como
gotas de sangre manchaban la pared, perdiendo la consciencia al instante.
…
… …
… … …
-… … …agh… … …-
El dolor era insoportable. Sentía como si su cabeza estuviera
sostenida por unos simples hilos a punto de quebrarse por la fuerza aplicada en
ambos extremos, lo que sumado a las horrendas nauseas de las que era presa,
bien prefería quedarse por siempre sumido en ese sueño libre de pesadillas,
imágenes y cualquier otra sensación. ¿Qué había pasado? Lo único que su cerebro
registraba era un dolor inconmensurable y una voz femenina tildada con reproche
y decepción. Fuera de eso, solo el dolor permanecía.
-…- Un susurro le llamó la atención. Era parecido al murmullo de
las alas de un ave, solo que enmudecido al punto que solo su oído atento podía
percibirlo. Más allá una respiración se hizo presente, junto al roce de una
cortina y el movimiento silencioso de algo sobre una superficie indeterminada.
Decidió abrir los ojos.
Luz encandiló su vista. Tras unos pocos segundos de enfocar y
esperar a acostumbrarse a su nuevo ambiente, notó que estaba acostado en una
cama pequeña, arropado hasta la cintura y con una venda cubriendo su cuello; a
su derecha estaba sentado Gordon en un sillón evidentemente arrastrado,
ensimismado en un pedazo de tela que cosía con dos enormes agujas.
-Oh, por fin despierta Françis.- Dijo Gordon por encima de la
tela, mirando la cara del francés con cierto interés.
-¿Qué…sucedió?- Preguntó, sintiendo escozor en su garganta.
-No sabría decirlo con seguridad. Pero…eh, lleva cinco días fuera
de comisión, por así decirlo.-
-Cinco… ¿cinco días? ¿Cómo así?-
-Pues, la srta. Amdis y yo lo encontramos en la tercera cubierta
hace cinco días sangrando y con la cabeza a punto de caérsele. Obvio, algo o
alguien lo dejó ahí tendido. Tuvimos que recurrir al doctor del barco y tomar
turnos para vigilar una vez se estabilizó. No nos hemos ocupado de la investigación,
pensamos que era más prudente quedarnos aquí y llegar a Noruega. Bueno, estamos
a media hora de atracar en el puerto.-
-Ya veo…y-
-Ya le dimos el parte a la Orden con los golems, se encargaran de enviar
otro equipo al barco en dos días. También nos dijeron que nos centráramos en la
misión actual, al parecer tienen una nueva actualización.- Diciendo aquello,
Gordon dejó la tela de lado para así levantar una carpeta amarillenta que
estaba tendida en una mesita cercana, abriéndola y leyendo para que el francés
recibiera la información no tan nueva. –Eh…creo que mejor se lo resumiré, esta
redacción parece que viene de una mujer frustrada.- Murmuró el americano con
desdén no tan disimulado, cerrando y mirando de nueva cuenta al otro.
–Básicamente encontraron muertos a todos los curas y monjas, colgados por el
cuello con alambres y las extremidades atravesadas con estacas ardiendo en las
residencias de la iglesia, aparte de un solo sacerdote que afirma haber
escuchado campanazos a las tres de la mañana.-
-Tsk. ¿Algo más?-
-No, solo eso. Pero si dijeron que tenemos que apresurarnos, la
situación está por salirse de control.-
-Entendido. ¿Dónde está Amdis?-
-Está durmiendo en la sala. Ya hicimos las maletas y apenas ha
descansado, así que tomé el último turno de vigilancia. Apenas nos bajemos
tomaremos un carruaje directo hasta Christiania. Eso les servirá para reponer
sus fuerzas, bueno, más a ti.- Respondió Gordon ladeando la cabeza, evaluando
las facciones del francés con curiosidad.
-Sí…es lo mejor.- Concluyó Françis frotándose la parte trasera del
cuello, donde el escozor se hacía más intenso. De repente sentía un escalofrío
inexplicable recorriéndole la espina dorsal. No se sentía del todo seguro, de
hecho, no se sentía del todo bien. Pero había trabajo que hacer. No le quedaba
más que asentir con la cabeza y pensar. ¿Qué había sido todo aquello?
Resoplando se levantó, dispuesto a arreglarse para descender del barco junto a
sus compañeros. Fuera del contexto, todavía sentía una mirada inefable en su
nuca…
De pronto, la cháchara interminable de Lady Ancora no se antojaba
tan mala.
_________________________
La pequeña Amdis aun seguía dormida en el sofá después de haber
cuidado a su compañero, como Gordón le había explicado estaba exhausta y se le
notaba al grado de verla tan placidamente dormida por lo que aun la dejaron
dormir otro poco antes de llegar al puerto. Y aquello no tardo demasiado pues
después de varios minutos el pitido del silbato anunciando el arribe al puerto.
-Señorita Amdis, despierte-dijo el francés meciendo levemente el
hombro de la peli azul
Los ojos cristalinos de la más pequeña parecían no estar de acuerdo
con el llamado pero aun así los fue abriendo poco a poco hasta encontrar los
ojos rojos de su compañero
-“¿Esta bien joven Horloge?”-escribió tan de pronto que hasta
sorprendió al chico de tez levemente bronceada.
-Si lo estoy, nuestro barco ya ha llegado a su destino-contesto aun
con ese característico tono amable que tenia, aun que aun tenia algún malestar
sobre donde seguro estaba la cicatrización de su herida.
-“Me alegro que este usted bien”-dijo dando saltito del sillón
yendo a tomar sus cosas-“Buen día Joven Kite”-escribió al alcanzar la altura de
su otro compañero
-Buen día- dijo el chico acomodándose las enormes gafas de un leve
empujón de sus dedos para retraerlas.
Después de que los tres ya habían tomado sus cosas la pequeña
volvió a su actitud temerosa pues andaba por detrás de sus compañeros como si
de su sombra se tratase incluso se escondía cuando veía demasiada gente y aun
que parecía que eso seria un retrazo los dos chicos se dieron cuenta que a
pesar de esconderse iba muy rápido haciéndola parecer una estela azul de un
fantasma prófugo solo a vista de ellos que parecían los únicos en poder verla
desplazarse y distinguirla.
Después de andar un rato en esas calles y antes de buscar un
hospedaje decidieron acudir a la catedral, pero para su gran sorpresa, esta no
lucia con colores pasteles calidos o rejas enredadas por plantas cubiertas de
flores, para alegrar a los creyentes.
No aquel edificio era de pintura negra tan escalofriante más por
las nubes que parecían solo rodear aquel alto monasterio parecían romperse en
una tormenta de rayos y una lluvia asida que aria retroceder a cualquiera, las
rejas negras con picos tan alzados y filosos que incluso el creer que solo
rozarlos con tus dedos podrías hacerte un corte que pudiera necesitar una
saturación con aguja e hilo.
-Esto es una iglesia-dijo Gordón un poco bajo, aun no tan
interesado en ese estilo mas gótico que religioso.
-Al parecer-contesto Francis tomándose la nuca para intentar
mitigar el dolor y la sensación de que alguien estuviera ahí aun respirando en
su nuca.
LA pequeña Amdis avanzo sin mayor problema, al parece estaba llena
de curiosidad quizás la menos sorprendida por el aspecto, para ella era todo
aprender y todo conocer lo que nunca creyó posible.
Al entrar la vista no era diferente, los marcos oscuros, las bancas
incluso el altar y los confesionarios eran todos de color negro, tan negro que
casi era imposible distinguir entre una silueta o otra, era como estar cayendo
en un pozo realmente oscuro, uno del cual parecía que jamás saldrías.
-Buenas tardes, les podemos servir de algo-dijo de pronto alguien
que izo que la pequeña se escondiera en automático tras sus compañeros, solo
por esa persona que había roto el silencio.
Era una joven de cabello de color chocolate, con una sonrisa un
tanto desconcertante y la tes tan pálida que era casi imposible creer que
estaba con vida, pero su pecho andante denotaba que no era de otra forma, ella
parecía ser solo una chica mortal más.
-Queríamos una conferencia con el sacerdote-contesto Francis aun
sintiendo un escalofrió como si miles de ojos les miraran en ese momento, no
solo la mirada verde de los ojos de la joven.
-Ah, ya veo pues solo resta media hora para que el atienda
conferencias-dijo bástate simple-si gustan esperarlo, por que después de eso ya
no atenderá a nadie mas.
-Gracias-completo ahora Gordon quien se sentó en una banca dejando
descansar sus hombros sin mayor perjuicio, pues entre mas rápido acabaran con
esa misión, mejor.
-Le diré que venga a atenderles cuando termine sus deberes-se
excuso la joven antes de desaparecer y dejar ahí a los tres sentados en la
primera fila de la iglesia.
La pequeña de cabello azulon, decidió que dibujar un poco la para
pasar el tiempo pues parece que ninguno quería dar pie a nada y quizás seria lo
mejor hasta ver la respuesta de aquel cura.
Pero mientras contemplaba uno de los altares y lo trazaba a lápiz
encontró una vista rojiza que le había mirado tan fijamente, pero no era calida
como la de su compañero esta era siniestra y quizás hasta sangrienta, tiro de
la camisa de ambos y señalo de inmediato para que contemplara esos ojos.
-¿Qué ocurre señorita Amdis?-Adorno Francis mirando en la dirección
que apuntaba al igual que Gordón que se volvía a ajustar los lentos, por si
pudiera ser que no viera por su poca visión, pero ahí no había nada.
La pequeña se sorprendió al ver que la esquina estaba vacía.
-“unos enormes ojos rojos, estaban ahí”- escribió velos incluso
dibujo aquellos ojos, que aun que no tuvieran color al ser el entintado negro
eran imponentes y escalofriantes.
-Ahí ya no ay nada-dijo el francés revolviéndole el fleco para que
se tranquilizara, aun que el no parecía particularmente tranquillo.
*Francis, te digo que vi algo ahí, ¿por que no me crees…? y tampoco
Gordón lo hace, no estoy viendo cosas* Suspiro en su cabeza, donde era el único
lugar en el que se atrevía a llamarlos por su nombre de pila.
La pequeña pareció encorvarse en ella misma mirando ese punto
fijamente, hasta que después volvió a verlos pero esta vez no era un par de
ojos, al contrario eran muchos mas se levanto corriendo tan ágil que no levanto
la atención de sus compañeros iba a golpear la pared para atraer su atención y
los vieran pero entonces el barullo de alguien los sorprendió haciendo que los
ojos se marcharan de inmediato como la pequeña llegaba al altar.
-Buenas tardes hijos míos-dijo pero sus ojos se abrieron de golpe a
ver ese azul tan intenso como el cielo crecer de la larga cabellera de la mas
joven y antes de que esta reaccionara de que la veía, este corrió y la cargo
sin mayor problemas-Que cabello tan exótico-canturrio asustando por supuesto a
Amdis.
Ella se quedo con los ojos abiertos temblando al instante queriendo
alejarse pero ese padre no la soltaba.
-¿Es natural?...o claro eres un ser extraño-dijo mirando las puntas
completamente azules que denotaban que ese cabello era tan natural como los
rayos del sol.
Amdis pareció hundirse un poco por esas palabras y parecía que un
humo blanquecino iba a salir y congelar esas manos pero Francis aun adolorido
fue más rápido.
-Perdone, pero no debe referirse así de una señorita-dijo
arrebatándole a la pequeña quien corrió al instante a escudarse tras Gordón con
una pequeña lagrima en su mejilla.
-Los jóvenes de cabello largo me desagradan, ¿sabe joven de tez
blanca?-dijo sonando como si eso se tratase de una indirecta.
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