Al otro lado del espejo
Capítulo 3 – Día del Padre
-...-Sintiendo un dolor de cabeza como ningún otro, Shizu Tanabe abrió los ojos
. No estaba segura de nada y de hecho, ni siquiera recordaba lo que había pasado. -...agh.- Intentando mover sus brazos se vio imposibilitada, igual caso con las piernas. Agitándose todo lo que pudo, determinó que estaba sentada sobre una silla de espaldar alto, mas no pudo pensar en las demás implicaciones por la punzada que palpitaba en su sien. Entonces lo recordó: Agatha estaba muerta. -No... ¡no!... ¡NO!- Gritó moviéndose más y más y más, sintiendo de nueva cuenta la desesperación que apenas había tenido tiempo de dejar correr al caer inconsciente. ¿Y por qué había caído inconsciente?
-Al fin despertaste.- Dijo una voz rasposa, peligrosa y fría.
-...- Afilando su mirada sin dejar de resoplar airadamente la japonesa de calmó de pronto, no porque se sintiera tranquila sino porque la ira empezaba a dispararse, apoderándose de ella mientras dejaba de lado el temor y el miedo. -Suéltame de aquí desgraciado, suéltame y pelea como hombre.- Acusó la pelinegra, fulminando a la figura con su mirada.
-Esa no es forma de hablarle a tu padre.- Dijo aquel, cortando instantáneamente con el hilo de pensamientos de Shizu. Bajando la capucha se revelaba el rostro de aquel que consideraba muerto.
-No.- Espetó la chica bajando la mirada para luego subirla, cambiando la dirección en que se movían sus ojos, sintiendo como el aire se le escapaba una y otra vez. Su corazón se agitaba, latiendo mil veces más rápido que antes mientras que sus pulmones no podían simplemente procesar el oxígeno. Su mente por otro lado, decía mil y una cosas. Estaba descontrolada. -No no no. Nononononono.- Murmuraba, hiperventilando, sin notar que un hilillo de saliva se le escapaba por un lado de la boca. -Nononononononononononono...- Intentando escapar de nuevo haló y haló, rasgando la piel de sus muñecas y tobillos, negando una y otra vez con su cabeza.
-Imbécil.- La cortó el otro, acercándose para darle un manotón en la cara, lo suficientemente fuerte como para sentirlo por sobre el dolor de cabeza.
-Hotel en Dagny-
-Señorita Roze, señorita Roze.- Decía Hackett, agitando el hombro de la mexicana quien tirada en el suelo del baño se encontraba desmayada. El único signo de algo fuera de lugar era el rastro de sangre que conectaba la cabeza de la rubia con la pared. -¿Se encuentra bien?- Preguntó con preocupación estoica, ocupándose de mirar de un lado al otro en un gesto obvio de preocupación y cuidado. Estaba alerta.
-¿...Hackett-san...?- Murmuró la chica abriendo los ojos, llevando una mano a su cabeza. -¿Qu-qué sucedió?- Preguntó intentando levantarse.
-Esperaba que usted me contestara eso.- Inquirió a su vez Engels, tragando saliva. -Creo que hay un enemigo en el hotel.- Dijo finalmente. -La señorita Tanabe ha desaparecido. Ivory ha... ella ha...-
-¿Qué? ¿Qué le pasó a Agatha-chan?- Sintiendo una presión en su pecho, Bianca esperó una respuesta.
-¿?-
-No eres mi padre.- Dijo Shizu bajando la cabeza, con un hilo de sangre bajando por su boca y nariz.
-Ambos sabemos que eso no es verdad.- Comentó el otro parado frente a la pelinegra, tomándola por el mentón para obligarla a mirarlo. -Dime ¿quién te cargó cuando eras una pequeñita? ¿quién te enseñó los principios de la arquería? ¿quién te ayudó a fabricar tu primer arco?- Preguntó con voz suave, aquella que solo un padre podía ser capaz de reproducir.
-...- Intentando que las lágrimas no se le escaparan de las mejillas, Shizu se mantuvo firme, el tiempo suficiente como para sentir como si su vientre se quemara. -¡Aghhhhhhhhhh!- Gritó cerrando los ojos ya sin poder evitar llorar, con algo cual ácido revolviéndole los intestinos, el estómago y más allá, las costillas y el esófago. -... ha... ha... ¿qu-qué... qué es esto?...- Inquirió la japonesa con debilidad, apenas capaz de pronunciar palabra.
-Es mi amor de padre.- Respondió el otro arrodillándose frente a ella, mirándola con una sonrisa leve. -Quiero que rechazes la Inocencia y te vuelvas una buena chica.- Dijo el otro. -Si no, tendré que matarte.- Completó, sin perder aquel gesto.
-...que.- Fue lo único que pudo decir la chica. Entonces lo notó: en la frente del hombre frente a ella había una serie de estigmas, la prueba irrefutable de que era un miembro de la familia de Noah. -Un... Noah... eso lo explica todo...- Susurró cambiando la dirección en que miraba. No sabía que hacer, decir o pensar. Realmente, ni siquiera quería existir.
-Entonces ¿qué respondes? ¿Serás una buena chica y renunciarás a la apócrifa Inocencia?-
-...-
-Siempre tan sagaz. Pero, tengo algo que te hará cambiar de opinión.- Murmuró el hombre a cuya voz le siguió un murmullo pegostoso, de algo que Shizu no pudo determinar al no estar viéndolo directamente.
-...- Moviendo ligeramente la cabeza y viendo por el rabillo del ojo, vio algo que simplemente la hizo querer arrancarse los ojos. Sintiendo una arcada en su ya deshecho estómago vio como la lengua de su padre mutaba, con forúnculos estallando para liberar pus, convirtiéndose en ojos que giraron todos al tiempo, fulminándola de lleno. -...puaj.- Sintiendo como su barriga se revolvía, dejó que una arcada la dominara, vomitando algo de ácido. Sin embargo dentro de ella no quedaba nada, ni comida, ni sentimientos... ni esperanza.
-Corrupción, ese es mi papel en la Familia.- Comentó su progenitor, haciendo aparecer más ojos en aquel gusano maloliente que en otras hubo sido su lengua. -Puedo hacer sufrir a mis enemigos de esta forma...- Murmuró, dejando que los ojos de su apéndice faustiano brillaran en un tono púrpura enfermizo.
-Dagny-
-Tenemos que buscar a Tanabe.- Dijo Hackett caminando rápidamente por las calles oscuras de aquel pueblo Holandes que al parecer, estaba muy ocupado en sus cosas como para preocuparse de oir gritos, peleas y oler la esencia de la muerte.
-Hackett-san, espera, no me dijiste que pasó con Agatha-chan.- Siguiéndolo Bianca se movía al mismo ritmo, llevando a Hatsu y Hetsu en su espalda. -¿Por qué salimos del h... agh...- Llevando una mano a su estómago Bianca se encorvó. -Agh...aaaaaargh...- Cerrando los ojos con dolor tuvo que detenerse.
-¿Roze?- Frunciendo el entrecejo por el límite de lo extraño que empezaba a elevarse más y más, el castaño se acercó a la rubia, tomándola por los hombros. -Hey Roze ¿estás bien? ¿qué sucede?- Preguntó él, tragando saliva.
-Me duele... arrrrrrrrrrrgh.- Juntando los dientes y esbozando una expresión de dolor sin igual Bianca perdió el equilibrio, quedando a merced de Hackett.- Siento... como si mi estómago... estuviera siendo quemado...una y otra... y otra vez... arrrrrrghhhhhhhhhhhhhh.-
-Tsk.-
-¿?-
-Y también puedo limpiar tu corrupción de Inocencia, que es lo que trato de hacer ahora mismo.- Dijo el padre de Shizu ladeando la cabeza con un gesto factual. -No quiero repetir el mismo error que con Miku.-
-¿E...rror?-
-Tuve que limpiarla de este mundo.- Explicó él encogiéndose de hombros. -Primero estalló su cuervo, luego su cabeza.- Murmuró tirando algo al suelo que Shizu reconoció al instante: la espada de Miku, desprovista de las decoraciones de cuervo que la hacían ascender a su segundo nivel de poder. -Lástima. Pero tu eres la hermana mayor, más sabia e inteligente. Sabrás reconocer lo que te conviene.-
-Dagny-
-Ya...ya se detuvo.- Dijo Bianca, recobrándose con dificultad.
-¿Segura?- Inquirió Hackett, mirando de un lado para otro. Seguía sin creer que nadie se asomara siquiera a la ventana para auxiliarlos al escuchar a una muchacha gritando con tal fuerza.
-Sí...- Respondió Bianca, cerrando los ojos momentáneamente, recuperando un buen ritmo de respiración. -S-sigamos, tenemos que encontrar a las chicas.-
-Sí, eso hay que hacer.- Dijo Hackett, resoplando.
-¿Tenemos alguna... alguna pista?- Inquirió Bianca agitando la cabeza, intentando quitarse todos los malos sentimientos de encima.
-Ninguna.- Respondió Hackett reiniciando la marcha. -Incluso Thierry desapareció. Los encargados del hotel no me contestaron nada y más ahora, nadie dijo nada al oirla gritar. Algo está pasando aquí.- Volteándose para mirar a Bianca, le indicó con los dedos que mirara a todos lados. -Estamos atrapados en territorio enemigo.-
Torciendo la expresión a una de angustia, la rubia tan solo asintió.
...
-Nada.- Dijo Hackett tras una hora de caminata. Las luces del pueblo se habían apagado en pleno y lo único que les impedía quedarse hundidos en la negrura eran los faroles de los postes a lo largo de la calle principal, donde todos los callejones y vías alternas colindaban. Ni siquiera habían visto un gato y ya se les habían acabado las ideas. No sabían que hacer.
-...- Sentada en un banco con la cara oculta en sus rodillas, Bianca permenció en silencio. Si Hackett no tenía ideas, ella menos aún.
-Vamos, piensa Hackett, puedes hacerlo...- Murmuró él, resoplando. Entonces oyó algo que se revolvía y dando una zancada hacia atrás, evitó que un proyectil lo impactara. Sacando su paraguas y activándolo instantáneamente giró su jabalina, viendo la figura de un Akuma parecido a un pájaro esquelético flotando al otro lado de la calle. -Tsk.-
-¡Nooooooooooooo!- Ocultando aún más su rostro entre sus manos Bianca se retiró, chocando su espalda contra el poste más cercano. Girando para ver que ocurría Hackett finalmente supo la razón del grito de su compañera: aquel “proyectil” era un cadáver, más específicamente, el cuerpo mutilado de Thierry.
-¿?-
-No lo haré.- Contestó Shizu finalmente, con la cabeza gacha y una expresión muerta en su rostro.
-¿Qué?-
-No renunciaré.-
-Pero... ¿por qué?-
-...-
-¿No es la Inocencia la que te forzó a pelear, a sufrir y a saber que tu hermana está muerta?-
-Ese fuiste tú.- Respondió Shizu. -¡TÚ MATASTE A MIKU!-
-Vaya vaya, creo que no tienes remedio.-
-Dagny, entrada de la cueva-
-...- Haciendo estallar al Akuma tras lanzar un relámpago con su jabalina todavía en ristre, tanto Hackett como Bianca llegaban a la entrada de una abertura en la roca de la colina cercana, aquella que Thierry les describiera al arribar a la estación del tren.
-...¿aquí?- Preguntó Bianca, intentando mantener un tono compuesto.
-Sí. El Akuma casi no peleó, tan solo... nos condujo hasta acá.- Respondió Hackett tragando saliva. -Tanabe debe estar aquí. Vamos.- Dijo él, entrando a la cueva. Seguido por Bianca la oscuridad los consumió enteramente.
-Cueva-
-Agh.- Tirada en el suelo todavía atada a la silla, Shizu movía sus ojos buscando la forma de escapar. No estaba bien, no se sentía para nada capaz de ello, pero no continuaría allí más tiempo. Había gente que la necesitaba. Esa era su única salida, la única forma de que se mantenía cuerda – la única soga que la mantenía unida a la sanidad antes de caer al abismo. Tenía que ayudar a lo Exorcistas que aún permanecían con vida.
-Ni siquiera lo intentes cariño.- Le dijo su padre levantando la silla, recolocándola en la posición en que debía estar para así fulminarla con su mirada. -Puedo matar a esos dos sin problema alguno. Si tu amiga pelirroja no presentó problema, siendo que la tomé en el baño y la empalé ¿qué podría hacer esa niña estúpida y tu lindo noviecito? Nada, nada te digo.- Comentó el hombre levantándose de nuevo, golpeando a Shizu con los dedos de su mano derecha.
-Suena a que tienes miedo.- Refutó ella cerrando los ojos, intentando mantenerse lo más calmada posible.
-Para nada. De hecho, te lo mostraré en primera fila: ya están aquí.- Dijo aquel, sonriendo macabramente. -Renunciarás a la Inocencia y para ello, me aseguraré de que pierdas todo en este mundo. Lo único que supongo, te mantiene en pie, es la perspectiva de ayudar a esos dos inútiles. Si los elimino, dudo que tu cerebro y alma puedan soportarlo.- Comentó con una sonrisa. -Además me gusta matar Exorcistas.-
-Túneles-
-Hackett-san... no me gusta este lugar.- Dijo Bianca, oyendo como su voz reverberaba a lo largo y ancho del túnel que ahora recorrían. -Siento como si...un monstruo nos tuviera en su boca.-
-Cálmese, Bianca.- Le dijo Hackett con tono calmo, aunque sin negar lo propuesto: él también lo sentía. Era como si lo movieran cual pieza de ajedrez en un juego macabro. -Apenas encontremos a Tanabe saldremos de aquí.- Murmuró, viendo una muesca en el suelo.
-Cueva-
-Agh...- Sintiendo como su estómago convulsionaba, Shizu ahogó un grito.
-No te sientas mal, ya todo pasará.- Le dijo el hombre acercándose, dando un paso y desapareciendo justo cuando un rayo chocaba en el suelo exactamente donde antes estuviera.
-Tanabe ¿estás bien?- Preguntó Hackett, encarando al Noah.
-No.- Respondió Shizu.
-Te sacaremos de aquí, tranquila Shizu-chan.- Dijo Bianca enarbolando su katana fusionada, empezando a cortar poco a poco las cuerdas que mantenían a la japonesa atada.
-No puedo creer que de verdad crean eso.- Los interrumpió el japonés con sorna, tirando al otro lado de la gruta a Bianca y Shizu a través de una fuerza indeterminada, quienes chocaron y cayeron, viéndose atrapadas por algo largo y sumamente fuerte: un Akuma gusano que las mantuvo fijas en posiciones adecuadas para ver a los dos participantes aún en pie. -Presumo que vieron las muescas en la roca ¿verdad? Gracias por seguir la pista, aunque si pensé que sería demasiado difícil para sus mentes inferiores; me han sorprendido, eso se los concedo.-
-Cuidado Engels, es un Noah y pued...agh... agggggghhhhhh...- Tras un chasquido de dedos el estómago de Shizu volvía a estallar en fuego, un fenómeno que se repitió en Bianca.
-Nada de arruinar la historia hijita, tan solo disfruta el espectáculo.- Dijo el japonés negando con la cabeza.
-Noah.- Murmuró Hackett, preparando su jabalina.
-Sí, uno de los que pueden hacer esto.- Murmuró desapareciendo del lugar, materializándose a un lado de Hackett para tomarlo por la cara y tirarlo directo al suelo con un solo movimiento bien medido, doblando sus brazos y mantenerlo fijo allí.
-Engels... aghhh...-
-¿Qué es... esto?- Preguntó Bianca, llorando.
-Aguanta...- Le dijo Shizu. -Confiemos en que... Engels lo... derrotará...-
-No lo creo cariño.- Dijo el Noah negando con la cabeza, pateando a Hackett al extremo opuesto de la cueva. -Retomando, si no estoy mal enterado, eres aquel que anda haciendo cosas con mi hija. Sabes, es duro pensar que los hijos crecen... más pensar en eso de que eventualmente, tendrán necesidades.- Murmuró encogiéndose de hombros. -Lo siento, pero no te apruebo. Voy a tener que matarte.-
-Apenas conocí a su “hija”.- Respondió Hackett al levantarse.
-No lo creo, estoy seguro de lo que digo.- Lo cortó el otro, embistiendo de nuevo.
Y antes de conectar, sin embargo, un relámpago se interpuso: la jabalina de Engels, que había quedado tirada flotaba en el aire, brillando y cambiando a su forma de nivel tres – una guadaña con cadena.
-Insisto.- Murmuró el castaño girando el filo del arma, preparado para pelear.
-Si gustas.- Respondió el Noah encogiéndose de hombros.
-Tsk...- Tirada en el suelo, Shizu apenas si oía los comentarios, sin embargo no dejó pasar aquello de “su novio” que en sí mismo, no la molestaba. “¿En qué estás pensando Shizu? Este no es el momento.” Se dijo, peleando contra la fuerza del Akuma que aún la mantenía presa. -Bianca... ¿puedes...cortar esta...cosa?- Preguntó en voz baja la japonesa, sintiendo un escozor mayor así como una presión que empezaba a impedir que le llegara el aire.
-Eso...intento.- Respondió la rubia entre quejidos de dolor.
-Bien...- Dijo Shizu, apretando los dientes.
-Ha.- Activando la habilidad especial de su arma en nivel tres la cadena de Hackett se extendió por toda la cueva, enterrándose en la roca y saliendo como serpientes para atrapar al Noah quien tan solo puso una cara aburrida, algo extraño para tratarse de un adulto con arrugas y facciones orientales. -Te tengo.-
-¿En serio? Lo dudo, al menos en eso de que me atraparás el tiempo suficiente para que salgan.- Dijo él, ladeando la cabeza. -Vi lo que hicieron contra el Esclavo en el campo de girasoles, conozco las debilidades de esta arma.- Comentó abriendo la boca, haciendo aparecer aquella lengua mutante de ojos espantosos que brillando liberaron una sustancia en cuatro ángulos distintos, cada chorro golpeando los eslabones más cercanos al suelo y el techo. Humeando el metal terminó disolviéndose, permitiéndole al Noah hacer fuerza y liberarse con facilidad casi absoluta. -Tal vez no estés consciente de eso, pero los eslabones de cien en cien de tu cadena son los más débiles. Si apuntas bien y sabes algo de como funcionan las poleas... pues, digamos que, estás muerto.- Le dijo desapareciendo para así materializarse delante de él. -O en este caso, muy herido.- Terminó, clavando su mano en el estómago de Hackett.
-Agh...- Escupiendo sangre y quedándose estático, el castaño aguantó las ganas de vomitar. Sin embargo, una sonrisa se dibujó en su rostro. -...mala idea, anciano.- Dijo el alemán dejando que la guadaña todavía asida a su mano brillara. En ese instante las cadenas cortadas salieron disparadas en su dirección, uniéndose a la hoja en menos de lo que tomaba parpadear, cercando al enemigo en un circuito de ángulos rectos. -Danza del...-
-Uh oh.- Murmuró el Noah, abriendo de par en par los ojos.
-...Relámpago.- Exclamó el castaño dando una zancada hacia atrás. Allí un relámpago cayó, recorriendo todos los eslabones al instante para electrificar al japonés, creando una explosión que formó un nubarrón de polvo negro.
-Hatsu, Hetsu.- Dijo Bianca, dejando que su katana brillara: con un solo roce el cuerpo del Akuma gusano terminó picado en ínfimos pedazos. A su vez, los lazos negros y blancos levantaron a las dos chicas del suelo.
-Salgamos de aquí... agh.- Saliendo de la nube de humo Hackett se acercó, sujetándose el estómago con la mano derecha.
-Hackett-san, está herido.- Murmuró Bianca, preocupada.
-No importa, aprovechemos para...-
-¿Escapar? No lo creo.- Los interrumpió el Noah chasqueando los dedos, apartando todo el humo. -Buen intento, pero repito lo de los eslabones. Solo tuve que cortar uno para evitar recibir todo el impacto ¿ves?- Indicó levantando la diestra, mostrando un sonrojo en el dedo pulgar.
-Demonios...- Doblándose por el dolor, Engels se dejó llevar. Estaba malherido y ver que ni siquiera había podido ganar algo de tiempo empezaba a mermarlo.
-Sí, eres un novio inútil.-
-Déjelos en paz.- Dijo Bianca, colocándose al frente. -Ustedes... huyan, yo me enfrentaré a él.-
-No, yo ayudaré.- La cortó Shizu, avanzando.
-¿Con qué?- Preguntó su padre, levantando una muñequera. -No tienes nada con que pelear, hija.- Rio, tirando al piso la pieza de metal para así pisarla.
-¿En qué momen...-
-Te secuestré ¿recuerdas? Vaya, no pensé haber criado una hija tan estúpida. Oh bueno, da igual.- Murmuró, dando un paso al frente. -Los voy a matar aquí y ahora.-
-¡Huyan! ¡Llévate a Hackett-san!- Exclamó Bianca saltando al frente.
-Detesto como abusas de los sufijos japoneses sin ser autóctona del país.- Comentó el Noah con el ceño fruncido, evadiendo la estocada vertical con facilidad, posicionándose al lado de la rubia para empalarla con su mano. -Me enfermas muñequita.- Terminó, dándole un cabezaso en la frente y tirarla a un lado.
-¡Bianca!-
-No grites Shizu, shh.- Dijo su padre, apareciendo tras suyo, sujetándole la cabeza suavemente con ambas manos. -Te ves más bonita callada, como tu madre.-
-¡Cállate!- Lo rechazó la pelinegra, volteándose para intentar darle una cachetada. Atrapando su mano antes de conectar, el Noah no parecía impresionado.
-Eres débil.- Le dijo halándola para luego tirarla al otro lado de la cueva.
-Agh...ah...ah.- Golpeando salvajemente contra la pared terminó rodando, quedando apenas con fuerzas como para mantener sus ojos abiertos. -Ah...ah...ah...-
-Lástima, creo que no podré salvarte.- Se lamentó, empezando a caminar hacia su hija. -Te daré una muerte rápida.-
-Hablas mucho.- Dijo una voz. -Desapa-desaparece.- Susurró Hackett sujetando con ambas manos la hoja filosa de su guadaña que volvía a brillar, materializando las cadenas que de nuevo, atrapaban al Noah.
-¿No aprendes nada, verdad yerno?- Preguntó el afectado sacando su lengua.
-Te tengo.- Dijo Bianca de pronto, haciendo que sus pesados lazos negros se amarraran alrededor de la cabeza del Noah y actuaran como una mordaza inexpugnable, lo suficientemente fuerte como para ejercer una presión que empezó a aplastarle el cráneo.
-Te ves mejor callado.- Espetó Engels activando nuevamente su ataque.
-Me niego a creer que eres el padre de Shizu-chan.- Murmuró Bianca, simulando a Hackett.
Finalmente un rayo cayó por segunda vez, así como un estallido de energía blanco y negro se dejó lugar, estremeciendo la cueva por completo mientras otra nube de polvo cubría todo.
“...lo...lograron...” Pensó Shizu débilmente, cerrando los ojos. “...” Moviendo una mano observó una figura acercándose. Tras definirse en medio del polvo vio como Hackett se posaba a su lado, ayudándola a levantarse con una lentitud pasmosa. -Gracias...- Agradeció con voz quebrada.
-No hay de... que.- Respondió Engels con tono parecido.
-Bianca... ¿Bianca?- Preguntó la chica, mirando a todos lados.
-Estoy aquí.- Indicó la aludida moviendo un brazo en medio del polvo. Su rostro, aun plagado por las lágrimas, expresaba alivio así como cansancio y algo de terror.
-Vayámonos entonces...- Concluyó la japonesa.
-No tienes que decirlo, Tanabe.- Murmuró Hackett, iniciando la marcha en dirección a la salida.
-Tenemos que comer algo...al salir de aquí, del pueblo.- Dijo Bianca al unírseles, caminando con una cojera evidente.
-Sí....creo que sí.- Respondió Shizu.
-Gracias, Hackett-san, me salvaste ahí detrás.- Agradeció la rubia con una sonrisa.
-No hay de que.- Repitió el aludido sin dejar de caminar, parando un mero instante, presa del dolor en su estómago. -Agh...-
-Hackett-san...- Acercándose al castaño, Bianca bajó la cabeza y en ese ángulo, el alemán pudo ver algo que lo aterró: tras la mexicana, la figura del Noah se dejó ver.
-¡Roze!- Exclamó, ya muy tarde. Observando como el japonés tomaba la cabeza de la rubia con ambas manos escuchó el crujido de su cuello al partirse en dos; con sus ojos abiertos en un gesto de preocupación eterno, el brillo de su alma se había perdido y su cuerpo ya inerte, golpeó el suelo.
-Les dije que los mataría.- Comentó el Noah con ira, tomando a Hackett por el cuello para tirarlo al suelo. A su vez, Shizu trastabilló al no poder permanecer en pie, chocando contra el cadáver de Bianca.
“No... no... no...” Pensó la japonesa, completamente aterrada.
-Aggh.- Clavando su mano en el pecho del alemán, el japonés lo miró con su ceño fruncido.
-Tu morirás dolorosamente, como pago por las quemaduras que me provocaste junto a esa zorra rubia.- Le dijo, retorciendo la muñeca para desgarrar sus órganos, pateándolo y dejarlo con los brazos en T sobre el suelo, mirando boca arriba.
-Aghhh...agh...-
-Mira esto hija.- Dijo el Noah, levantando a su vástago y obligarla a mirar los dos cuerpos frente a ella. -Esto pasa cuando no rechazas a la Inocencia. Una amiga muerta y uno en proceso.- Le murmuró al oido, tomándole la cabeza con ambas manos.
“No no no no no no no no no”
-Tana...be...- Susurró Hackett, vomitando sangre.
“No...”
-...- Bianca, ya muerta, la miraba con su ojo vacuo.
“¡¡¡NO!!!”
-Despídete.- Concluyó su padre, rompiéndole el cuello.
Todo se había vuelto oscuridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario