Al
otro lado del espejo
Capítulo
1 – La mañana de la partida
Filtrándose por el cristal de la ventana un rayo de
luz iluminó una habitación permeada en oscuridad, cayendo justo en
la cara descubierta de una chica con cabello negro y ropa cómoda.
Fastidiada por la intrusión inesperada se removió, apartando la
cabeza en un vano intento de no despertarse... viéndose frustrada
por varios golpes que venían de la puerta de acceso.
-Exorcista Shizu Tanabe, se le ha asignado una nueva
misión esta mañana. Las órdenes son: presentarse en el atrio del
departamento científico a las diez horas.- Dijo una voz algo
chillona e insegura, leyendo lo que parecía ser un discurso
genérico.
-Entendido...- Respondió la aludida con voz grave.
No quería levantarse, o hacer nada en realidad. Apenas
se despertó sentía un gancho en el estómago y la sensación no
había desaparecido. Volteándose decidió ir al comedor, sabiendo
que no la dejarían en paz hasta que se presentara en el portal del
Arca.
-....¿saliendo?- Preguntó una voz del otro lado de la
cama, proferida por un hombre con cabello castaño brillante.
-Sí. Misión nueva hoy.-
-Oh. Entonces nos veremos en una semana, o algo así...
¿no?-
-Correcto.- Respondió ella ya más activa. Sentada en
el borde de la cama apartaba las cosas del suelo, pensando en las
imposibilidades de tener todo tan desordenado. ¿En qué momento
había dejado que su habitación se volviera un chiquero?
-Besito de despedida, anda.- Le dijo su compañero,
volteándose y mirándola con ojos semejantes a los de un cachorro
ansioso.
-...- Sin contestar a la petición, la aludida se
levantó completamente mientras abotonaba su chaqueta, algo incómoda.
Ya recordaba la razón del desorden: aquel con el cual compartía su
vida no era el maestro en dejar las cosas en un solo lugar y con cada
recordatorio de que ordenara parecía volverse más y más tonto.
“No solo él. Tú también, vamos.” Se dijo Shizu
sonrojándose ligeramente, sin dejar de sentir aquel tirón en su
estómago que pareció empeorar al considerar su situación por
segunda vez en lo que iba de día.
-Sigh. Como sea, ¿al menos sabes a dónde vas esta
vez?- Inquirió el otro con tono un tanto más serio que antes, dando
la vuelta para quedar con el mentón sobre ambas manos.
-No, creo que me darán la información ya cuando esté
en el departamento.-
-Recuerda darme una llamadita de cuando en cuando.-
Comentó el castaño con una sonrisa pícara, cambiando totalmente lo
implícito en su voz. -A veces creo que no me quieres tanto como yo a
ti.-
-No digas tonterías.- Respondió Tanabe sonrojándose
más de la cuenta. -Bien, nos vemos y... sí, te llamaré cuando esté
allá.-
-¿Por el Golem?-
-Ajam.- Encaminándose a la salida se detuvo,
suspirando para devolverse y corresponderle al otro con un beso en la
mejilla tras lo cual desapareció del cuarto sin mirar atrás.
-Encantadora como siempre.- Tarareó con una sonrisa,
dándose la vuelta en la cama para echarse a dormir nuevamente.
/Comedor/
Dando grandes zancadas mientras evitaba Buscadores,
científicos y Exorcistas de grandes proporciones la chica de
ascendencia japonesa finalmente se plantaba en la ventanilla donde
cada día libre pedía su ración de comida especialmente preparada,
peinándose unos cuantos mechones salvajes olvidados por su cepillo
ahora enterrado en lo más profundo de su bolsillo.
-¡Hooola Shizu! ¿Lo mismo de siempre?- Preguntó
Jerry el cocinero, con su flamboyante ser desplegado a todo dar.
-Por favor.- Respondió ella con apuro. -Y si
pudieras...-
-Lo más rápido que pueda entonces cariño, no te
preocupes.- Respondió él con un guiño de sus pestañas desmedidas.
-Gracias.-
-¡Hermana!- Exclamó una tercera voz de pronto, justo
en el momento que un cuerpo se abalanzaba sobre Shizu, quien con
habilidad lo evitó antes de quedar atrapada por un par de brazos
ágiles y rápidos como ningunos.
-Miku, te he dicho que no hagas eso.- Se quejó la
pelinegra con indignación fingida.
-¡No puedo evitarlo! Siempre me provoca aplastarte con
abrazos.- Espetó la otra a su vez, torciendo la expresión. -Por
cierto ¿dónde está Agu?-
-Se quedó durmiendo. Hoy me asignaron una misión y
tuve que salir temprano; solo me quedan diez minutos para estar en el
departamento científico. Jerr...-
-Aquí está tu orden querida.- La cortó el aludido
con una risilla, azuzándola para que se moviera. -Apresúrate o
llegarás tarde, no me hagas quedar mal.-
-De nuevo, gracias.- Agradeció la chica con extrema
sinceridad. Tomando la bandeja salió disparada a la mesa más
próxima, donde una muchacha de cabello grisáceo apenas se
levantaba.
-Provecho chica.- Le dijo ella dándole una palmadita
en el hombro.
-...gracias.- Respondió Shizu con extrañeza.
-Cierto cierto, ¡provecho hermana!- Dijo Miku con
educación fingida, aplaudiendo una sola vez.
-Sí sí, gracias.- Separando ambos palillos para comer
sus tallarines, Tanabe apartó las distracciones de su mente, sin
poder evitar el suspirar una última vez.
-¿Pasa algo?-
-No... no, creo que no. Es solo que...-
-¿Qué... que?-
-...sigh.- Suspirando nuevamente, la pelinegra sonrió
de manera un tanto forzada. -Nada. Creo que solo estoy ansiosa.-
-¿Ansiosa?- Ladeando la cabeza Miku Tanabe parecía
confundida.- No me digas que tú y Agu estuvieron haciendo...
“cosas”. Ohh, hermana pervertida.- Empujando a Shizu la chica
escondió su rostro entre las manos.
-¿¡Ah!? ¿¡Qué-qué estás diciendo!?- Exclamó la
primera, perdiendo el hilo de todo lo anterior. -Bah. Olvídalo.
Siempre es lo mismo contigo Miku, no puedo decir nada sin que lo
malinterpretes.-
-Perdoooon. Pero... es que me gustan ustedes dos
juntos, eso es todo.-
-...deja de bromear.- Murmuró Shizu, volviendo a su
plato.
-No es broma, se ven lindos. Digo, no es que se sienta
repetido por el color de pelo. Tu negro combina bien con su castaño.-
-Deja de decir tonterías como esas...-
-Además, él está bronceado y el contraste con tu
palidez también es linda.-
-En serio, déjalo...- Murmuró la mayor bajando la
cabeza, empezando a sonrojarse de nuevo.
-Prométeme que nunca se separarán.- Avanzando un poco
Miku entrelazó sus manos con las de Shizu, dejando que sus ojos se
perfilaran en los de su interlocutora.
-Hey, hey Miku, no puedo prometer nada así.- Respondió
Shizu con voz entrecortada, deteniendo su comida.
-Promételo.-
-No puedo.-
-Por mi.-
-No, Miku.- Cortó Shizu tajantemente con expresión
seria.
-...está bien.- Apartando la mirada, la chica de
cabello claro frunció el entrecejo. -Deberías marcharte ya, pasaron
los diez minutos.-
-Rayos.- Maldiciendo entre dientes la chica finalmente
se levantó con el bol entre manos. -Ya hablaremos de esto Miku,
disculpa.- Iniciando la marcha nuevamente se detuvo. -En serio,
disculpa.-
-No importa...- Respondió Miku en un susurro,
únicamente para si misma. Bajando la mirada hizo un ademán de
caricia en el aire y donde antes no había nada, un enorme cuervo
negro se materializó. -No importa hermana, siempre tendremos tiempo
para nosotras solas.-
/Departamento científico/
-Disculpen la demora, estaba desayunando.- Se disculpó
Shizu entrando a las carreras al punto de reunión, manteniendo el
bol agarrado con los dientes.
-No pasa nada Shizu, apenas nos estábamos
presentando.- Dijo Komui con un gesto afable. -Bien chicos, esta es
Shizu Tanabe, Exorcista experta del tipo equipamiento. Shizu,
colócate al final de la fila, gracias.-
“Experta ¿eh? Van a pensar que soy una jodida
presuntuosa.” Se dijo la japonesa con un suspiro acallado al tiempo
que obedecía, mirando de reojo a los demás participantes de la
misión: un chico con cabello algo largo, una rubia y al fondo una
vieja amiga.
-Shizu, ya conoces a Agatha Ivory.- Continuó el
científico mientras la aludida saludaba a la recién llegada.
-Exorcista experta tipo cristal.- Pasando de página mantuvo el paso
informativo como si nada. -Y estos dos nuevos reclutas, bueno, nuevos
para este cuartel, son Hackett Engels y Bianca Roze, tipo
equipamiento cada uno.-
-¡Hola!- Interrumpiendo, la llamada Bianca saludó a
todos. -¡Un gusto conocerlos y espero que seamos grandes amigos!-
-...- Manteniendo la línea, Hackett tan solo la miró
un segundo sin demasiada emoción, volviendo a su expresión anterior
como si nada hubiera pasado. -Buenos días.- Fue lo único que dijo,
con alta monotonía.
“Una rubia tonta y un amargado, brillante.”
-Su asignación actual es en Holanda, donde campos de
girasoles han crecido más allá de lo natural.- Sintiendo el gancho
afirmar su agarre sobre el estómago, Shizu torció la expresión.
Había sobre aquello que no le gustaba ni un poco. -Además, de las
flores han crecido bocas que amenazan a la población del lugar
aledaño. Hasta el momento nos han reportado tres víctimas, una
fatal.- Acomodándose los lentes, Komui continuó. -Otra cosa, el
Arca no puede llegar directamente hasta allá por razones
desconocidas. Lo que harán será tomar un tren que los dejará en la
estación y allí un Buscador les dará las actualizaciones
pertinentes ¿entendieron?-
-Sí.- Dijo Bianca.
-Positivo.- Respondieron Agatha y Shizu.
-Entendido.- Finalizó Hackett.
-Perfecto, entonces vayan en marcha. Ya en seís horas
deberían de llegar allá.-
Rompiendo la línea, los Exorcistas asintieron. Ahí
comenzaba la misión.
/Estación/
-¿Qué tal está todo?- Preguntó Agatha luego de que
andaran por un callejón en el Arca de Noah, salieran y subieran por
la plataforma de una estación abandonada de tren donde un equipo de
la Orden los había colado. Entrando en un vagón privado de uso
exclusivo ambas chicas apartaron un único compartimiento, trancando
sus maletas en las rejillas que rechinaban sobre sus cabezas.
-Bien, creo.- Respondió Shizu sentándose en el
acolchado rojo del compartimiento. -Bueno, la verdad no tanto.
Discutí con Miku antes de venir aquí.-
-Ah si, eso lo noté.-
-¿Cómo dices?-
-Tienes tu rostro de “estoy peleada con todos y me
hago la seria”.- Contestó Agatha con sus índices apuntando a sus
ojos, intentando mantener un aire no tan serio como creía que se
pondría si mantenía el tono de su interlocutora.
-Prefiero eso a parecer una bufona.- Replicó Shizu con
el ceño fruncido.
-No tienes porque estar tan amargada.- Le dijo Ivory.
-No estoy amargada.-
-¿En serio?-
-Sí. Digo, ¿por qué todos piensan que siempre estoy
amargada? ¿Pretenden que esté todo el día con una ridícula
sonrisa, abrazando y mandándole besitos a cualquier cosa que
respire?-
-¿Siempre tienes que decir eso o qué?- Inquirió
Agatha con una ceja levantada, cruzando ambos brazos. -Además, de
verdad que sonreir un poco no te haría mal. Siempre andas como si se
fuera a acabar el mundo y apuesto a que tu novio lo apreciaría un
poco más.-
-Espera, ¿qué dijiste?-
-Lo que escuchaste.- Encogiéndose de hombros, la
pelirroja cruzó las piernas, relajando la expresión a una más
gatuna. -En serio amiga, tienes que sonreir un poco más. No por
alguien más, claro, sino por ti. Terminarás arrugándote.-
-Y me lo dices a mi.- Suspiró Shizu, ladeando la
cabeza.
En ese momento varios golpecitos se oyeron en la puerta
del compartimiento y a través del cristal, el rostro de la otra
Exorcista, aquella llamada Bianca Roze, se dejó ver con sus enormes
ojos azules reluciendo bajo mechones rubios platinados.
-¿Si?- Preguntó Agatha abriendo la puerta,
manteniendo su sonrisa gatuna.
-Disculpen, pero... ¿podría quedarme aquí con
ustedes? No me gusta estar sola y el señor Engels es algo callado
para mi.- Preguntó con incomodidad, llevando encima un enorme bolso
y en manos un par de katanas enfundadas en negro y blanco.
-Adelante.- Dijo Shizu de inmediato, clavando su mentón
sobre una mano mientras se apeaba a la ventana.
-¡Gracias!- Agradeció Bianca con la cabeza. Entrando
apresuradamente tropezó con Agatha, haciendo que un cascabel que
antes no estaba allí sonara.
-¿Eh?- Mirando hacia la puerta atraída por el
cascabel, Shizu observó la manera en que la chica nueva resbalaba,
cayendo directamente sobre su persona y la hacía clavarse sobre la
ventana, recibiendo además el peso de Agatha quien había sido
arrastrada por el equipaje de la rubia.
-¡Aaaaaay!- Se quejó la pelirroja.
-¡Perdón!-
-¿Podrían por favor quitarse de encima?- Pidió Shizu
con tono controlado, sintiendo como el brazalete de su mano se
enterraba sobre su mejilla derecha.
-¡Disculpen! ¡Ya me quito!- Se excusó la nueva,
intentando levantarse en vano.
...
Luego de unos cuantos minutos y ya arregladas las tres
en los asientos del compartimiento, la rubia mantuvo su cabeza baja
frente a Agatha y Shizu.
-Soy Bianca Roze...-
“Dinos algo nuevo, tonta.”
-...y estos dos son mis compañeros. Hatsu y Hetsu.-
Dijo con ánimo, mostrando las espadas enfundadas. -Estamos
encantados de trabajar con ustedes, Agatha y Shizu-san.-
“Sufijos... ¿japoneses?”
-Oye Bianca, ¿de dónde eres?- Preguntó Agatha con
curiosidad, adelantándose a la pregunta que apenas se formaba en la
mente de Shizu.
-Mexicana.- Respondió la aludida con una sonrisa
sincera, abrazando de nuevo sus armas. -Hatsu y Hetsu son de Japón,
herencia de mi familia. Desde pequeña aprendí a usarlas y ellas a
conocerme a mi. Hemos sido inseparables desde entonces.-
-¿De verdad? ¡Interesante! De hecho, Shizu es algo
parecido. Solo que en lugar de aprender a usar espadas su arte es la
arquería.-
-¿¡En serio!?- Inquirió Bianca, clavando sus orbes
celestes sobre la pelinegra.
-Aja.- Sonrojándose por quien sabía que ocasión en
lo que iba de día, Tanabe acomodó su posición para mostrar su
brazalete en correspondencia a Bianca. -Esta es mi arma, aunque en
modo pasivo. No... le tengo nombre. Creo que nunca había pensado en
algo así.-
-¿Y eso por qué?- Preguntó Roze con una sinceridad
pasmosa, que hizo sonrojar aún más a la japonesa.
-Es que... es que en la arquería el arco es tan solo
una extensión de uno mismo. Es uno de los principios básicos.-
-Amo cuando te pones técnica.- Dijo Agatha por lo bajo
con una sonrisa pícara.
-Oye.-
-Jajaja.- Se rió Bianca con timidez, retirándose un
poco.
-Agatha...-
-Es cierto, te ves linda así.-
-Agatha... ...-
-¿Y usted Agatha-san?-
-Trátame de “tú” con toda confianza Bianca, no
hay problema.-
-Está bien, Agatha-chan.-
-Mejor así.- Respondió la aludida, limpiándose una
lagrimilla de risa con el índice derecho. -Pues soy tipo cristal, la
Inocencia está en mi sangre. El truco es que la materializo cuando
es el momento de pelear; su nombre es Kisa.-
-Ooh.-
-Se podría decir que yo soy Kisa y Kisa a su vez es
Agatha, algo así... aunque un poco confuso.- Prosiguió, denotando
el hecho con tono factual.
-Como te gusta decir eso.- Murmuró Shizu cruzándose
de brazos.
-Entiendo.- Dijo Bianca abrazando aún más fuerte a
sus katanas. -¿Ustedes entienden?- Preguntó sin mirar a las chicas
sino más bien, observando sus armas quien en respuesta movieron sus
cascabeles. -¡Que bien!-
-Como sea, tengo hambre. No terminé de desayunar antes
de llegar al departamento de Komui.- Dijo Shizu, levantándose del
asiento. -¿Quieren algo? Voy al vagón-comedor.-
-¡Chocolate para mi!- Respondió Bianca levantando un
brazo mientras quedaba precariamente al borde de su asiento.
-Solo leche, por favor.- Agregó Agatha.
-Entendido.- Haciendo el ademán de salir del
compartimiento se detuvo, sintiendo nuevamente el gancho sobre su
estómago. -Ugh.-
-¿Hatsu? ¿Hetsu?- Cambiando de expresión Bianca miró
el mango de sus espadas. Moviendo sus ojos de lado a lado, siguiendo
el trance de los cascabeles, terminó por tragar saliva. -Están
aquí.-
...
-¿Apenas empezamos la misión y ya aparecen Akumas?-
Se quejó Shizu saltando al techo del tren que aún en movimiento se
dirigía hacia una nube de monstruos esféricos con sendos cañones
apostados en lo alto de sus lomos grisáceos.
-Tómalo como calentamiento.- Dijo Agatha apareciendo a
su lado, estirando ambos brazos con naturalidad. -Dudo que una misión
que reúna cuatro Exorcistas avanzados tenga algo tan de bajo calibre
como estos niveles uno más adelante.-
-Buen punto.-
-Sin embargo, no debemos confiarnos.- Completó la
pelirroja con más seriedad. -¿Estás lista?-
-Por supuesto.- Asintió la japonesa dejando brillar su
brazalete que instantáneamente mutó en tamaño y constitución.
-Inocencia... actívate.- Murmuró cambiando de estancia, apuntando a
las criaturas con un arco salido de la nada.
-Tienes que decirlo con más emoción.- Dijo Agatha
adelantándose.- ¡Inocencia, actívate!- Levantando su diestra un
guante de color rojo sangre se materializó, al igual que varias
placas metálicas que recubrieron partes puntuales del cuerpo de la
chica. La más llamativa, en aquel caso, resultó ser una cola que
terminaba en punta roma. -Kisa modo escarlata, lista para la
batalla.- Con un solo paso desapareció y a la distancia, una onda se
dejó notar entre los monstruos quienes se dispersaron en terror, con
una sombra yendo de uno a otro, haciéndolos explotar como si fueran
moscas chocando contra el fuego.
-Tsk.- Entrecerrando sus ojos, Shizu apuntó y disparó,
logrando que aún entre el viento en contra y la distancia, la flecha
se encajara en uno de los monstruos. Gritando y removiendo sus
cañones, la criatura siguió el ejemplo de sus congéneres,
explotando y confundiendo a los demás.
-Listo, ya le avisé a los encargados del tren para que
aseguren a los demás pasajeros.- Dijo Bianca subiendo al techo.
-¿Dónde está Agatha-chan?-
-Allá.- Dijo Shizu disparando una segunda flecha que
encajó justo a los pies de Agatha, quien la pisó para provocar un
estallido aún mayor del Akuma afectado.
-Las ayudaré.- Dijo a su vez la rubia, levantando sus
armas.
“Corto alcance, claro.” Pensó la japonesa,
disparando una tercera flecha.
-Hatsu, Hetsu, ¡actívense!- Brillando en tonos duales
las espadas rompieron sus fundas, girando en el aire mientras su
portadora las tomaba sin mirar, denotando familiaridad con aquella
acción. -Ayúdenme un poco aquí, necesitamos llegar. ¿Están
listos?- Con un solo choque de los cascabeles, la chica se puso en
posición: una espada en horizontal por delante mientras la otra en
diagonal protegía su espalda.
“Nueve. Diez. Once.” Contó la japonesa poco a
poco, clavando una y otra flecha mientras el número de enemigos se
reducía gradualmente, dejando a unos cuantos por detrás a los
cuales Agatha se dirigió entre saltos especialmente medidos.
-¡Ahí vamos!- Exclamó Bianca girando una sola vez
sobre su eje, usando el torque del tren para aumentar la fuerza
ejercida y enviar una onda de poder que llegó al objetivo mucho
antes que Agatha, resultando en una bola de energía que envolvió al
primero de los Akumas en chispas y relámpagos blancos, provocando un
efecto de implosión que además vinculó a los demás monstruos,
atrayéndolos para así lograr un estallido sumamente contrastante a
lo anterior.
-Oh.- Cruzando sus brazos, Agatha pasó entre la nube
de escombros, disparándose hacia el vacío.
-¡Agatha!- Gritó Shizu, dando un paso mientras bajaba
el arco.
-Tienen mayores problemas, Exorcistas.- Dijo una voz
rasposa. A sus espaldas un Akuma diferente, de mayor nivel y
semejante a una gárgola huesuda, cayó pesadamente sobre el vagón
contiguo. -Ustedes son mías.-
-Error, tú eres mio.- Dijo otra voz más, cortando el
intercambio: tras el Akuma, justo en el borde del vagón, se paraba
Hackett Engels empuñando un paraguas cerrado. -Ayuden a la señorita
Ivory, me encargaré de este monstruo.-
-Yo voy.- Murmuró Bianca sin esperar a que Shizu
respondiera, dando zancadas hacia delante.
-Te encargarás de mi ¿verdad? Cuanta arrogancia para
un niño que usa un paraguas.- Espetó el Akuma dando un paso en
dirección al aludido quien tan solo se quedó quieto con su “arma”
en ristre.
“No es precisamente mentira.” Pensó Shizu,
preparando el arco. -Quedaré aquí como apoyo.- Expresó ella,
apuntando a la gárgola.
-Como guste.- Fue la única respuesta de Engels,
dejando que el viento moviera su cabello.
-No hablen como si yo no estuviera aquí.- Se quejó el
Akuma, lanzándose contra Hackett con las garras preparadas.
-...- Levantando el paraguas, el muchacho evadía la
primera estocada con habilidad, igualmente la segunda, girando para
asir su arma e interponerla, bloqueando la punta e impidiéndole
acercarse a su rostro.
“Perfecto, solo a la defensiva.” Con un ojo sobre
la cabeza del monstruo, mantuvo la flecha, moviendo su mano un solo
milímetro en una acción que no pasó desapercibida para Hackett,
cuya expresión mutó ínfimamente.
-Esto es aburrido.- Dijo el Akuma abriendo sus fauces
al tiempo que sus ojos relucían, preparando un nuevo ataque.
-...- Entrecerrando sus orbes, Hackett se movió a la
derecha, evitando la llamarada que vino un segundo después.
-Tsk.- Soltando el agarre de su flecha, Shizu liberó
el proyectil que inmediatamente rasgó el aire, clavándose sobre el
cuello de la gárgola quien sin embargo, pareció no notarlo.
-¡Gah!- Repitiendo la acción anterior otra bocanada
de fuego salió del cuerpo del monstruo, dirección a Shizu.
Echándose hacia atrás trastabilló, olvidando estabilizarse por la
superficie en movimiento del techo del tren.
-Demo...- Antes de caer, sin embargo, la mano de
Hackett la atrapó.
-Por favor, remítase a servir de apoyo. Ya ha hecho
más que suficiente.- Dijo Engels con calma para dejarla sobre sus
pies, girando una sola vez su paraguas.
-¿Qué quieres de...- Viendo su réplica interrumpida
por otra llamarada preparó el arco nuevamente, frunciendo el
entrecejo.
-Adelante chico paraguas, ven por mi.- Dijo el Akuma,
desencajando su mandíbula una sola vez, acumulando energía para el
siguiente disparo.
-Inocencia...- Girando una segunda y tercera vez su
arma, una luz verdosa eléctrica se dejó sentir. Siguiendo un
destello poderoso, la figura del paraguas desapareció en un
relámpago para así mostrar una jabalina con una punta prolongada
que por segunda vez liberaba una onda de poder considerable. Tomando
la lanza por su derecha Hackett preparó su postura, listo para
avanzar. -...actívate.-
-¡Guuuaaah!- Liberando el ataque cargado, una inmensa
bola de fuego avanzó contra Engels quien tan solo usó todo su peso
y su estancia inicial para girar y con el momento logrado golpear la
masa ignífuga, enviándola lejos, donde estalló como dinamita.
Instantáneamente varios meteoritos más le siguieron, compartiendo
el mismo resultado gracias a la danza particular de Hackett quien
avanzaba más y más.
-Primera estocada.- Susurró el muchacho desapareciendo
de la vista del Akuma, materializándose debajo de su cabeza para así
empalar su cabeza con la punta de su jabalina.
-Ugh.- Escupiendo una legua lastimera de fuego, la
gárgola quedó paralizada.
-Segundo movimiento, reacción en cadena.- Continuó el
alemán en un movimiento rápido, sacando la lanza del cuello del
monstruo mientras giraba y la clavaba en su costado. -Tercer golpe,
final.- Entonces la jabalina brilló, liberando otro relámpago verde
que de inmediato recorrió todo su cuerpo, filtrándose por la vía
creada gracias a la flecha de Shizu aún enterrada en la parte
trasera de su cuello. -Hemos terminado.- Declaró justo en el
instante en que la corriente eléctrica se magnificaba, haciendo
estallar la saeta y por consiguiente la cabeza de la gárgola. Poco
después el pecho y la parte baja del cadáver también explotaron,
concluyendo el trabajo.
“...entonces se refería a la flecha.” Se dijo
Shizu bajando el arco.
-Oh, llegué tarde.- Dijo Agatha de repente,
apareciendo al lado de Bianca. -Ya todo acabó, menos mal.-
-Gracias a él.- Respondió Shizu en referencia a
Hackett. -¿Cómo es qué...?-
-Bianca tiene unas espadas muy útiles.- Respondió
Agatha con una sonrisa. -Hatsu y Hetsu son asombrosos, bueno, ellos y
sus lazos.-
-¿...lazos?-
-Estamos felices de poder ayudar.- Dijo Bianca,
sonriendo con alegría.
-Deberíamos celebrar nuestra victoria.- Sugirió
Agatha, posando una mano sobre su estómago. -Ahora sí tengo hambre,
creo que tomaré algo más que esa botella de leche.-
-Debo declinar.- Dijo Hackett de pronto, ofreciéndoles
una ligerísima y respetuosa inclinación de cabeza. -Si me disculpan
señoritas, regreso a mis labores.- Concluyó antes de bajar a la
entrada de conexión de vagones, desapareciendo de la escena sin
mucho más que explicar.
-Jeje, chico solitario, supongo.- Murmuró Agatha con
ambas manos posadas sobre su cintura.
-Yo tomaré chocolate. Y pastel.- La interrumpió
Bianca.
-Me parece bien. ¿Shizu?-
-...- Todavía viendo el sitio por el cual Hackett
había desaparecido, la pelirroja pudo ver como las mejillas de la
japonesa se sonrojaban muy, muy ligeramente.
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