domingo, 2 de junio de 2013

Al otro lado del espejo (1/4)

Al otro lado del espejo

Capítulo 1 – La mañana de la partida

Filtrándose por el cristal de la ventana un rayo de luz iluminó una habitación permeada en oscuridad, cayendo justo en la cara descubierta de una chica con cabello negro y ropa cómoda.
Fastidiada por la intrusión inesperada se removió, apartando la cabeza en un vano intento de no despertarse... viéndose frustrada por varios golpes que venían de la puerta de acceso.

-Exorcista Shizu Tanabe, se le ha asignado una nueva misión esta mañana. Las órdenes son: presentarse en el atrio del departamento científico a las diez horas.- Dijo una voz algo chillona e insegura, leyendo lo que parecía ser un discurso genérico.
-Entendido...- Respondió la aludida con voz grave.

No quería levantarse, o hacer nada en realidad. Apenas se despertó sentía un gancho en el estómago y la sensación no había desaparecido. Volteándose decidió ir al comedor, sabiendo que no la dejarían en paz hasta que se presentara en el portal del Arca.

-....¿saliendo?- Preguntó una voz del otro lado de la cama, proferida por un hombre con cabello castaño brillante.
-Sí. Misión nueva hoy.-
-Oh. Entonces nos veremos en una semana, o algo así... ¿no?-
-Correcto.- Respondió ella ya más activa. Sentada en el borde de la cama apartaba las cosas del suelo, pensando en las imposibilidades de tener todo tan desordenado. ¿En qué momento había dejado que su habitación se volviera un chiquero?
-Besito de despedida, anda.- Le dijo su compañero, volteándose y mirándola con ojos semejantes a los de un cachorro ansioso.
-...- Sin contestar a la petición, la aludida se levantó completamente mientras abotonaba su chaqueta, algo incómoda. Ya recordaba la razón del desorden: aquel con el cual compartía su vida no era el maestro en dejar las cosas en un solo lugar y con cada recordatorio de que ordenara parecía volverse más y más tonto.
“No solo él. Tú también, vamos.” Se dijo Shizu sonrojándose ligeramente, sin dejar de sentir aquel tirón en su estómago que pareció empeorar al considerar su situación por segunda vez en lo que iba de día.
-Sigh. Como sea, ¿al menos sabes a dónde vas esta vez?- Inquirió el otro con tono un tanto más serio que antes, dando la vuelta para quedar con el mentón sobre ambas manos.
-No, creo que me darán la información ya cuando esté en el departamento.-
-Recuerda darme una llamadita de cuando en cuando.- Comentó el castaño con una sonrisa pícara, cambiando totalmente lo implícito en su voz. -A veces creo que no me quieres tanto como yo a ti.-
-No digas tonterías.- Respondió Tanabe sonrojándose más de la cuenta. -Bien, nos vemos y... sí, te llamaré cuando esté allá.-
-¿Por el Golem?-
-Ajam.- Encaminándose a la salida se detuvo, suspirando para devolverse y corresponderle al otro con un beso en la mejilla tras lo cual desapareció del cuarto sin mirar atrás.
-Encantadora como siempre.- Tarareó con una sonrisa, dándose la vuelta en la cama para echarse a dormir nuevamente.

/Comedor/

Dando grandes zancadas mientras evitaba Buscadores, científicos y Exorcistas de grandes proporciones la chica de ascendencia japonesa finalmente se plantaba en la ventanilla donde cada día libre pedía su ración de comida especialmente preparada, peinándose unos cuantos mechones salvajes olvidados por su cepillo ahora enterrado en lo más profundo de su bolsillo.

-¡Hooola Shizu! ¿Lo mismo de siempre?- Preguntó Jerry el cocinero, con su flamboyante ser desplegado a todo dar.
-Por favor.- Respondió ella con apuro. -Y si pudieras...-
-Lo más rápido que pueda entonces cariño, no te preocupes.- Respondió él con un guiño de sus pestañas desmedidas.
-Gracias.-
-¡Hermana!- Exclamó una tercera voz de pronto, justo en el momento que un cuerpo se abalanzaba sobre Shizu, quien con habilidad lo evitó antes de quedar atrapada por un par de brazos ágiles y rápidos como ningunos.
-Miku, te he dicho que no hagas eso.- Se quejó la pelinegra con indignación fingida.
-¡No puedo evitarlo! Siempre me provoca aplastarte con abrazos.- Espetó la otra a su vez, torciendo la expresión. -Por cierto ¿dónde está Agu?-
-Se quedó durmiendo. Hoy me asignaron una misión y tuve que salir temprano; solo me quedan diez minutos para estar en el departamento científico. Jerr...-
-Aquí está tu orden querida.- La cortó el aludido con una risilla, azuzándola para que se moviera. -Apresúrate o llegarás tarde, no me hagas quedar mal.-
-De nuevo, gracias.- Agradeció la chica con extrema sinceridad. Tomando la bandeja salió disparada a la mesa más próxima, donde una muchacha de cabello grisáceo apenas se levantaba.
-Provecho chica.- Le dijo ella dándole una palmadita en el hombro.
-...gracias.- Respondió Shizu con extrañeza.
-Cierto cierto, ¡provecho hermana!- Dijo Miku con educación fingida, aplaudiendo una sola vez.
-Sí sí, gracias.- Separando ambos palillos para comer sus tallarines, Tanabe apartó las distracciones de su mente, sin poder evitar el suspirar una última vez.
-¿Pasa algo?-
-No... no, creo que no. Es solo que...-
-¿Qué... que?-
-...sigh.- Suspirando nuevamente, la pelinegra sonrió de manera un tanto forzada. -Nada. Creo que solo estoy ansiosa.-
-¿Ansiosa?- Ladeando la cabeza Miku Tanabe parecía confundida.- No me digas que tú y Agu estuvieron haciendo... “cosas”. Ohh, hermana pervertida.- Empujando a Shizu la chica escondió su rostro entre las manos.
-¿¡Ah!? ¿¡Qué-qué estás diciendo!?- Exclamó la primera, perdiendo el hilo de todo lo anterior. -Bah. Olvídalo. Siempre es lo mismo contigo Miku, no puedo decir nada sin que lo malinterpretes.-
-Perdoooon. Pero... es que me gustan ustedes dos juntos, eso es todo.-
-...deja de bromear.- Murmuró Shizu, volviendo a su plato.
-No es broma, se ven lindos. Digo, no es que se sienta repetido por el color de pelo. Tu negro combina bien con su castaño.-
-Deja de decir tonterías como esas...-
-Además, él está bronceado y el contraste con tu palidez también es linda.-
-En serio, déjalo...- Murmuró la mayor bajando la cabeza, empezando a sonrojarse de nuevo.
-Prométeme que nunca se separarán.- Avanzando un poco Miku entrelazó sus manos con las de Shizu, dejando que sus ojos se perfilaran en los de su interlocutora.
-Hey, hey Miku, no puedo prometer nada así.- Respondió Shizu con voz entrecortada, deteniendo su comida.
-Promételo.-
-No puedo.-
-Por mi.-
-No, Miku.- Cortó Shizu tajantemente con expresión seria.
-...está bien.- Apartando la mirada, la chica de cabello claro frunció el entrecejo. -Deberías marcharte ya, pasaron los diez minutos.-
-Rayos.- Maldiciendo entre dientes la chica finalmente se levantó con el bol entre manos. -Ya hablaremos de esto Miku, disculpa.- Iniciando la marcha nuevamente se detuvo. -En serio, disculpa.-
-No importa...- Respondió Miku en un susurro, únicamente para si misma. Bajando la mirada hizo un ademán de caricia en el aire y donde antes no había nada, un enorme cuervo negro se materializó. -No importa hermana, siempre tendremos tiempo para nosotras solas.-

/Departamento científico/

-Disculpen la demora, estaba desayunando.- Se disculpó Shizu entrando a las carreras al punto de reunión, manteniendo el bol agarrado con los dientes.
-No pasa nada Shizu, apenas nos estábamos presentando.- Dijo Komui con un gesto afable. -Bien chicos, esta es Shizu Tanabe, Exorcista experta del tipo equipamiento. Shizu, colócate al final de la fila, gracias.-
“Experta ¿eh? Van a pensar que soy una jodida presuntuosa.” Se dijo la japonesa con un suspiro acallado al tiempo que obedecía, mirando de reojo a los demás participantes de la misión: un chico con cabello algo largo, una rubia y al fondo una vieja amiga.
-Shizu, ya conoces a Agatha Ivory.- Continuó el científico mientras la aludida saludaba a la recién llegada. -Exorcista experta tipo cristal.- Pasando de página mantuvo el paso informativo como si nada. -Y estos dos nuevos reclutas, bueno, nuevos para este cuartel, son Hackett Engels y Bianca Roze, tipo equipamiento cada uno.-
-¡Hola!- Interrumpiendo, la llamada Bianca saludó a todos. -¡Un gusto conocerlos y espero que seamos grandes amigos!-
-...- Manteniendo la línea, Hackett tan solo la miró un segundo sin demasiada emoción, volviendo a su expresión anterior como si nada hubiera pasado. -Buenos días.- Fue lo único que dijo, con alta monotonía.
“Una rubia tonta y un amargado, brillante.”
-Su asignación actual es en Holanda, donde campos de girasoles han crecido más allá de lo natural.- Sintiendo el gancho afirmar su agarre sobre el estómago, Shizu torció la expresión. Había sobre aquello que no le gustaba ni un poco. -Además, de las flores han crecido bocas que amenazan a la población del lugar aledaño. Hasta el momento nos han reportado tres víctimas, una fatal.- Acomodándose los lentes, Komui continuó. -Otra cosa, el Arca no puede llegar directamente hasta allá por razones desconocidas. Lo que harán será tomar un tren que los dejará en la estación y allí un Buscador les dará las actualizaciones pertinentes ¿entendieron?-
-Sí.- Dijo Bianca.
-Positivo.- Respondieron Agatha y Shizu.
-Entendido.- Finalizó Hackett.
-Perfecto, entonces vayan en marcha. Ya en seís horas deberían de llegar allá.-

Rompiendo la línea, los Exorcistas asintieron. Ahí comenzaba la misión.

/Estación/

-¿Qué tal está todo?- Preguntó Agatha luego de que andaran por un callejón en el Arca de Noah, salieran y subieran por la plataforma de una estación abandonada de tren donde un equipo de la Orden los había colado. Entrando en un vagón privado de uso exclusivo ambas chicas apartaron un único compartimiento, trancando sus maletas en las rejillas que rechinaban sobre sus cabezas.
-Bien, creo.- Respondió Shizu sentándose en el acolchado rojo del compartimiento. -Bueno, la verdad no tanto. Discutí con Miku antes de venir aquí.-
-Ah si, eso lo noté.-
-¿Cómo dices?-
-Tienes tu rostro de “estoy peleada con todos y me hago la seria”.- Contestó Agatha con sus índices apuntando a sus ojos, intentando mantener un aire no tan serio como creía que se pondría si mantenía el tono de su interlocutora.
-Prefiero eso a parecer una bufona.- Replicó Shizu con el ceño fruncido.
-No tienes porque estar tan amargada.- Le dijo Ivory.
-No estoy amargada.-
-¿En serio?-
-Sí. Digo, ¿por qué todos piensan que siempre estoy amargada? ¿Pretenden que esté todo el día con una ridícula sonrisa, abrazando y mandándole besitos a cualquier cosa que respire?-
-¿Siempre tienes que decir eso o qué?- Inquirió Agatha con una ceja levantada, cruzando ambos brazos. -Además, de verdad que sonreir un poco no te haría mal. Siempre andas como si se fuera a acabar el mundo y apuesto a que tu novio lo apreciaría un poco más.-
-Espera, ¿qué dijiste?-
-Lo que escuchaste.- Encogiéndose de hombros, la pelirroja cruzó las piernas, relajando la expresión a una más gatuna. -En serio amiga, tienes que sonreir un poco más. No por alguien más, claro, sino por ti. Terminarás arrugándote.-
-Y me lo dices a mi.- Suspiró Shizu, ladeando la cabeza.

En ese momento varios golpecitos se oyeron en la puerta del compartimiento y a través del cristal, el rostro de la otra Exorcista, aquella llamada Bianca Roze, se dejó ver con sus enormes ojos azules reluciendo bajo mechones rubios platinados.

-¿Si?- Preguntó Agatha abriendo la puerta, manteniendo su sonrisa gatuna.
-Disculpen, pero... ¿podría quedarme aquí con ustedes? No me gusta estar sola y el señor Engels es algo callado para mi.- Preguntó con incomodidad, llevando encima un enorme bolso y en manos un par de katanas enfundadas en negro y blanco.
-Adelante.- Dijo Shizu de inmediato, clavando su mentón sobre una mano mientras se apeaba a la ventana.
-¡Gracias!- Agradeció Bianca con la cabeza. Entrando apresuradamente tropezó con Agatha, haciendo que un cascabel que antes no estaba allí sonara.
-¿Eh?- Mirando hacia la puerta atraída por el cascabel, Shizu observó la manera en que la chica nueva resbalaba, cayendo directamente sobre su persona y la hacía clavarse sobre la ventana, recibiendo además el peso de Agatha quien había sido arrastrada por el equipaje de la rubia.
-¡Aaaaaay!- Se quejó la pelirroja.
-¡Perdón!-
-¿Podrían por favor quitarse de encima?- Pidió Shizu con tono controlado, sintiendo como el brazalete de su mano se enterraba sobre su mejilla derecha.
-¡Disculpen! ¡Ya me quito!- Se excusó la nueva, intentando levantarse en vano.

...

Luego de unos cuantos minutos y ya arregladas las tres en los asientos del compartimiento, la rubia mantuvo su cabeza baja frente a Agatha y Shizu.

-Soy Bianca Roze...-
“Dinos algo nuevo, tonta.”
-...y estos dos son mis compañeros. Hatsu y Hetsu.- Dijo con ánimo, mostrando las espadas enfundadas. -Estamos encantados de trabajar con ustedes, Agatha y Shizu-san.-
“Sufijos... ¿japoneses?”
-Oye Bianca, ¿de dónde eres?- Preguntó Agatha con curiosidad, adelantándose a la pregunta que apenas se formaba en la mente de Shizu.
-Mexicana.- Respondió la aludida con una sonrisa sincera, abrazando de nuevo sus armas. -Hatsu y Hetsu son de Japón, herencia de mi familia. Desde pequeña aprendí a usarlas y ellas a conocerme a mi. Hemos sido inseparables desde entonces.-
-¿De verdad? ¡Interesante! De hecho, Shizu es algo parecido. Solo que en lugar de aprender a usar espadas su arte es la arquería.-
-¿¡En serio!?- Inquirió Bianca, clavando sus orbes celestes sobre la pelinegra.
-Aja.- Sonrojándose por quien sabía que ocasión en lo que iba de día, Tanabe acomodó su posición para mostrar su brazalete en correspondencia a Bianca. -Esta es mi arma, aunque en modo pasivo. No... le tengo nombre. Creo que nunca había pensado en algo así.-
-¿Y eso por qué?- Preguntó Roze con una sinceridad pasmosa, que hizo sonrojar aún más a la japonesa.
-Es que... es que en la arquería el arco es tan solo una extensión de uno mismo. Es uno de los principios básicos.-
-Amo cuando te pones técnica.- Dijo Agatha por lo bajo con una sonrisa pícara.
-Oye.-
-Jajaja.- Se rió Bianca con timidez, retirándose un poco.
-Agatha...-
-Es cierto, te ves linda así.-
-Agatha... ...-
-¿Y usted Agatha-san?-
-Trátame de “tú” con toda confianza Bianca, no hay problema.-
-Está bien, Agatha-chan.-
-Mejor así.- Respondió la aludida, limpiándose una lagrimilla de risa con el índice derecho. -Pues soy tipo cristal, la Inocencia está en mi sangre. El truco es que la materializo cuando es el momento de pelear; su nombre es Kisa.-
-Ooh.-
-Se podría decir que yo soy Kisa y Kisa a su vez es Agatha, algo así... aunque un poco confuso.- Prosiguió, denotando el hecho con tono factual.
-Como te gusta decir eso.- Murmuró Shizu cruzándose de brazos.
-Entiendo.- Dijo Bianca abrazando aún más fuerte a sus katanas. -¿Ustedes entienden?- Preguntó sin mirar a las chicas sino más bien, observando sus armas quien en respuesta movieron sus cascabeles. -¡Que bien!-
-Como sea, tengo hambre. No terminé de desayunar antes de llegar al departamento de Komui.- Dijo Shizu, levantándose del asiento. -¿Quieren algo? Voy al vagón-comedor.-
-¡Chocolate para mi!- Respondió Bianca levantando un brazo mientras quedaba precariamente al borde de su asiento.
-Solo leche, por favor.- Agregó Agatha.
-Entendido.- Haciendo el ademán de salir del compartimiento se detuvo, sintiendo nuevamente el gancho sobre su estómago. -Ugh.-
-¿Hatsu? ¿Hetsu?- Cambiando de expresión Bianca miró el mango de sus espadas. Moviendo sus ojos de lado a lado, siguiendo el trance de los cascabeles, terminó por tragar saliva. -Están aquí.-

...

-¿Apenas empezamos la misión y ya aparecen Akumas?- Se quejó Shizu saltando al techo del tren que aún en movimiento se dirigía hacia una nube de monstruos esféricos con sendos cañones apostados en lo alto de sus lomos grisáceos.
-Tómalo como calentamiento.- Dijo Agatha apareciendo a su lado, estirando ambos brazos con naturalidad. -Dudo que una misión que reúna cuatro Exorcistas avanzados tenga algo tan de bajo calibre como estos niveles uno más adelante.-
-Buen punto.-
-Sin embargo, no debemos confiarnos.- Completó la pelirroja con más seriedad. -¿Estás lista?-
-Por supuesto.- Asintió la japonesa dejando brillar su brazalete que instantáneamente mutó en tamaño y constitución. -Inocencia... actívate.- Murmuró cambiando de estancia, apuntando a las criaturas con un arco salido de la nada.
-Tienes que decirlo con más emoción.- Dijo Agatha adelantándose.- ¡Inocencia, actívate!- Levantando su diestra un guante de color rojo sangre se materializó, al igual que varias placas metálicas que recubrieron partes puntuales del cuerpo de la chica. La más llamativa, en aquel caso, resultó ser una cola que terminaba en punta roma. -Kisa modo escarlata, lista para la batalla.- Con un solo paso desapareció y a la distancia, una onda se dejó notar entre los monstruos quienes se dispersaron en terror, con una sombra yendo de uno a otro, haciéndolos explotar como si fueran moscas chocando contra el fuego.
-Tsk.- Entrecerrando sus ojos, Shizu apuntó y disparó, logrando que aún entre el viento en contra y la distancia, la flecha se encajara en uno de los monstruos. Gritando y removiendo sus cañones, la criatura siguió el ejemplo de sus congéneres, explotando y confundiendo a los demás.
-Listo, ya le avisé a los encargados del tren para que aseguren a los demás pasajeros.- Dijo Bianca subiendo al techo. -¿Dónde está Agatha-chan?-
-Allá.- Dijo Shizu disparando una segunda flecha que encajó justo a los pies de Agatha, quien la pisó para provocar un estallido aún mayor del Akuma afectado.
-Las ayudaré.- Dijo a su vez la rubia, levantando sus armas.
“Corto alcance, claro.” Pensó la japonesa, disparando una tercera flecha.
-Hatsu, Hetsu, ¡actívense!- Brillando en tonos duales las espadas rompieron sus fundas, girando en el aire mientras su portadora las tomaba sin mirar, denotando familiaridad con aquella acción. -Ayúdenme un poco aquí, necesitamos llegar. ¿Están listos?- Con un solo choque de los cascabeles, la chica se puso en posición: una espada en horizontal por delante mientras la otra en diagonal protegía su espalda.
“Nueve. Diez. Once.” Contó la japonesa poco a poco, clavando una y otra flecha mientras el número de enemigos se reducía gradualmente, dejando a unos cuantos por detrás a los cuales Agatha se dirigió entre saltos especialmente medidos.
-¡Ahí vamos!- Exclamó Bianca girando una sola vez sobre su eje, usando el torque del tren para aumentar la fuerza ejercida y enviar una onda de poder que llegó al objetivo mucho antes que Agatha, resultando en una bola de energía que envolvió al primero de los Akumas en chispas y relámpagos blancos, provocando un efecto de implosión que además vinculó a los demás monstruos, atrayéndolos para así lograr un estallido sumamente contrastante a lo anterior.
-Oh.- Cruzando sus brazos, Agatha pasó entre la nube de escombros, disparándose hacia el vacío.
-¡Agatha!- Gritó Shizu, dando un paso mientras bajaba el arco.
-Tienen mayores problemas, Exorcistas.- Dijo una voz rasposa. A sus espaldas un Akuma diferente, de mayor nivel y semejante a una gárgola huesuda, cayó pesadamente sobre el vagón contiguo. -Ustedes son mías.-
-Error, tú eres mio.- Dijo otra voz más, cortando el intercambio: tras el Akuma, justo en el borde del vagón, se paraba Hackett Engels empuñando un paraguas cerrado. -Ayuden a la señorita Ivory, me encargaré de este monstruo.-
-Yo voy.- Murmuró Bianca sin esperar a que Shizu respondiera, dando zancadas hacia delante.
-Te encargarás de mi ¿verdad? Cuanta arrogancia para un niño que usa un paraguas.- Espetó el Akuma dando un paso en dirección al aludido quien tan solo se quedó quieto con su “arma” en ristre.
“No es precisamente mentira.” Pensó Shizu, preparando el arco. -Quedaré aquí como apoyo.- Expresó ella, apuntando a la gárgola.
-Como guste.- Fue la única respuesta de Engels, dejando que el viento moviera su cabello.
-No hablen como si yo no estuviera aquí.- Se quejó el Akuma, lanzándose contra Hackett con las garras preparadas.
-...- Levantando el paraguas, el muchacho evadía la primera estocada con habilidad, igualmente la segunda, girando para asir su arma e interponerla, bloqueando la punta e impidiéndole acercarse a su rostro.
“Perfecto, solo a la defensiva.” Con un ojo sobre la cabeza del monstruo, mantuvo la flecha, moviendo su mano un solo milímetro en una acción que no pasó desapercibida para Hackett, cuya expresión mutó ínfimamente.
-Esto es aburrido.- Dijo el Akuma abriendo sus fauces al tiempo que sus ojos relucían, preparando un nuevo ataque.
-...- Entrecerrando sus orbes, Hackett se movió a la derecha, evitando la llamarada que vino un segundo después.
-Tsk.- Soltando el agarre de su flecha, Shizu liberó el proyectil que inmediatamente rasgó el aire, clavándose sobre el cuello de la gárgola quien sin embargo, pareció no notarlo.
-¡Gah!- Repitiendo la acción anterior otra bocanada de fuego salió del cuerpo del monstruo, dirección a Shizu. Echándose hacia atrás trastabilló, olvidando estabilizarse por la superficie en movimiento del techo del tren.
-Demo...- Antes de caer, sin embargo, la mano de Hackett la atrapó.
-Por favor, remítase a servir de apoyo. Ya ha hecho más que suficiente.- Dijo Engels con calma para dejarla sobre sus pies, girando una sola vez su paraguas.
-¿Qué quieres de...- Viendo su réplica interrumpida por otra llamarada preparó el arco nuevamente, frunciendo el entrecejo.
-Adelante chico paraguas, ven por mi.- Dijo el Akuma, desencajando su mandíbula una sola vez, acumulando energía para el siguiente disparo.
-Inocencia...- Girando una segunda y tercera vez su arma, una luz verdosa eléctrica se dejó sentir. Siguiendo un destello poderoso, la figura del paraguas desapareció en un relámpago para así mostrar una jabalina con una punta prolongada que por segunda vez liberaba una onda de poder considerable. Tomando la lanza por su derecha Hackett preparó su postura, listo para avanzar. -...actívate.-
-¡Guuuaaah!- Liberando el ataque cargado, una inmensa bola de fuego avanzó contra Engels quien tan solo usó todo su peso y su estancia inicial para girar y con el momento logrado golpear la masa ignífuga, enviándola lejos, donde estalló como dinamita. Instantáneamente varios meteoritos más le siguieron, compartiendo el mismo resultado gracias a la danza particular de Hackett quien avanzaba más y más.
-Primera estocada.- Susurró el muchacho desapareciendo de la vista del Akuma, materializándose debajo de su cabeza para así empalar su cabeza con la punta de su jabalina.
-Ugh.- Escupiendo una legua lastimera de fuego, la gárgola quedó paralizada.
-Segundo movimiento, reacción en cadena.- Continuó el alemán en un movimiento rápido, sacando la lanza del cuello del monstruo mientras giraba y la clavaba en su costado. -Tercer golpe, final.- Entonces la jabalina brilló, liberando otro relámpago verde que de inmediato recorrió todo su cuerpo, filtrándose por la vía creada gracias a la flecha de Shizu aún enterrada en la parte trasera de su cuello. -Hemos terminado.- Declaró justo en el instante en que la corriente eléctrica se magnificaba, haciendo estallar la saeta y por consiguiente la cabeza de la gárgola. Poco después el pecho y la parte baja del cadáver también explotaron, concluyendo el trabajo.
“...entonces se refería a la flecha.” Se dijo Shizu bajando el arco.
-Oh, llegué tarde.- Dijo Agatha de repente, apareciendo al lado de Bianca. -Ya todo acabó, menos mal.-
-Gracias a él.- Respondió Shizu en referencia a Hackett. -¿Cómo es qué...?-
-Bianca tiene unas espadas muy útiles.- Respondió Agatha con una sonrisa. -Hatsu y Hetsu son asombrosos, bueno, ellos y sus lazos.-
-¿...lazos?-
-Estamos felices de poder ayudar.- Dijo Bianca, sonriendo con alegría.
-Deberíamos celebrar nuestra victoria.- Sugirió Agatha, posando una mano sobre su estómago. -Ahora sí tengo hambre, creo que tomaré algo más que esa botella de leche.-
-Debo declinar.- Dijo Hackett de pronto, ofreciéndoles una ligerísima y respetuosa inclinación de cabeza. -Si me disculpan señoritas, regreso a mis labores.- Concluyó antes de bajar a la entrada de conexión de vagones, desapareciendo de la escena sin mucho más que explicar.
-Jeje, chico solitario, supongo.- Murmuró Agatha con ambas manos posadas sobre su cintura.
-Yo tomaré chocolate. Y pastel.- La interrumpió Bianca.
-Me parece bien. ¿Shizu?-
-...- Todavía viendo el sitio por el cual Hackett había desaparecido, la pelirroja pudo ver como las mejillas de la japonesa se sonrojaban muy, muy ligeramente.


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