martes, 18 de diciembre de 2012

Mision# 2 Parte 2

Mision #2: Hackett Adolph Engels/Shizu Tanabe
Madrid-España.

Shizu se quedó parada, con el ceño fruncido y la mirada clavada en Hackett y esa sonrisa más o menos inocente, realmente más menos que más. Aquello fue suficiente para que volviera a subir la guardia un poco más.

- Ese no era el trato. – Contestó torciendo el gesto, bajando la mirada hasta la mano con la que la retenía. Hackett la soltó con un suspiro.

- Lo sé. Pero el día está tranquilo, ni si quiera es fin de semana, la gente no andará por el parque a estas horas. – Siguió.

Shizu tardó en contestar, de hecho el parque se cerraba todos los días durante la noche, solo quedaban los guardias y sus perros, pero aun no sabía si quería que Hackett lo supiera. “¿Quedarse todas las noches en la habitación, con todas sus horas, durante los días que estuvieran allí? No, gracias.” Pensaba por dentro. Pero tampoco quería ir ya al hotel, si encontraban el parque cerrado le costaría mucho más convencer al Alemán de hacer una ronda y acabaría en la habitación, entre cuatro paredes, sobre una cama y con sus pesadillas.

- No sé donde podría llevarte. – Acabó por musitar, girándose un poco para no quedar tan enfrentada a su compañero.

- Cualquier sitio estaría bien. – Se animó ligeramente al no recibir una negativa rotunda, incluso sonrió mínimamente. – Aunque fuera solo pasear.

Le miró unos segundos y bajó la mirada pensativa, pasear podían hacerlo perfectamente, había muchos rincones mágicos en aquella ciudad, o así pensaba ella contagiada por la actitud que solía tener su padre.

- Quizá podría enseñarte un poco más del centro, lo que recuerdo. – Concedió sin mucho entusiasmo.

- Perfecto, una ciudad bonita y una guía aún más. – Dijo con una pequeña risa y su sonrisa galante de vuelta, incluso hizo una pequeña reverencia extendiendo la mano hacia la chica para que la cogiera. Shizu lo miró en silencio unos segundos.

- Me voy.

- ¡No, no! – La retuvo de nuevo riendo un poco – Era una broma, no voy a hacer nada raro.

- ¿Ni ponerte en plan estúpido?

- ¿Qué plan es ese? – Alzó una ceja aun aparentemente divertido, sabía perfectamente a lo que se refería.

- No me dará pena alguna dejarte perdido, te lo advierto. – Bufó y cambió de dirección, subiendo por la calle cuchilleros en vez de bajar. Hackett la siguió con esa pequeña sonrisa triunfante.

- ¿Dónde me vas a llevar? – Preguntó cuando estuvo a su altura.

- Al palacio Real en la plaza de Oriente. – Contestó. – Después podemos acercarnos a la plaza Mayor si no se nos hace muy tarde.

- Suena bien.

- Por la noche los iluminan, es bonito. – Se encogió de hombros.

- ¿Se puede tomar algo por allí?

- No conozco muchos sitios, ¿No íbamos a pasear? – Cuestionó mirándole con el ceño ligeramente fruncido.

- Si, pero si encontramos algún sitio también podríamos tomar algo… ¿No?

Shizu suspiró ocultando su nerviosismo, empezaba a notar que la distancia se acortaba entre ellos y era lo último que creía necesitar. No más lazos, no más responsabilidades, no más decepciones.

- Quizá en otra ocasión, Hackett.

La notó taciturna y prefirió no insistir a pesar de saber que era poco probable encontrar otras ocasiones, en cuanto se metieran de lleno en la misión podría despedirse de los momentos tranquilos.

Siguieron el paseo por la calle hasta alcanzar la plaza de Ópera, que recibía el nombre por el edificio central en donde se ofrecía dicho espectáculo. Había bares y ambiente juvenil pero ni Shizu los miró ni Hackett hizo ademán de ir a uno. Tras cruzar la plaza alcanzaron los jardines tras los cuales se levantaba el sobrio palacio. Todo estaba iluminado, sobre todo las fuentes que creaban un pasillo de agua en el jardín, con varias estatuas colocadas en línea, que llegaba hasta una explanada frente al palacio.

Junto al jardín la temperatura refrescaba y el aire perdía el vicio que tenía el centro. Era el sitio perfecto al que acudían los transeúntes tras estar en los abarrotados establecimientos, por lo que estaba lleno de grupos de amigos y parejas que descansaban en el césped o paseando entre risas. A pesar de ello era un lugar tranquilo por el que de vez en cuando paseaban los policías sobre sus caballos.

- Vaya, es un sitio muy bonito. – Dijo Hackett cuando alcanzaron el centro del jardín coronado por una gran fuente circular.

- Si…- Contestó Shizu lánguidamente, a los costados de los cipreses había parcelas de césped en las que crecían varios cerezos. El motivo por el que era uno de los sitios favoritos de su padre, en primavera el jardín se llenaba de pétalos rosáceos que le recordaban a la fiesta del cerezo tradicional de su país natal.

Bajó la vista al agua de la fuente, repleta de monedas que guardaban con recelo los secretos por los que habían sido lanzadas. Recordaba haber lanzado alguna que otra moneda de pequeña a la vez que sus hermanos pero no alcanzaba a averiguar qué pidió, seguramente cualquier cosa sin importancia como hacían los niños. Los cuatro se ponían en fila con las corvas de las rodillas pegadas al borde de la fuente, los ojos fuertemente cerrados y la moneda nerviosamente apretada entre los dedos. Hasta que su padre daba la señal, tiraban con emoción la moneda por encima de sus cabezas, y la tintineante risa de su madre como música de fondo.

- ¿Venias mucho aquí? – La pregunta la pilló por sorpresa y la apartó de sus pensamientos como una bofetada. Le miró unos segundos y volvió a mirar la fuente iluminada, asintiendo. Notó su mirada en el agua, encontrando las monedas. - ¿Pediste algún deseo?

- Alguno, era pequeña.

- Quizá un juguete o una hermana menos ¿Eh, Shizu? – Dijo una joven sentada en uno de los pilares de la fuente, justo bajo la estatua ecuestre central.

Shizu se había quedado petrificada al oír esa voz, alzando la vista hasta encontrarse casi a ella misma. Habían pasado dos años, casi tres, desde que se encontraron en el arca y en ese tiempo Miku había crecido, había pasado de ser una niña a ser una mujer. Tenía el pelo largo recogido en una larga trenza del mismo color que el de Shizu y los ojos grandes y oscuros, como dos pozos sobre la piel pálida, y el rostro angelical sin sentimiento.

- ¿No te alegras de verme? – La exorcista dio incluso un paso hacia atrás con una punzada en el costado, justo donde su hermana la había atravesado con el florete cuando ella dudó. Con el rostro contraído en una mueca que mezclaba sufrimiento y miedo.

Hackett estaba atónito, acudía a la situación como si fuera un mero espectador, completamente ignorado mientras a cada mirada le parecían más parecidas, si Shizu no tuviera tantos signos de fatiga y se pusieran la una frente a la otra la única diferencia sería el pelo. ¿Quién era esa chica?

- Di algo al menos, la última vez que nos encontramos fue tan incómodo. – Siguió quejándose la recién llegada, bajando de un salto hasta el agua sin preocuparse de chapotear y empaparse las botas, evidentemente caras. Shizu dio otro paso hacia atrás con la respiración entrecortada. – He oído que tu último trabajo fue bastante movidito.

Lo que hacían sus hermanos Noah no era ningún secreto, si es verdad que no guardaba apenas trato con Jean, sabía o procuraba averiguar los encuentros que tenía Shizu con su verdadera familia.

Notó como la morena quería salir corriendo de allí, el miedo y la lástima con la que la había mirado se había transformado en puro miedo.

<< ¡¡Que agradable sensación!! >> Pensó.

Entonces de refilón creyó ver movimiento y la sensación desagradable que siempre provocaban las inocencias en su interior. Dejó de prestarle atención a su hermana para dedicársela a su acompañante como si fuera la primera vez que lo viera.

- Ah, sí, el caballero andante, te había olvidado. – Se echó un mechón suelto detrás de la oreja con aburrimiento, observando cómo Hackett tenía la inocencia en la mano pero sin llegar a activarla. – Tranquilo, si quisiera haceros algo yo misma el agua de esta fuente ya sería vuestra sangre.

- ¿En ese caso no actúo mi señora? – Preguntó un chico de cabello color arena mientras se asomaba desde detrás de la fuente.

- No Angello, ya te dije que por hoy trabajamos bastante con ir a comer al Bonsai. – Ladeó el rostro mirando especialmente a Shizu.

- No, no has sido capaz de…- la voz le tembló.
Hackett no soportó mas ese tira y afloja y activó el primer nivel de la inocencia, dispuesto a lanzarse sobre Miku, quien apenas hizo un gesto de defenderse, menospreciándole completamente. Pero entonces sintió como algo cogía el brazo en el que cargaba su lanza reteniéndole.

- ¿Shizu…? - susurró confuso al ver a la morena anclada a su brazo.

- Recuerdo que este sitio era el preferido de nuestro padre. – Ladeo tiernamente el rostro con la mirada divertida clavada en la aterrorizada de Shizu, ignorando la situación de amenaza que había comenzado el alemán y siguiendo con su monólogo. Aunque a Angello se le notaba ligeramente envarado. – Que pena…es realmente hermoso.

Se encogió de hombros con su sonrisa, mientras Hackett aun intentaba asimilar que aquella Noah y Shizu compartieran padre. Las alas brotaron de la espalda de la Noah de golpe, mientras de Angello brotaban otras de aspecto metálico, desapareciendo con un vertiginoso despegue que los dejó solos en la plaza y confusas.

Pero tan pronto como Hackett bajó el arma sin entender por qué se habían ido sin más una explosión los lanzó varios metros hacia atrás, haciéndoles caer con brutalidad contra el adoquinado.

- Yicyicyicyic…- Se escuchó la estrambótica sonrisa metálica de un akuma.

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Akuma-Peonza: Tiene la forma básica de una peonza, formada por discos sucesivos hasta llegar al tronco de lo que sería su cuerpo. Cada uno de esos discos es un explosivo que deposita girando a toda velocidad sobre sí mismo. Cuanto más altos estén los discos, más fuerte será la explosión. Es capaz de regenerar los discos con los enormes y anchos brazos que le salen del ápice de la estructura de la peonza pero necesita tiempo, a mayor diámetro del disco más tiempo. En el momento tiene 5 discos cargados, puede tener un máximo de 6 pero ya ha gastado el primero de grado más bajo.

Akuma-titiritero: Con el aspecto de un estrambótico pierrot de color violeta y amarillo este akuma de casi dos metros de altura tiene la capacidad de dar vida a los objetos inanimados con sus múltiples máscaras. Con la máscara de la ira los hace violentos, con la de la malicia escurridizos y resistente. Por último el mismo puede ponerse la tercera máscara, la de la tristeza con la cual es capaz de manejar a los seres vivos a través de su sombra. Puede usar las tres máscaras simultáneamente a no ser que controle más de 3 individuos con la máscara de la tristeza.

Akuma-mistake: Similar a los muñecos de porcelana rechonchos, vestido como un faquir y sobre una alfombra voladora. No tiene capacidad alguna para luchar pero tiene la habilidad de hacer que todo lo que dice él o los de su alrededor sea una mentira. Es decir si él dice “Hace un día soleado” comenzará a desatarse una tormenta o vendaval por ejemplo. La única forma de vencerle es conseguir engañarlo para que diga una mentira de verdad, es decir si hace sol y el dice “Está lloviendo” al haber mentido realmente pierde su capacidad por un pequeño intervalo de tiempo en el que ejercerá el efecto contrario, todo lo que diga se hará realidad con el inconveniente de que le es imposible expresarse sin decir verdades a no ser que lo engañen.

Tan pronto el impacto sorpresivo los había arrojado cruelmente, el chico había girado lo suficiente a la chica, que se había aferrado a su brazo para no atacar al enemigo, a esa Noah. Por mas sorprendido que se encontrara, había reaccionado casi como un reflejo rápido cuando se sintió en el aire y la tenia abrazada a su pecho con fuerza casi en modo de protección, sin llegar a entender o a pensar que eso pudiera ser otra razón que no fuera un reflejo de su cuerpo.

Hackett se quejo de un ardiente dolor en la espalda y un olor a quemado parecía provenir del pavimento que estaba bajo sus pies antes de ser impulsados, y ahora mismo al frente con gritos miedosos y desesperados a su alrededor provocados por su extraña figura que giraba en su mismo eje, sin detenerse y sin dejar de reír con ese molesto rechinido metálico que tan mal le caía al chico.

-¡Maldición!-se quejo el chico al haber bajado tanto la guardia para permitirle ese ataque, se incorporo aun con la chica en sus brazos, parecía que su mirada estaba en otro lugar que no era en ese momento al lado del chico-¿Shizu?-le llamo varias veces, pero tan rápido miro como otro disco que venía del cuerpo del akuma en forma de trompo acercarse, brinco a un lado apretando la cabeza de la chica manteniéndola en su pecho.

-¿Los exorcista no van a jugar?-rio con ese sonido metálico mientras las extrañas manos que salían de su borde superior giraban alrededor de los espacios vacios para ir formando un nuevo disco, mientras los restantes 4 seguían girando al igual que todo su cuerpo-Si ustedes no quieren, yo jugare con ustedes-repitió sacando a volar todas los adoquinados que se cruzaban con la fricción de la punta de metal al final de su cuerpo.

Hackett se levanto tan rápido como le fue posible y tiro de la chica apretando su inocencia, parecía que la mente de la chica seguía en las ultimas palabra que la Noah había pronunciado para ella, pero ese era el peor momento para perderse en sus pensamientos, culpas o remordimientos, si no reaccionada podría morir ahí…la simple idea aterrorizo extrañamente al alemán, quien freno al ver que se les acababa el camino y como la gente asustada aun corría sin rumbo fijo si seguía avanzando y se perdía entre ellos lo más probable es que más de un inocente padecería en ese lugar. Se maldijo internamente y se aferro a Regenschirm que inmediatamente paso a su segundo nivel, desdibujándose y formando un especie de pesa, de dos extremidades cada una con la forma básica de un cilindro ancho de aspecto de concreto duro con dos extrañas gemas en medio de cada circulo sobre saliente de cada extremo, mientras el sostenía la vara de metal frio que mantenía unido a los cilindros. Giro rápidamente su arma cuando noto demasiado cercas al akuma golpeó al tronco con crueldad mientras se le veía retroceder una ferviente marca de electricidad salía disparada del arma del alemán conectada al akuma.

-Deja de auto compadecerte ¡maldita sea!-soltó en un grito agitado aferrándose-Si deseas morir, hazlo lejos de mi-dijo mirando directamente a la chica que aun estaba sentada de rodillas con la mirada perdida y aislada del peligro.

¿Qué hacia aquí Miku? ¿Por qué fue al Bonzai? ¿Acaso izo daño a Sakura y Yuki? Se había preguntado varias veces la morena mientras parecía sumergida en ese mundo, asustada de su pasado de ver como teniéndole tan cercas aun temblaba y le recordaba esos dolorosos momentos en su vida, de sus cortos enfrentamientos en los que aun le decía como le odiaba y como aun que a veces se decía que era la única manera de liberarla del pecado de Noah que había dentro de ella, era matarla con la inocencia, las simple idea le aterrizaba y le hacía ver que ella jamás podría hacerle daño a su propia sangre, a su hermana que tenía todo el derecho a sentirse traicionada por su familia. Si esa era Miku solo una niña que había sufrido de una mala decisión y del destino cruel de una guerra en la que ella misma su hermana mayor se vio envuelta, pero para su mayor dolor estaba en el bando contrario de esa guerra. Por eso tenía que haber otra manera, otra manera en la que no tuviera que matarla o tuviera que pelear con ella, por que el conde parecía terco en querer encararla con su hermana.

Esa era la razón por la que se había atrevido a detener al chico, no era solo saber que Miku lo asesinaría sin dudárselo si él le atacaba, era porque no podía permitirse que lastimaran de alguna manera a Miku, ella aun era su hermana menor. Pero entonces paso, un grito con su nombre se escucho pero ella lo ignoro, la sensación de ser protegida dos veces también pareció ignorarlas, hasta que otra vez pareció tirada y fue dejada en el suelo con un fuerte sonido de golpe metálico con un agitado tono pareció volverle a gritar: “Deja de auto compadecerte”. Quién demonios se había atrevido a decirle eso…que derecho tenía esa persona de juzgarla de gritarle, porque le estaba gritando, el no tenía derecho pareció enojarse pero su enojo creció más cuando las otras palabras llegaron a sus oídos “Si deseas morir, hazlo lejos de mi”. Le había vuelto a ordenar cuando enfoco mejor y escucho la voz, era clara la de ese atrevido alemán, a ese individuo que parecía no dejar de meterse en su vida desde que comenzó esa misión.

La morena pareció cerrar los ojos fuertemente y apenas iba a abrirlos con un fuerte grito de enojo e ira que sentía en ese momento y un claro “¡Déjame en paz! si quiero morir aquí o allá, es mi problema”. Lo vio, una gran explosión frente a sus ojos que apenas habían enfocado al frente, que al disiparse el humo y despejarse la sorpresa de la explosión pudo ver como a medio centímetro la bota del chico había resbalado y aguantado para no impactarse con ella mientras la otra parecía desplantada hacia arriaba con la rodilla en alto con ambos brazos sujetando el arma temblorosos y rojizos con tenues coloridos rojos, si ese rojo que era de sangre derramándose de sus brazos y unas gotas cayeron desde la frente del agitado chico que parecía tener escondida la mirada entre su cabello rizado, sus constantes eran casi tan débiles con esos quejidos de dolor ronco de su garganta, mientras el trompo o el akuma de metal frente a ella parecía contar solo con los tres discos más pequeños en su tronco.

-No piensas moverte de ahí-rio el akuma, rechinando en su risa espantosa.

-No, mientras pueda respirar-contesto brabucón el chico que no caía en cuento que la chica ya había reaccionado, pero pareció que el akuma se le miraba divertido, cuando la estatua que se reconocía de la cima de la fuente salió de plano galope estampo contra el chico haciéndolo arrastrar para sorpresa de ambos exorcistas.

-Perdona el retraso Peonza-rio otro akuma que salió de la nada, su aspecto era bastante extravagante y parecía representar a todo un pierrot de colores violeta y amarrillo de dos metros de altura, quien mantenía entre sus manos había dos mascaras-te gusta mi mascara de la ira-pregunto divertido mientras ambos miraban a la chica ignorando al chico quien trataba de mantener a raya al chico.

-Juguemos con la señorita-recitaron los dos al mismo tiempo.

Shizu se incorporó de golpe, tenía que acabar con aquello, delante de ella ya solo había akumas, su hermana no estaba. Su cometido ahora era acabar con esos monstruos antes de que destruyeran el jardín.

Notó el ramalazo ardiente en su muñeca de la inocencia activándose, deshaciéndose en un líquido iluminado hasta formar el arco sostenido en su mano izquierda, desafiando a los akumas.

Las máquinas simplemente rieron, el arlequín bicolor comenzó a hacer malabares con sus dos mascaras divertido mientras avanzaba hacia ella, dándole tiempo al otro akuma para restaurar los discos gastados, ya había conseguido recuperar el de más baja intensidad, dejando un espacio entre el primer disco y los otros tres más grandes.

El pierrot se adelantó unos pasos haciendo que Shizu le apuntara entre los ojos enseguida pero la peonza saltó resquebrajando el suelo y quedando justo a su lado haciéndola caer por la tierra batida, dejando el disco que acababa de crear y alejándose rodeando con una risa molesta y metálica.

Shizu alzó la vista acuclillada viendo como el disco, a menos de un metro de ella, se iluminaba. Se levantó a toda velocidad echando a correr en dirección contraria, pero se encontró de frente con Hackett y la estatua en plena pelea, creando unos segundos de confusión en los que finalmente todos salieron por los aires quedando magullados y enredados entre los setos.

– Mierda…– masculló el alemán incorporándose y tosiendo dolorido.

La morena resopló a su lado, agitando la cabeza abotargada y con un molesto pitido en los oídos.

Notaron que algo junto a ellos se revolvía. Se giraron activando las inocencias de nuevo, viendo como el caballo de piedra trataba de levantarse, con varias grietas y trozos mordidos por la explosión, tampoco había salido bien parado de aquello. Entonces Shizu tuvo una idea, cogió el brazo de Hackett y tiró de el para esconderse entre varios arbustos.

– Así no vamos a vencerlos. – gruñó Hackett por lo bajo, desactivando su arma, Shizu pudo permitirse mantenerla activada por si menor tamaño.

– Cállate, he tenido una idea. – Le espetó furiosa y enfadada por toda aquella situación, queriendo acabarla e ir al Bonsai. Giró el rostro, intentando intuir si los habían encontrado, parecía que de momento no. – ¿Crees que ese akuma estará blindado contra sus propios discos? Siempre se aleja cuando los deja, yo creo que también saldría por los aires. – le susurró.

Hackett lo sopesó en menos de un segundo asintió de acuerdo.

– Bien, yo me ocupo de hacerlo explotar. – Sentenció ella.

– Y yo del otro.

– ¿Y si usa otra máscara?

Justo entonces una enorme testa de león apareció con las fauces abiertas hacia ellos con un fuerte rugido. Si Hackett no hubiera activado la inocencia e interpuesto la lanza medieval entre ellos, seguramente habría destrozado a alguno de los dos.

– No se puede escapar de la astucia. – Rió el akuma desde algún punto entre los cipreses.

El león había rodeado el arma de Hackett con sus enormes garras de metal oscuro, comenzando a arañarla mientras mordía la punta de la lanza y trataba de aplastarla entre sus colmillos.

El oji–verde gruñó tratando de recuperar la lanza, pero el león no parecía dispuesto a soltarla, solo lo hizo cuando una estela platina se clavó y chispeó contra su ojo derecho, haciéndole retroceder furioso, agitando al testa humeante y con media cabeza destrozada.

– Ve a por esa peonza, con ella no podremos acabar con todo lo demás. – dijo mientras salían de su escondrijo, encontrando a la estatua ecuestre corriendo hasta ella. – Ten cuidado.

Shizu le bufó mirando las heridas que había recibido protegiéndola.

– Primero aplícate el cuento. – dijo hoscamente y sin más esquivó al león gracias a una estocada de Hackett y corrió en busca de la desaparecido peonza, saltando setos y siguiendo los orificios en el suelo.

No tardó en encontrarle espantando a los pocos que aún quedaban curioseando insensatamente, aunque no parecía dispuesto a gastar sus explosivos en ellos, tenía más interés en destrozar el lugar con los discos de menos magnitud que había regenerado en ese tiempo, de nuevo solo quedaban los tres más grandes en su parte superior.

Avanzó entre las sombras del jardín, llegando a la fuente de la que había salido la estatua ecuestre y en la que faltaba uno de los leones que la escoltaban tendidos a cada lado sobre amplios pilares de mármol. Caminó con cuidado sobre la superficie mojada sin entrar al agua por temor a llamar su atención y finalmente, asomándose por un resquicio abrió el arco, apuntando a los discos con la respiración contenida, esperando a que se alejara de la zona por donde aún corrían los despavoridos.
Cuando estuvo en la entrada del ya vacío jardín, soltó la “cuerda” luminiscente sin elevar sonido alguno, solo cuando la flecha se clavó sin miramientos en el disco más inferior del akuma. Lo había conseguido.

Pero, nada más lejos de la realidad, el akuma giró a toda velocidad, saltando y dejando el disco donde estaba, consiguiendo salvarse solo con el pie afilado algo resquebrajado, sin parar de lanzar gritos enfurecidos que fueron acallados por la explosión más grande que había provocado.

La intensidad fue tal, que a pesar de que Shizu se ocultó detrás de la fuente, la onda expansiva hizo temblar la fuente, casi tirándola al agua mientras los pequeños escombros caían a su alrededor. Hackett a lo lejos, enfrentándose prácticamente a la vez a la estatua y el león, dio un traspié a la vez que sus enemigos.

– Maldición…– gruñó Shizu volviendo a asomarse con la respiración algo agitada, ese no era el que debía hacer explotar, el akuma podía deshacerse del más bajo con demasiada rapidez.

Lo buscó de nuevo entre la humareda, teniendo que aguantar la congoja al ver la entrada prácticamente devastada, solo se salvaba un jardín de cerezos, el fondo del norte y la salida. Tras unos segundos, la peonza reapareció furiosa, girando cada vez más rápido, buscándola también.

Tan rápido como pudo, volvió a tensar el arco, apuntando al último disco, sin darse cuenta de que aquello la obligaba asomarse demasiado, por lo que fue encontrada tan pronto como el brillo de la inocencia iluminó su posición.

El akuma corrió hacia ella, haciendo saltar chispas con su pie metálico de la velocidad que llevaba. Avanzaba los metros hacia ella en cuestión de segundos, pero Shizu no parecía dispuesta a bajar el arco, concentrada en aquella pequeña franja de metal. Olvidando que la explosión podría llevársela a ella también a esa distancia, disparó cuando supo que no fallaría.

Mientras la peonza aun rodaba hacia ella, el disco se iluminó con la flecha clavada, se escuchó un gritó de furia y entonces el akuma explotó en mil pedazos e diez metros de Shizu, destrozando la fuente y lanzándola por los aires mientras ella se cubría la cabeza con los antebrazos.

El suelo se convirtió en cielo, y el oscuro firmamento estrellado quedó a sus pies decenas de veces hasta caer el suelo con brutalidad y resbalar entre los escombros que la habían acompañado en el aire.

El dolor fue aterrador, pudo notar decenas de golpes, fracturas y magulladuras que la hacían sentir como si la hubiera atropellado un tren. Trató de incorporándose, apoyando las manos en el suelo mientras su vista se enfocaba y el pitido de sus oídos volvía a la vez que varias gotas de sangre caían contra las piedras de la fuente prácticamente pulverizada.

Todo se había vuelto confuso, un caos silenciado por sus tímpanos sangrantes y dañados, hasta que poco a poco el murmullo de los gritos, la sirenas y el sonido del agua corriendo a chorro desde la cañerías en la salida de la fuente a su espalda, se convirtió en un estruendo.

Miró a su alrededor, tratando de enfocar mejor la vista, viendo a lo lejos como Hackett la buscaba con angustia, habiendo despistado a las criaturas inertes gracias a la explosión. Fue a alzar la mano para que la viera, tosiendo por el polvo tragado, pero se encogió dolorida y se percató de una enorme sombra a sus pies.

Alzó la vista, apartándose y cayendo por los escombros, encontrándose de frente una estrambótica cara de muñeco de porcelana, acabada en un frondoso turbante a juego de sus mejillas sonrosadas.

– Eso es jugar sucio…– dijo con voz infantil y negando varias veces sobre su alfombra voladora. – Os mostrare las reglas del juego.

La chica no podía caber en la sorpresa de que aun hubiera un tercero, incluso el dolor pareció desaparecer por el asombro pero aun así volvió a alzar el rostro y ver a su compañero cada vez mas cercas de ella ese muñequito de porcelana volvió a reírse de una manera tenebrosa y chirriante que podría aturdirle más de lo que ya se encontraba.

-Mira a tu pobre compañero no se puede mover, por culpa de ese gran dolor que embarga su cuerpo-sonrió a la mirada aun incrédula de la morena.

-Shi…-alcanzo a escuchar las primera silaba de su nombre pero tan pronto noto que Hackett se tomaba fuertemente el pecho y ahogo un grito de dolor que le izo caer de rodillas con una expresión de dolor incontrolable

-¡Hackett!-La morena no podía creer el grado de preocupación que había manifestado en solo decir su nombre, pero pareció no tomarle importancia cuando lo vio como terminaba cediendo al suelo sujetándose fuertemente el pecho adolorido.

-Es una lástima ¿No crees?-dijo con un gesto bastante decaído pero acababa con una cruel sonrisa-y para su peor desgracia el dolor no es su único problema si no que ese león no deja de morder su yugular-

La morena ignoro sus palabras tratando de levantarse, pero pronto se dio cuenta que debía darle importancia a cada silaba que provenía de sus labios, cuando esa estatua de león salto de la nada, fue extraño porque juraría que había salido volando y estaba muy lejos de estar al asecho del alemán, pero como si hubiera estado esperándole salto tal cual dijo ese muñeco de porcelana ataco directo a la yugular del indefenso chico quien no podía siquiera moverse de ese extraño malestar que apretaba sus pulmones impidiéndole siquiera sacar fuerza para quitarse a la bestia que tenia la viva intención de destrozarle el cuello con esos feroces colmillos.

-¿Ahora lo entiendes?, no puedes ignora nada de lo que él diga o puedes arrepentirte-rio el pierrot quien regresaba con sus mascaras burlándose mientras miraba a su compañero, el muñeco de fina porcelana y extravagante turbante quien sobre su alfombra voladora observaba como el cuerpo mal trecho de la española seguían insistiendo en reincorporarse aun que sintiera los horribles calambrazos de sus heridas.

-Cállense…-susurro sacando el arco de su brazo sintiendo aun el pinchazo negado de su inocencia, pero aun asi estiro la cuerda invisible enviando rápidamente una flecha para hacer apartar al león antes de que le arrancara el brazo a su compañero.

Hackett rodo aun con ese dolor indescriptible e inexplicable, se tomo el brazo ensangrentado para tratar de controlar la hemorragia y no morir por la misma, tenía que levantarse y alejarse de ahí aun que le costara respirar.

-Malditos-gruño levantándose a duras penas pero estaban tan cercas de la chica que temía que algo le hicieran.

-Pierrot vez como la sombra de esa chica desaparece con la poca luz que ay en este lugar-rio divertido era otra mentira.

La chica giro cuando inexplicablemente las luces se encendieron de golpe y las sombras de todos no tardaron en aparecieron incluso la de la misma morena.

-¿Qué?-volvió a sorprenderse que las mentiras de ese akuma

-Excelente observación Mistake- agradeció el estrambótico Pierrot quien se coloco una máscara al rostro era una de semblante triste movió sus largos dedos y cuando menos se lo esperaba la chica se paro como si nada le afectara pero realmente el dolor se izo presente en ella.

Hackett se vendo como pudo la herida mientras andaba para que dejara de sangrar y de pronto tubo que esquivar una flecha de resplandor verde que iba directo hacia él, incluso raspo y sangro en su mejilla.

-Corre-susurro adolorida la morena tensando una vez más su arco en contra de su voluntad incluso noto que no podía siquiera desactivar la inocencia-esquívala por favor-dijo casi con las pupilas húmedas no deseaba hacer aquello menos al verle aun jadiando y sangrante de su brazo y las quemaduras que padeció por protegerla, no sabía lo que le estaba pasando por que se estaba preocupando por alguien que recién conocía. Seria porque era su compañero, quizás no le quería ver muerto y menos que fuera por su causa pero algo en su pecho se lo negó cruelmente para su sentir.

-Déjala en paz-gruño ahogado el pecho ardía cada segundo mas-aguanta Shizu-susurro esquivando sus flechas como mejor pudo. Corrió y corrió con la diversión de los akumas que veían como se acercaba directo a la chica e incluso una flecha le atravesó el brazo pero este no se detuvo su inocencia brillo tan intensamente cuando se alargo y se curvo en una gran guadaña negra que dejo caer una cadena con un gancho que el chico empezó a girar aun cansado aun dolido se recibiendo otra flecha, miro que la chica tensaba otra flecha asustada de que todo ese tiempo fuera rumbo a ella, que esta vez tenerle tan cercas daría directo a su objetivo que todo el tiempo fue darle directo al corazón.

El alemán esquivo para su sorpresa la abrazo apartándola lanzando el gancho al aire que atrapo el cuello del pierrot con crueldad abrumadora tanta que el Mistake no pudo hacer o decir nada cuando el castaño aun sosteniendo a la chica que insistía en hacerle daño contra su voluntad, la llevo todo ese tiempo pegada al pecho donde podía oír esas constantes tan débiles pero el chico no cedió atrajo al akuma quien intentaba controlarle a él también pero en una corriente eléctrica la guadaña cegó al akuma dejando un increíble olor a quemado provenir de la piel del chico quien recibió la corriente eléctrica que le producía activar ese último nivel. Cayeron al suelo jadeantes ambos doloridos y la chica comprobando que una vez mas era dueña de su cuerpo.

-¿Estás bien?-dijo cayendo agotado desactivando la inocencia de golpe, ese poder era demasiado aun no lo controlaba.

La chica estaba a punto de mostrar algo que le aterraba sentir pero el otro akuma se asomo bastante indignado pero sonriente.

-Juguemos otro poco-rio parecía el más poderoso de los tres-Porque no tomarse un merecido cansancio, hoy la gravedad están liviana que uno podría flotar hasta el cielo-acabo con esa tétrica sonrisa cuando la chica trataba de reincorporarse pero sintió de golpe como el suelo la atrajo con crueldad al igual que su compañero haciendo casi un hueco en el suelo.

-Basta-pidió la morena mirando ms preocupada por el cuerpo del chico que por el zullo.

-No aguantas un juego-dijo por último el akuma quien esperaba a ver como sus cuerpos se destrozaban con el cambio de gravedad.

La presión no dejaba de aumentar a cada segundo. El suelo crepitó con estridencia y cedió como si un enorme objeto lo aplastara y creara un hoyo, en cuyo centro estaban los exorcistas. Shizu soltó un gemido intentando despegarse del suelo, notando como sus huesos estaban cerca de crujir y Hackett a su lado apenas parecía soportarlo como para respirar.

El akuma reía no paraba de hacerlo, ondeando sobre ellos con su alfombra, era un sonido hilarante que encendía aun mas la sangre de la exorcistas.

-- Cierra…el pico…-- Gruñó con los dientes apretados, intentando aun levantarse apoyada boca abajo en el suelo, pero el terreno bajó otro palmo y creyó que ya ni siquiera llegaba aire a sus pulmones. El infantil faquir rió aun más. -- ¡HE DICHO QUE TE CALLES! – El arco desapareció, la pulsera ardió en su muñeca y movió el brazo con violencia, a pesar del horrible crujido que salió de este.

Los restos del león salieron a toda velocidad hasta chocar contra el akuma y lanzarlo contra el chorro de la ya inexistente fuente y los efectos del akuma desaparecieron dándoles un respiro.

Shizu se levantó a toda velocidad, el brazo le dolía horrores pero lo ignoró y se acercó al cuerpo casi inerte de su compañero.

-- ¡Hackett! – le llamó tirando un poco de él con el brazo izquierdo sano. -- ¡Despierta, estúpido alemán! – volvió a llamarle cuando al fin el chico tosió un poco, dolorido, seguramente por el zarandeo de la chica.

Soltó el aire de sus pulmones con alivio sin pensar en nada de lo que aquello implicaba y se levantó en busca del akuma. Este se levantaba con dificultad, con la patosidad propia de un niño pequeño. Las plumas se le habían doblado hacia adelante por el agua y llevaba el enorme sombrero descolocado.

-- Malditos… exorcistas… no saben jugar…-- se quejaba como un niño, colocándose el gorro con aquella pataleta y tratando de colocar las plumas de su lustroso ajuar. – Vamos alfombra. – se subió sobre su transporte y volvió a volar con el rostro rojo y las venas hinchadas por el enfado.

Nada mas levitar un par de metros se encontró con Shizu, de pié frente a él y con sus ojos negros clavados en su rostro.

-- ¿Quieres jugar? – la voz de la chica estaba contenida, evidentemente estaba enfadada. – Juguemos.

Todos los escombros de alrededor de Shizu comenzaron a levantarse ante la mirada atónita del akuma y antes de darle tiempo a perder ese brillo sorprendido, todo se lanzó contra el como un aluvión.

-- ¡Itatatata! – la alfombra salió disparada esquivando a duras penas los pedazos de roca y suelo. Acabando cogido con fuerza al frente de su alfombra con lagrimillas en los ojos. -- ¡iTATATATA! ¡Eres demasiado rápida! – se quejó y entonces abrió los ojos de golpe y se llevó las manitas rechonchas a la boca. – No, no, no, no. – comenzó a repetir mientras su alfombra giraba sobre si misma y el lloriqueaba ligeramente.

<< ¿Qué demonios…? >> Se preguntó la morena al verle así. Pero le dio igual, estaba agotada, no tenia tiempo para pensar tenía que actuar. La pulsera brilló de nuevo y acabó lanzando los pedazos de granito y mármol que aun quedaba a su alrededor.

-- ¡BASTA! ¡PARA! – gritó con un berrinche evitando los fragmentos cuando uno le dio de pleno y volvió a tirarle. En el suelo intentó incorporarse, hecho una furia, cada vez más enfadado. -- ¡Esto no es divertido! – Apretó los labios, parecía enrojecer y mirar a Shizu ofuscado -- ¡Eres como una estatua! – Gritó de golpe.

Shizu se quedó estática al instante, temiendo quedarse congelada, pero entonces vio que podía seguir moviéndose. Se miró las manos con el ceño fruncido.

<< ¿Por qué no me hace efecto…? >> Se preguntó, cuando recordó como la había acusado de ser rápida, eso no era una verdad, esas palabras no la habían afectado porque eran verdad.

-- ¿Puede ser que…? – le miró y sonrió, era su oportunidad. No sabía cuanto podría durar esa ventaja, tenía que aprovecharla.

Activó el arco de golpe, enseguida notó un pequeño quemazón, su brazo derecho gritó de dolor cuando tensó la cuerda de energía pero aguantó mientras la flecha se hacia cada vez mas y mas brillante.

-- Se acabó el juego…-- disparó sin piedad, iba a darle entre ceja y ceja pero entonces la alfombra se interpuso en la trayectoria y estalló en llamas, lanzando al akuma lejos pero aun vivo. – Mierda… – Abrió de nuevo el arco, viéndole justo alineado con la punta de su flecha mientras se levantaba costosamente, iba a soltar la cuerda, pero entonces la mirada furiosa y rencorosa del akuma la encaró, su sonrisa le congeló la sangre en esos pocos segundos que su enemigo no dudó en aprovechar.

-- No puedes moverte, estatua. – Se congeló justo al soltar la cuerda con un calambre doloroso.

La flecha había salido por la ventana, pero el ligero movimiento de Shizu la hizo cambiar de trayectoria pasando junto al akuma y provocando una pequeña explosión contra la fuente que lo lanzó pero de nuevo no lo mató.

Intentó moverse, recuperar su cuerpo y no lo consiguió. Gruñó mientras el akuma se incorporaba teniendo que apoyar las manos en el suelo, no paraba de reír, había ganado la partida, la había ganado.

-- ¡¡Que divertido!! – rio al fin incorporado. Iba a decir algo más pero entonces una enorme esfera se estampó contra su cabeza, destrozándolo mientras una corriente eléctrica verde se encargaba de desmenuzar el resto de su cuerpo.

Hackett se cargó la inocencia al hombro con un resoplido, ante el cuerpo despezado del akuma, estaba cubierto de sangre, visiblemente herido pero si algo tenían los exorcistas era resistencia.

-- No soporto que me ignoren. – Rezongó con la mirada afilada y enfadado. – También va por ti. – Dijo mirando a Shizu.

-- Cállate, estúpido alemán. – contestó desafiante, y finalmente ambos sonrieron un poco.

No cayeron al suelo, pero el cansancio, las heridas y el dolor nubló los recuerdos a partir de ese momento, era imposible no desconectar cuando la batalla al fin había acabado y los dos estaban a salvo.

Los sanitarios se hicieron cargo de ellos, llevando el estricto protocolo que debían seguir cuando se referían a alguien de la orden. Curar, comprobar su estado actual, preguntar si pueden seguir con la misión e ingresar solo en caso extremo, por lo que como era usual la ambulancia los dejó en el hotel tras haber solicitado un par de buscadores por si necesitaban ayuda.

Hackett, el que peor había salido de aquel enfrentamiento se quedó en la cama durmiendo en su habitación

Faltaban un par de horas para el amanecer cuando se despertó inquieto, fruto de su costumbre de no dormir mucho a pesar del cansancio. Se levantó con cuidado, aunque agradeció no sentir dolor por los analgésicos no quería empeorar las heridas, se aseó y después llamó a la puerta de Shizu sin obtener respuesta.

Se asomó despacio, quizá la chica estaba durmiendo, pero no estaba en la habitación, la cama ni siquiera estaba desecha. Suspiró sin llegar a estar preocupado, pues suponía donde estaba tras recordar como le había evitado al llegar al hotel.

Cogió su gabardina y salió del hotel. Las calles estaban desiertas, apenas había vehículos a lo lejos y se podía escuchar a los gatos maullando en los callejones y en el jardín botánico. Tomó la dirección contraria al nombrado jardín y comenzó a acercarse a la zona de restauración de Atocha.

Encontró el restaurante Bonsai sin mucho esfuerzo, además Komui le había facilitado toda la información relativa a la familia de Shizu. Observó la fachada del negocio unos segundos, parecía tranquilo, y acabó rodeándola por los callejones.

Como esperaba, sobre el techo de una de las casas colindantes pudo adivinar una figura sentada y de cara a la parte trasera del restaurante. Se jugaría la mano a que aquella persona era su compañera de misión.

Dio varios pasos para acercarse, los gatos maullaron entre los cubos de basura y los ojos oscuros de la chica le miraron.

-- ¿Qué haces aquí…?

-- ¿Por donde has subido? – preguntó ignorando la pregunta. La morena lo observó en silencio y finalmente señaló con las escaleras de incendio con el brazo que no tenía en cabestrillo.

Suspiró y subió por las precarias y oxidadas escaleras, alcanzándola y sentándose a su lado.

-- ¿Están bien…?

Shizu había vuelto a clavar la mirada en las ventanas del segundo piso del restaurante. Asintió leventemente, había visto a su hermano leyendo con la ayuda de una linterna hasta tarde y a su hermana recogiendo las sillas y barriendo.

-- Quizá si los visitaras te quedarías más tranquila. – Opinó tras pensarlo unos segundos.

-- Lo dudo. – Fue su contestación, no había sido una respuesta irónica ni dolida, había sonado como una certeza amarga.




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