Mision #2: Hackett Adolph Engels/Shizu Tanabe
Madrid-España.
<< No quiero dormir…>> pensó por vigésimo tercera
vez la morena, escribiendo en su bloc de notas, apoyando el rostro sobre la
mano alzada notando como a ratos se le cerraban los ojos en respuesta a las
violáceas ojeras que crecían bajo ellos.
Escribió otra frase apresurada y apenas sabiendo lo que trazaba
el bolígrafo, todo con tal de despejarse 10 minutos más y no caer presa de
aquellas pesadillas incontrolables, inacabables y tortuosas.
Suspiró. Dejó caer el boli y se froto el rostro con ambas manos,
desordenándose el pelo corto y cada vez más lacio, como si intentara estar
acorde con el estado anímico de la chica. Comenzó a pasar las páginas sin
orden, leyendo frases sueltas, párrafos, ideas que ahora le parecían absurdas a
pesar de recordar la genialidad que la abordo en un primer instante al
escribirlas.
<< Ojala todo volviera a ser como antes…>>
Pasó un par de páginas más encontrando la foto de su hermana,
sin poder evitar observarlo en silencio, sin ser capaz de pensar nada solo con
una extraña sensación hueca atenazando su pecho.
<< Quiero que todo sea como antes…>> deseó echándose
a llorar en silencio, intentando expulsar en cada lágrima la sangre que había
manchado sus manos, las vidas que había arrebatado, las familias que había
truncado, todo lo necesario con tal de sentirse en paz.
“TOCTOC”
Shizu casi pego un bote ante la repentina llamada, miro la
habitación con celeridad, cerrando el bloc y secándose la cara mientras sorbía
la nariz. A simple vista todo estaba en orden, si pasaba por alto su propio
reflejo. Sabiendo que eso no tenía remedio se acercó a la puerta de dos
zancadas y abrió la puerta.
- Ah…. ¿Shizu…? – interrogó el científico, la chica no le
conocía había mucho personal nuevo desde la mudanza, y ninguno agradable, ella
prefería tratar con la gente explotada de Komui, pero a veces era inevitable
que alguno de aquellos “intrusos” fuera a llevarla un trabajo o recado – Komui
te ha citado en su despacho – dijo con simpleza tras el asentimiento de la
morena.
Shizu observó cómo se alejaba con el ceño ligeramente fruncido,
no le gustaba, prefería a los pesados y entrometidos de Komui volvió a pensar
cabezona. Finalmente tras un resoplido cogió la chaqueta del uniforme,
poniéndosela sin llegar a abrocharla y fue al despacho del científico.
Como siempre, bajo la taza de café con el conejito rosa reposaba
una pila imposible de documentos por firmar, enviar y demás tareas de despacho,
lo normal habría sido encontrarle dormido y olvidando el trabajo, aunque a
simple vista eso ya lo hacía, pero no estaba dormido, tenía una carpeta entre
las manos y una sonrisa alentadora que no le gustó nada a Shizu.
- Has venido rápido…- comentó con tono alegre.
Shizu alzó una ceja, antes solía retrasar todo cuanto podía las
visitas al despacho, pero esa era antes, ahora no tenía nada que hacer,
deambulaba por la orden, iba a la enfermería de vez en cuando para que la
tomaran la tensión o cuando la abordaba algún ataque de histeria, y por último
se encerraba en su habitación. Komui sabía todo eso, se había preocupado
personalmente de que la chica intentara animarse sin éxito.
- Lo siento…- se apresuró a decir – bueno…supongo que ya sabes a
que has venido…- dijo tendiéndole la carpeta, la chica la cogió y se sentó en
el sofá leyéndolo con detenimiento, creyendo al instante que aquello era una
puñalada trapera.
- Espero que esto sea un broma…- dijo de golpe alzando la vista,
Komui creyó ver verdadero odio en esos pozos negros, Shizu siempre había sido
cortante y proclive a la ira, pero aquella mirada le sorprendió hasta a él.
- Es una misión sencilla, te servirá para olvidarte de esto…-
comenzó recobrando la compostura.
- ¿Pretendes que tal y como estoy vaya a mi ciudad natal? –
arrastraba la palabras con rencor y burla ácida, aquello era peor que verla
gritar. - ¿Acaso crees que mi familia me recibirá con los brazos abiertos,
prepararemos una bonita cena familiar y me olvidare de todo? – siguió airada –
y eso pasando por alto la compañía que me has asignado. – Lanzó con brusquedad
la carpeta a la mesa – No pienso ir.
///
Una hora después la chica estaba recostada sobre la barandilla
con la maleta a sus pies y una evidente cara de pocos amigos, al menos se le
había pasado el sueño de golpe y momentáneamente odiar a Komui había sido lo
único que había ocupado su mente. Por su boca habían salido sapos y culebras al
ver que el científico no la cambiaba la misión, quizá en otro momento habría
sentido vergüenza de todo lo que le había dicho, ahora no.
-Hackett, Hackett-Una dulce voz llamaba al chico de lo mas profundo
de su ser, haciéndolo removerse y obligase al abrir sus ojos para encontrarse
con los claros ojos de una chica que conocía…pelo rojizo y siempre
sonriente-Valla si duermes como un tronco
-Ha-ruka?-Hackett abrió los ojos encontrando un vacio en su corazón
casi al instante-
-¿Acaso te as olvidado de mi?-La chica le mostro una sonrisa
triste pero parecía que tras de ella se escondía un te perdono
-¿Como podría olvidarte?-el chico se levanto recordaba un viejo
sueño de la misma forma pero de alguna forma ya no sentía tristeza como las
veces pasadas-…¿tu me hubieras olvidado?
-Quien sabe-dijo riendo mientras acariciaba su cabeza que se
posaba sobre sus piernas-No es que te juzgaría por olvidarme…Tu eres el que se
sentencia solo, ¿no es así?
-Supongo…
-Oye esa chica a la que basaste, no esta mal…veo que no se te
quita lo pícaro-rio divertida
-¿La chica?-Hackett se sentía tan tranquilo en esa posición que
podría morir en ese momento y no arrepentirse-…ah te refieres a la morena de
ojos tan oscuros como la noche-Hackett se incorporo y se sentó al lado de la
chica-por que la mencionas?
-¿Por que la basaste?
-¿Por que ibas a querer saberlo?
-Por que tu mismo te lo preguntas…¿no sabes la
respuesta?...Crees que estando muerta me pondría celosa?-rio la chica mientras
poco a poco iba desapareciendo
-No lo se…realmente fuiste las primera en mi vida…estaría mal
ver a alguien tan pronto, ¿no?-Hackett miro con tristeza como desaparecía pero
sus sueños solían ser de esa forma.
-Eso es algo que solo tu decides…no crees que yo hubiera sido
feliz si tu lo fuera
-Es que ella…creo que…
Un sonoro ruido sobre salto al chico haciéndole despertar de
golpe encontrándose con su cama y las sabanas revueltas sobre ella, viendo con
claridad que si era un sueño y nada mas…pero si en ellos solo salía haruka por
que le cuestionaba ese beso…realmente ni el creía saber la respuesta solo era
un baile con ella no veía alguna razón clara para besarla de la nada solo deseo
hacerlo tan simple como eso…pero ni esa respuesta ni lo convencía. Al final se
levanto poniéndose una camisa sin darse para abotonarse para revisar quien
hacia tanto escándalo.
-Oye déjame decirte que no estoy sordo-Hackett volvió a su
típica actitud de recelo y miro mal a un científico quien se escondió detrás de
una tableta de notas.
-Disculpe joven Engels es que el supervisor le requiere en su
oficina…y de ser posible que lleve sus cosas que saldrá de misión-dijo
tembloroso al sentir la sentir la mirada asesina detrás de esos rizos que
trataban de ocultar sus zafiros ojos de verdoso color.
-Maldita sea…que se cree ese, que puede disponer de mí como si
fuera yo su niñera o su criado-Hackett se revolvió el pelo fastidiado-Dile a
ese que ire tan pronto este listo-el chico le cero la puerta en la cara al
pobre científico que solo se sobresalto por el portazo pero termino yéndose
sabiendo de ante mano que ese era probablemente lo que pasaría.
Hackett tardo varios segundos en arreglarse después de tomar un
baño y tratar de olvidar el sueño mientras lo hacia, para después peinarse en
una coleta baja como solía hacer con su largo y rizo cabello, se coloco la
gabardina del uniforme y tomo a su Regenschirm y su maleta se dispuso a ir a la
oficina de Komui. Cuando este llego a la puerta sin sorprenderse por el
desastre el superior revisaba atento una carpeta cuando sus ojos se giraron al
recién llegado.
-Oh Hackett, me alegra que hayas venido-EL superior mostrar su
cantarina sonrisa que siempre podía llegar a fastidiar al chico
-Maldita sea Komui déjate de tantas tonterías y ve al grano una
maldita vez en tu vida-Definitivamente el chico se había llegado a molestar
demasiado, pero mas que por la actitud del superior por esa duda que no quería
abandonar su cabeza
-Nadie deja que me divierta-reclamo como un niño pequeño para
terminar suspirando tomando una actitud mas seria-Bueno como te han dicho
necesitas que te dirijas a hacer otra misión-Komui extendió la carpeta que
releía el científico al chico quien la tomo sin remedio.
-Estas bromeando…me estas mandado a matar moscas…¿que no tienes
mejores prospectos para algo tan simple?-Hackett se quejo viendo que en si la
misión no tenia ningún tipo de complejidad…pero en el fondo no le molestaba del
todo, no molestos acertijos o molestarse en investigar demasiado-Pero que mas
da…mejor para mi, y quien será mi odioso compañero esta ves…o puede que las
noticias son mejores e iré yo solo-rio el chico, cuando Komui le paso la
información de su compañero quitándole por completo la risa
-Es Tanabe Shizu…es algo difícil de tratar te he de
advertir-recalco el científico mirando como el chico se había quedado
mortalmente sin habla.
-Oh…una chica he-dijo sin mucho animo… ¿por que ella? Habiendo
tantas personas en la congregación tenia ser ella-Pues supongo que no ay
remedio-comento volviendo a su actitud dispuesto a ir a esperarla en el arca.
-Espera Hackett…necesito un ultimo favor…-le detuvo el
científico antes de que saliera.
Tras varios minutos en donde Shizu no quería levantarse aun que
ella misma ya tenia preparada sus cosas, Realmente no le ilusionaba salir y
menos a su ciudad natal. Cuando otro molesto tocar en la puerta le fastidiaba
que no dejara de tocar terminando por abrir de mala gana.
-Iré cuando se me de la gana…¡¡Maldita sea!!-Grito la chica
cuando miro quien era ese vez…Su compañero de misión
-Solo venia a recogerte, no tienes por que estar de tan mal
humor-Contesto el chico con ironía, mirando sin remedio las ojeras marcas de la
joven y su irritabilidad tal vez provocada por la falta de sueño-Además ay
mejores formas de desahogar la frustración pequeña-
Shizu frunció el ceño al máximo. Dos segundos frente a él y ya
se sentía irritada y brutalmente controlada ¿Por qué demonios iba a por ella
hasta su habitación?
– Dejemos las cosas claras desde el principio – soltó con un bufido
cerrando su habitación de un portazo y echando a andar hacia el arca – Uno, no
soy pequeña, ni cualquier apelativo ocurrente que pase por tu molesta cabeza.
Dos, soy adulta y no necesito una niñera que me lleve de un lado para otro y
menos al sitio a donde vamos. Y tres – dijo dándose la vuelta para mirarle a
los ojos pero sin llegar a verlos, ofuscada en su malestar y la retahíla que
pronunciaba – Mi frustración, mi enfado, mi “lo que sea”, son asunto mío y de
nadie más.
Volvió a darse la vuelta echando a andar directa hacia las
escaleras metálica, orgullosa y distante, quizá el orgullo era lo único que le
quedaba indemne tras perder la fe en el mundo y las ganas de luchar.
– Es una forma de verlo…– contestó el joven alemán con media
sonrisa que escondía algo más allá. Shizu volvió a mirarle sin verle,
contestando únicamente con silencio.
Ascendieron las escaleras dejando que el ruido metálico llenara
aquel mutismo. Fue Hackett el que con ligera irritación pidió que abrieran el
portal, y de nuevo fue él, el que atravesó la luminosa puerta para llegar a la
calcárea ciudad. No se podía decir que Shizu le siguiera, tampoco que diera pié
a ir por delante, simplemente iba en su pequeño universo alzando la vista ante
la inquietante ciudad sin vida. Pero como se había hecho común en ella, miraba
pero no veía.
Sus ojos solo parecieron enfocarse y estrangularse ante aquel
letrero. Madrid.
El nombre de la ciudad reverberó en su interior, cayendo como
una piedra fría sobre su estómago, destrozando la aptitud distante y dejando
entrever el nerviosismo y la pequeña agonía.
– Ni si quiera tienes que estar más tiempo del imprescindible…–
le había dicho Komui tras las negativas – Tampoco te pido que vayas a ver a tu
familia, pero tú sabes moverte en esa ciudad y en ese parque en concreto, es
por eso por lo que se te ha asignado no por otra cosa – siguió insistiendo.
– “En Madrid ha habido recientes ataques de akuma en el parque
del retiro, la población cada vez teme más salir de sus hogares y es nuestra
misión salvaguardar su seguridad y alentar sus vidas con nuestro mensaje de
esperanza.
Vayan al lugar y disuadan a los akumas que aterrorizan a los
paseantes.” – Había leído ella con tono hosco – Puede que conozca la ciudad,
pero esta misión es para un novato – insistió buscando cualquier cosa a la que
aferrarse con tal de no ir.
– ¿Ah, sí?... ¿Qué porcentaje de sincronización tienes con
Gravitation? – La pregunta la aguijoneó.
– ¿Desde cuándo das esas puñaladas?
– Desde que no acatas mis órdenes Shizu, soy tu superior – dejó
claro, sin dejarse amedrentar por la furibunda mirada de Shizu y la rabiosa ola
de improperios que soltó a continuación.
Sí, había quedado clara su posición en ese maldito lugar. En el
fondo sabía que Komui no se merecía ese recién nacido odio hacia él pero ahora
no veía más allá de los actos, no era capaz de ver si la gente intentaba
ayudarla, si sentían lástima de sus ojeras y su mal aspecto, si simplemente les
daba igual. Por eso ahora miraba sin llegar a ver realmente, era más cómodo y
la proporcionaba protección o al menos una sensación similar a eso. Antes podía
llegar a importarle mínimamente qué pensaban de ella, aunque realmente solo le
importaba lo que pesaba una única persona, una persona a la que sentía que
había abandonado a su suerte.
¿Qué estaría haciendo en ese momento? ¿Intentaría afrontar una
misión como hacia ella? ¿Dónde estaba Bianca?
Ni si quiera había tenido el valor de preguntárselo a Komui. Y
todo para no recordar, ya tenía suficiente con sus pesadillas.
– Las damas primero – dijo Hackett abriendo la puerta para ella,
sacándola de su ensimismamiento.
La morena de nuevo pasó sin contestar.
<< Esto puede llegar a ser más molesto de lo que ha dicho
Komui >> Pensó el chico cerrando la puerta tras de sí. Sin molestarse en alzar
la vista hacia los altos techos, las cristaleras atestadas de apóstoles y el
fondo cavernoso donde se iluminaba la escena de Cristo crucificado, en un
entorno austero y pobre en contraste con los ornamentados alteres dorados donde
descansaba una mujer.
– La parroquia del Carmen – susurró la morena con repentina
aprensión. Reconocía esa iglesia, era del centro, en la calle Tetuán, más cerca
de Atocha de lo que había pensado. Recordaba la estación de tren, con su jardín
selvático interior, era un buen recuerdo, veía la gran construcción de hierro
desde su habitación cuando era pequeña. Demasiado cerca del negocio familiar.
– Bienvenidos seáis – dijo el cura, saliendo del confesionario,
rodeado de su olor a incienso y la toga completamente negra al contrario que su
cabello nevado y ralo.
– Buenos días padre…– Contestó ella ante el ceño ligeramente
fruncido de Hackett, en Madrid no se hablaba demasiado bien el Inglés y los
sacerdotes no eran una excepción.
– Me ha llegado un telegrama con su hospedaje desde la orden –
siguió dándole un pequeño sobre azulón. – El hotel medio día, en la plaza de
Carlos V – explicó antes de que llegara a abrir el sobrecito. De nuevo un golpe
frío atenazó su estómago. – Pueden llegar andando por la calle Carretas y bajar
por la calle Atocha, allí lo verán a mano izquierda nada más divisen la
estación de tren. Pueden ir también con el autobús…
– Iremos andando – contestó Shizu a toda velocidad, cuanto antes
pudiera retrasar la llegada al hotel mejor. – Soy de aquí llegaremos sin
problemas. – explicó con algo de sequedad ante la confusión del hombre vestido
con hábito.
– Ah, ya me parecía extraño que tuvieras un español tan bueno.
Shizu no esperó más, sin siquiera contestar salió a la calle. El
bullicio céntrico los abrazó, aquellas calles estaban plagadas de comercio y
siempre, fuera invierno o verano, entre semana o fin de semana había gente,
paseando, comprando, yendo a trabajar…
– Estamos a media hora de camino…– le dijo a Hackett cuando le
escuchó a su espalda y sin más echó a andar.
Miró las calles con nostalgia, la última vez que había estado
allí era ella la que se giraba con curiosidad al oír hablar en inglés, ahora
era al revés, la gente se giraba para mirarles con curiosidad a ellos.
Llegaron a la plaza del sol, plagada de transeúntes, tranvías
resonando sus campanas con furia ante la muchedumbre, los puestecitos de venta
de barquillos rodeados de niños, las mujeres vendiendo lotería junto a la
famosa pastelería de “La mallorquina” y el ligero aroma a mantequilla cada vez
que la puerta del lugar se abría ante la salida de un cliente con una enorme
napolitana de crema o la entrada de uno entusiasmado ante la tentativa del
dulce.
Shizu aun recordaba como todos los sábados, su padre y ella iban
en bicicleta hasta el centro, llevaban los cuchillos a afilar al final de la
calle atocha, después se acercaban a la plaza mayor, comían un bocata de
calamares y merendaba una enorme palmera de azúcar de la mallorquina. Nunca
conseguía acabársela pero su padre siempre le compraba una entera para ella
sola.
– Los dulces siempre hacen sonreír a la gente, ¿Quién sabe si
hoy te acabas la palmera y sonríes un poco más, mi grajilla? – la decía todas
las semanas, y ella automáticamente, semana tras semana le había sonreído un
poco más a pesar de no acabarse el bollo.
La chica había sonreído sin darse cuenta al cruzar la plaza,
pero lo hacía con algo de tristeza.
– ¿Estás bien? – la preguntó de repente Hackett, no la miraba
directamente para no incomodarla pero parecía estar pendiente de sus
reacciones.
– Perfectamente. – Contestó rotunda.
Al cruzar al otro lado de la plaza, junto al reloj del Sol que
la daba nombre, subieron por la calle Carretas. La calle de las mujeres por
excelencia, solo había tiendas de ropa femenina. Alcanzaron la plaza de
Benavente, con el teatro al fondo y el final de la calle Atocha a la izquierda.
Desde la entrada a la plaza se podía ver la tienda de afilar cuchillos.
Una vez más, cruzaron la glorieta mientras las palomas se
alejaban apremiantes de ellos con su ulular y las papadas más que llenas,
atiborradas por las señoras mayores que iban allí con sus nietos a darles migas
de pan.
La calle Atocha era larga, mucho menos transitada que el centro
de Madrid, pero más agradecida, con árboles en los extremos de las aceras
guardando a los transeúntes del asfalto y los enormes escaparates de maquetas
atrayendo a los niños que iban hacía el centro con sus familias en la acera
derecha. La izquierda era un seguir y no parar de hoteles, cafeterías y casas
caras.
Tras casi 20 minutos andando, ya podían ver la plaza de Carlos
V, casi tres veces más grande que la plaza del Sol, con la enorme estación
alzándose en el centro, hecha enteramente de hierro burdeos, cristales
traslúcidos y ladrillo basto.
No se podía negar que era un lugar privilegiado a la vista de su
misión. Desde allí estaban a escasos 2 minutos de la entrada trasera al parque
del buen retiro contiguo al jardín botánico.
El Hotel medio día, era muy grande, y algo ostentoso o eso le
parecía a Shizu de pequeña, acostumbrado a recibir huéspedes de todas las
naciones, con recepcionistas conocedores de inglés, francés e incluso algo de
alemán. Así que cuando entraron en la engalanada recepción de alfombras
perfumadas Shizu dejó que Hackett se encargara de todo mientras miraba por la
puerta de cristal giratoria.
Desde allí veía la calle Ronda de Atocha, que empezaba justo
donde acababa la Calle
Atocha unida por la plaza. En esa calle, justo frente a la
estación estaba el restaurante “Bonsai”, el restaurante de su familia.
De nuevo se le cerró y congeló el estómago. Demasiado cerca.
– Shizu – la llamó Hackett poniendo una mano sobre su hombro, al
parecer el chico ya la había llamado tres veces sin conseguir captar su
atención. Ella se sobresalto ligeramente ante el tacto y se separó por pura
inercia, pero no llego a alzar la voz o mostrarse enfadada. – ¿Seguro que estás
bien?
– Si, vayamos a las habitaciones estoy cansada – dijo en apenas
un susurro robándole una de las llaves comenzando a subir las escaleras. Aquella
ciudad parecía estar tragándosela poco a poco, apenas era media mañana.
Se hospedaban en el quinto piso, superando justo la copa de los
árboles y ofreciendoles una panorámica de la plaza desde la fachada derecha, de
la estación desde la frontal y del parque desde la izquierda. Para alivio de
Shizu se encontraban en la sala este, hacia el parque. Las habitaciones eran
amplias, con moquetas cuidadas, visillos suaves y pesados y dos puertas.
No era el armario, porque el mueble se encontraba frente a la
cama, así que una debía de ser del baño y la otra…
La morena dejó la maleta sobre la cama con el ceño ligeramente
fruncido. Abrió una de las puertas encontrando como ya había supuesto el baño
de colores sepia y blanco, incluso los botes de jabón y la grifería iban
conjuntadas. Cerró la puerta y fue hacia la otra, abriéndola y quedándose algo
confusa ante lo que vio. Era la habitación de Hackett.
El chico parecía tan sorprendido como ella en un principio,
hasta que se encogió de hombros con una pequeña sonrisa traviesa, como si le
acabaran de pillar robando un poco de nata con el dedo de un pastel, una
sonrisa que molestaba en grado sumo a Shizu.
– Suite compartida – contestó con una voz tintineante
completamente sincronizada con su actitud.
– Pues ni se te ocurra cruzar esta puerta – gruñó cerrando de un
golpe.
El chico solo miro como la española volvía a cerrar la puerta
que ella misma había abierto con curiosidad, el había mantenido una sonrisa
hasta ese momento en que se cero para borrarla en un segundo mientras se
rascaba la nuca y desataba el listón de su cabello, para dejar caer su pelo
rizado sobre sus hombros, aquello se empezaba a tornar complicado para el
chico, era la primera vez que no tenia un comentario sarcástico o alguna queja
de su compañero, pero eso no quitaba que dejase de tener problemas. Se
desabrocho la camiseta y la dejo a un lado mientras acomodaba su ropa en los
cajones, no llevaba demasiado equipaje así que no le llevo mucho tiempo,
después de hacer eso solo fue para tirarse en la cama mirando el techo sin
quitarle sus verdes ojos de enzima.
Mientras tanto Shizu aun susurraba comentarios molestos hacia la
actitud tan sin cuidado de su compañero, si no había sido suficiente el echo de
que el fuera su compañero, fuera por ella a la habitación y ahora esto una
habitación continua que solo los separaba era un delgada puerta de madera,
realmente ya no sabia si esa misión podía empeorar, con el cansancio creciente
sobre sus pupilas y sus temblorosas piernas por la falta de una alimentación
adecuada, la morena con tal de no quedar sumida en un sueño y una nueva
pesadilla entro en el pequeño cuarto de baño abrió la perilla de agua fría
dejando que las recelosas gotas cayeran con recelo sobre ella haciendo que un
escalofrió subiera por su espina dorsal, la chica suspiro la sensación había
perdido efecto muy rápido antes su piel resentía mas tiempo el rose del agua
fría, pero parecía hacerse inmune a ella.
Después de un rato de dejar que las gotas hicieran parte de su
trabajo, salió del pequeño baño secándose aun el cabello con una pequeña toalla
que colgaba de sus hombros; llevaba una pequeña blusas de tirantes unos
pantalones cortos de mezclilla que llegaban al borde de sus rodillas, al mismo
tiempo que caminaba por el pequeño suelo cubierto de una aterciopelada alfombra
que resentía sus pies descalzos vio con recelo la pequeña cama individual
perfectamente tendida y las colchas sin una sola arruga, pero desvió la mirada
casi al instante encontrándose con un pequeño escritorio de madera pintado de
un color negro con decorativos dorados para resaltar los detalles del pequeño
mueble, con los ojos casi cerrándose y las pocas ganas de dormir, tomo su
pequeño blog de notas y empezó a escribir como ya solía hacer, las hojas
estaban maltratadas y la parte superior por completo desgarrada, haciéndose
visible es constante desprendimiento de hojas; “Por que una misión precisamente
con el”…”aun que si soy sincera…quisiera que su propia presencia me impidiera
el sueño”…”no quiero dormir”…Siguió escribiendo ese tipo de frases cortas, que
le ayudaban a mantenerla en una charla mental con ella misma con tal de no
sumirse en sueños, pero esta vez parecía que eran menos eficientes pues los
ojos se le cerraban pesadamente, sacudió la cabeza y golpeo sus mejillas varias
veces, pero esta vez el cansancio le pudo mas dejando caer el lápiz mientras su
cabeza terminaba enzima de su escritura sumida en un sueño:
Era oscuro y bastante frio Shizu, se levanto del pesado suelo
pero al hacerlo sintió como la superficie era blanda y bastante suave, abrió
sus oscuros ojos y voltio sus manos encontrando un rastro de sangre sobre sus
palmas, su aliento empezó a acelerarse y sus ojos a llenarse con error
encontrando una pila de cadáveres debajo de sus piernas, la chica grito y se
echo para atrás al ver que los cadáveres se removían y se levantaba eran
cuerpos pequeños que le empezaron a cubrir desde los tobillos hasta sus caderas
para retenerla.
-¿Por qué?...¡¡por que nos as matado!!-dijeron casi en coro con
voces escalofriantes, frías e infantiles, mientras unas risas retorcidas iban
creciendo lentamente.
-…No…yo…no-tartamudeo Shizu desesperada zafándose de los agarres
de las manos frías y cicatrizadas de los niños.
-¡Jeejeje!-rieron mas escalofriantes-…¡no puedes huir¡…¡no puedes
huir!-repitieron mas de una vez mientras se acercaban a ella de una manera
robótica arrastrando sus piernas sobre el suelo y llegando lentamente para
rozarle y rasparle con esas uñas sucias.
-No... ¡DÉJENME!-grito la chica entre sueños.
Hackett que estaba en la otra habitación escucho ese ultimo
grito de la chica y sin ponerse la camisa, desobedeció la primera orden del la
chica entrando al lado de la morena, cuando entro le miro en el suelo seguro
del impulso de su cuerpo ante aquella pesadilla que expresaba terror atreves de
su rostro, el cuerpo de la chica se removía pataleando y alzando los brazos con
brusquedad, fura lo que fuera en su pesadilla parecía luchar.
El chico se acerco rápidamente a recogerla antes de que se
hiciera daño a ella misma, le tomo entre sus brazos notando la desesperación y
algunas lágrimas salir de entre sus pestañas.
-Shizu despierta-dijo sacudiendo un poco a la morena y dando una
palmadita en su rostro, peor parecía no funcionar.
-¡No…basta…aléjense…por favor…lo siento!-repetía la chica
tratando de abrir los ojos desesperada, el panorama no mejoraba los niños le
tenían rodeada y todos le jaloneaban y preguntaban por que...
Shizu estaba aterrada, de golpe sintió un escalofrió y como la
pared se desmoronaba a sus espalda y ella caía en un pozo interminable, que le
izo despertarse de golpe con la respiración agitada y el corazón casi
saliéndosele del corazón.
-Ah…-Las pupilas de la chica habían explotado en un baño de
lagrimas se aferro al chico sin pensar, necesitaba algo a que aferrarse, en ese
momento eran tan vulnerable, solo quería desaparecer…era lo único que deseaba,
deseaba un soporte.
Hackett le tomo entre sus brazos frotándole la espalda tratando
de calmarla…pero su cuerpo temblaba esta frio y sus lagrimas corrían por su
pecho y sus manos se aferraban a el.
-Ya…solo a sido un mal sueño-repitió el chico al verla tan
decaída.
Shizu termino por calmarse notando el cuerpo del chico su torso
desnudo enfrente de ella, se odio en ese momento y le aparto de mala gana.
-Lárgate…
-Pero…Shizu-dijo el chico
-¡¡Que te largues!!-grito mas fuerte la morena levantándose de
mala gana para abrir la puerta al chico.
-Como deseos-solo se limito a decir pasando por el arco de la
puerta, para girarse y recibir un portazo de parte de la morena
-¡Maldición!-susurro dejándose caer por la puerta hasta que toco
el suelo, coloco su cabeza entre sus piernas mientras las rodeaba con sus
brazos…sintiendo el pesar en su corazón, pensó que ya no le afectaría tanto esa
pesadilla…pero parecía que aun era capas de desmoronarle.
Los brazos aun le temblaban alrededor de las piernas, y las
gotas salinas seguían irritando sus mejillas mientras apretaba la espalda
contra la puerta, parapetándola con su propio cuerpo, a pesar de que sabía que
tras haberle echado Hackett no volvería a entrar. Al menos por ahora.
Y saberlo era alentador, el exorcista alemán era otra persona
más que iba y venía, ¿Para qué aferrarse a su consuelo? No, no lo necesitaba,
las almohadas secaban las lágrimas tanto o mejor que unas manos, las paredes no
juzgaban los gritos que perdía durante sus pesadillas y los muebles no la
miraban con ojos compasivos.
<< No le necesito…>> Se repitió hundiendo el rostro
entre las rodillas escuchando solo el murmullo que Hackett levantaba al otro
lado de la puerta.
La ropa alzaba pilares cada vez más altos en el armario del
exorcista, normalmente el chico era muy meticuloso y ordenado, pero en esta
ocasión apenas distinguía que ponía a un lado y a otro. Estaba extrañamente
hastiado y ofendido, casi furioso.
Ni que hubiera hecho nada malo para que se pusiera así con él.
Gruñó cerrando el armario por fin y dejando la maleta vacía debajo de la cama.
Observó la habitación sin saber qué más podía hacer, ciertamente ahora no tenía
ganas de nada, así que simplemente se sentó en el borde de la cama con el ceño
aún fruncido.
Entonces, la puerta sonó.
Alzó la vista de la ribeteada moqueta, mirando primero la puerta
que conectaba la habitación de la chica, pero de ahí no había venido el sonido.
Se levantó, sin darse cuenta de que aún no se había puesto la camisa, y abrió,
sorprendiéndose de encontrar a Shizu al otro lado.
- Am…- la chica se echó un paso hacia atrás al verle con el
torso descubierto, pero Hackett no supo si se había ruborizado o eran los restos
que había dejado la chica al secarse las lágrimas con furia. – vístete y
vayamos a investigar, cuanto antes acabemos mejor…te espero en la recepción. -
dijo simplemente, sin esperar respuesta recorrió el pasillo y bajó las
escaleras.
Hackett no sabía si gritarla o simplemente ignorar esa actitud,
pero desde luego era frustrante ¿Cómo debía actuar? Gruñó cerrando la puerta
con algo de brusquedad, se puso una camisa y cogió la gabardina para bajar a la
recepción del hotel.
- Es casi la hora de comer…- comenzó mirando el enorme reloj que
había sobre las puertas del hotel – no creo que sea el mejor momento para…
- Dentro del parque hay puestos de comida, podremos comer allí.
– contestó Shizu con sequedad.
- Como quieras…- acabó accediendo de mala gana.
Salieron del hotel, encontrando la abarrotada ronda de atocha
con los tranvías pitando mientras todavía algunos corrían para saltar dentro
del coche en el último momento y con calzador entre los demás pasajeros.
Shizu fue la que encabezó la marcha, aceleradamente en dirección
contraria al negocio familiar, pasando junto al jardín botánico, del cual
brotaban los maullidos de los gatos callejeros que se reunían en él, y llegando
a la entrada posterior del parque “Del buen retiro”.
Como ya había dicho Shizu, a pesar de ser la hora de la comida,
había bastante gente en el parque, algunos paseaban, otros estaban sentados en
el césped con un pequeño picnic mientras los niños jugaban con un bocata en la
mano, perdiendo el contenido en las frenéticas carreras y haciendo que las
hurracas y los grajos bajaran a devorar el festín.
El ambiente era distendido y alegre, de fondo podían escucharse
a algunos músicos tocando en la avenida del fondo y el griterío de los pequeños
frente la hilera infinita de titiriteros, cada uno con una historia más
estrambótica. Pero la gente se callaba al verles y tendía a alejarse, Hackett
no los culpaba, los que conocían el significado de las insignias sabían que
había problemas y los que no, preferían no meter demasiado las narices e imitar
a los que se alejaban entre murmullos.
- Oye…lo de antes…- Comenzó la exorcista sacándole de su
ensimismamiento.
- Ah…Shizu….- soltó un pequeño suspiro rascándose la coronilla,
parecía que aquella era su oportunidad. – Deberías saber que yo…
- Es asunto mío, ya te lo advertí. – le interrumpió
- ¿Perdona? – cuestionó algo confuso, alzando una mano y
parándola por el brazo, pero ella ni si quiera se molestó en girarse.
- Que no te incumbe, que no vuelvas a entrar a mi habitación sin
permiso, que ni se te ocurra pensar que puedes ayudarme. – se soltó con
brusquedad y siguió andando.
Se quedó completamente plantado, sorprendido ante aquella
afirmación fría de la chica, aunque debería habérselo esperado ¿no? Guardó las
manos en los bolsillos aun sin avanzar y finalmente acabó sonriendo desafiante
alcanzándola.
- Hare lo que quiera, princesa de hielo. – se limitó a decir,
sonriente y ligeramente amenazador. No es que la hubiera hecho caso jamás ¿Por
qué ahora debía hacerlo?, pensaba que al ser algo tan personal debía darle
espacio, pero aquello no funcionaba así que la estrategia cambiaba y se hacía
más interesante.
- Atente a las consecuencias - contestó claramente molesta,
mirando al frente.
- Hmmm…seguro que las disfruto…- se rió acelerando, y ahora fue
Shizu la que se quedó plantada mirándole de par en par.
Apretó los puños, bajando la vista para tranquilizarse. ¿Por qué
no la dejaba en paz? ¿Por qué tenía que inmiscuirse? ¿Qué demonios le
importaba? No era más que otra persona más, no era más que otro exorcista que
podía morir en cualquier día. ¿Por qué? No lo entendía, no quería hacerlo, solo
quería que la dejaran en paz.
<< No dejes que te afecte…no le escuches…no
llores…>> se repetía mentalmente una y otra vez, respirando hondo,
contando hasta diez hasta ser capaz de poner un paso tras otro, olvidándose de
lo que había alrededor << No llores…>>
Entonces un grito inundó el parque. Ambos reaccionaron al
instante echando a correr por el paseo en dirección del griterío. La escultura
del ángel caído, soberbia y bella les recibió junto al estanque haciendo que se
les helara la sangre, parecía echar a volar en cualquier momento, era
inevitable no mirarla. Pero otro gritó les hizo apartar la vista de la negra
figura. Contra la valla del enorme estanque la gente se arremolinaba y una
mujer gritaba un nombre.
- ¡¡¡CARLOS!!! - Volvió a gritar, creyeron que jamás podrían
olvidar como la madre gritaba desgarradoramente el nombre de su hijo.
El niño había caído al agua, se había golpeado contra la pared
de piedra quedando inconsciente y se hundía en el agua sin remedio. Las
pequeñas barquitas se acercaban tan rápido como podían pero todas estaban
demasiado lejos y nadie se atrevía a lanzarse al agua varios metros más abajo.
Hackett no lo dudó. Se quitó la gabardina y se lanzó al agua
justo cuando Shizu llegaba y se asomaba con medio cuerpo sobre la barandilla de
hierro. Sabía que el estanque era muy profundo y turbio, el fondo era irregular
y la pared de piedra tenía algunos salientes por los años.
Contuvo la respiración como la madre del niño, esperando una
señal, una burbuja, una silueta, lo que fuera. Pero no llegaba, cada vez
pasaban más segundos y no había señal alguna. Se quitó la chaqueta dispuesta a
lanzarse ella justo cuando el chico salió de golpe con el pequeño entre sus
brazos, jadeante.
- ¡Hackett! – le fue imposible reprimir el grito de alivio.
Activó la inocencia y con el nivel uno les alzó hasta dejarlos en el suelo
chorreante, pues era imposible escalar dos metros de pared lisa, húmeda y resbaladiza
con un niño en los brazos.
El chico tosía un poco, pero el niño no paraba de hacerlo,
lloraba incontrolablemente mientras aun soltaba aun tosía agua, sin soltarse de
la camisa del chico, con la ropa empapadas y manchada de dios sabia que.
La madre del chico se precipitó entre la gente que ayudaba a
Hackett a levantarse, mientras Shizu observaba a un par de metros.
“Gracias” “Que dios te lo page” “Bendito seas” repetía una y
otra vez abrazando a su hijo entre lágrimas. Tuvieron que pasar varios minutos
para que la gente se disipara y dejara de felicitar u ofrecerle ayuda a la
madre o al alemán. Shizu se había sentado en uno de los bancos y esperaba con
dos bocadillos de tomate y jamón.
- Creía que te habías fugado de mi…- dijo el alemán sonriente
sacudiéndose el pelo apelmazado, Shizu solo alzó una ceja con un bufido,
tendiéndole uno de los bocatas mientras se sentaba.
- Pensé en hacerlo cuando tu culo estuvo sobre el asfalto de
nuevo, pero el niño me preocupaba y también que el bullicio atrajera un público
“non grato”.
- Ya veo…- abrió el pequeño paquete de papel amarillento que
contenía el bocata, dándole un bocado – Gracias por subirnos, no habría sido
nada fácil.
- Solo iba a subir al niño, pero no te soltabas de él – gruñó,
Hackett como respuesta soltó una pequeña risa ácida. Shizu le miró algo
enfadada, lo cierto es que lo decía bastante en serio.
Pero aun así no contestó y Hackett tampoco lleno el silencio
reinante mientras comían, simplemente la miraba de vez en cuando tratando de
que las miradas no la llegaran a incomodar, al menos ahora no quería hacerlo,
quizá fuera distinto en un futuro cuando fuera más difícil que la chica lo
lanzara a algo parecido a un estanque…
- Hmmm… ¿Qué es ese olor? – preguntó el alemán de repente con
medio bocadillo entre las manos. Frunció el ceño mirando por detrás de su
hombro, volvió a mirar al frente mientras Shizu alzó una ceja mirándole
masticando. El chico volvió a fruncir el ceño, olía como a estancado…- Mierda…
¿Soy yo…?
Shizu le miró unos segundos, considerando el grado de estupidez
que merecía ese comentario, pero finalmente no pudo evitar volver a su
bocadillo con una pequeña risa escondida.
<< ¿Quién se ha tirado al estanque? ¿Quién sino es?
>> Quizá en otro momento hubiera dicho eso entre risas…
El chico se quedo un rato asqueado por su propio aroma, aun que
juraría que la chica que le acompañaba se había reído y lo había escondido
detrás de su bocadillo, y si eso sucedió seria como una pequeña victoria, aun
que algo sucia tendría que admitir.
-¿Podemos volver al hotel?-cuestiono sin mucho ánimo de estar
caminando con ese aroma que no sabía exactamente de qué desechos provenía, y no
quería averiguarlo
-¡No!…quiero terminar con esto cuanto antes-dijo tajante,
acabando su bocadillo y arrojar el papel amarrillo al bote mas cercano de un
tiro casi maestro, no podía permitir retrasos, no, más bien quería marcharse
cuanto antes, ya no quería pisar esa plaza, ya no quería pisar esa tierra, esa
ciudad en particular
-¿Tú de qué vas?-aun que la verdad quería ayudarla con sus
problemas, había ocasiones que no podía evitar que sus comentarios le sacaran
de quicio-Por una hora, un día, un segundo, ¿esta misión no se resolverá?, aun
así nos tomemos un descanso para dormir, para comer, para descansar…los problemas
y la respuesta seguirán ahí, ¿qué quieres? Investigar toda la noche. Crees que
así podrás acabar con el problema de raíz y si dormitas a mitad de la batalla,
si te flaquean las piernas por el cansancio, si tu cerebro no funciona bien por
la falta de comida…mira-se rasco la cabeza desesperado
Shizu iba a contestar algo; ya le había aclarado la primera vez
que eran sus problemas, él no tenía que meterse ni soltarle el discurso de su
vida, poco debía importarle sus problemas y poco debería interesarle si tenía
problemas, además esa misión era poca cosa, acabar con los Akumas que radiaban
la plaza tenía que haber un nido o algo por el estilo en los alrededores así
que buscarlo y localizarlo no debería tomar tiempo.
Pero entonces la chica
miro detrás del chico una niña pequeña correr sus cortas coletas oscuras se
mecían mientras una niña del mismo color de pelo, que parecía la hermana mayor
le había pescado en un abrazo cariñoso.
“-No, Nee-chan, eso es trampa-
-Te he dicho que no salgas corriendo tan de repente, debes tener
cuidado o te vas a lastimar… ¿Entendido?
-¡Está bien!, lo haré por que Shizu-nee-chan siempre tiene la
razón”
-Miku…-susurro tan quedo que Hackett no la alcanzo a comprender,
voltio y solo miro a dos niñas alejarse de pelo al parecer castaño claro y
brillante por la luz del sol además su pelo era corto para ambas, pero Shizu
parecía perdida en ellas-
-¿Shizu?-le llamo preocupado por la ausencia de la chica.
La chica meció la cabeza, “no, no, la ciudad no puede atraparme”
se repitió mentalmente levantándose de la banca, giro el rostro que parecía
agitarse rápidamente y parecer dolido, pero ahora sus ojos se habían perdido en
una pareja de amigas tomadas de la mano.
“-¡Nee-chan!-una chica de cabello rubio había caído sobre los
hombros de la que parecía ser ella misma reflejada en ese par de amigas que
solo miraba Hackett al seguir el rumbo de su mirada.
-Nee-chan, me has tomado por sorpresa esta vez…-la miraba con
aparente enfado pero termino por sacarle la lengua y sonreírle-me da mucho
gusto verte-contestaba Shizu o lo que era una vieja memoria
-Es que no pudo evitar lanzarme a abrazarte, sabes que te quiero
mucho-rio, si esa era su mejor amiga con esa sonrisa que ella no podía negar
extrañar-…Ne ¿quieres almorzar conmigo? Jerry se pondrá muy feliz si vamos
juntas…y yo también-volvió a sonreír cálidamente
-Claro, me apetece una buena tortilla-dijo mientras se alejaban
y desaparecían-yo también te quiero tontuela”
-Bi…Bianca-la voz se le empezaba a cortar, las lágrimas se
contenían en sus mejillas queriendo explotar
-Shizu, Te estoy hablando, ¡Reacciona!-el chico había tomado un
hombro de la chica pero esta lo aparto con brusquedad con la respiración
acelerada
-Te dije que no te metieras-le grito con enfado y después los
ojos de la chica se horrorizaron
-¿Shizu?-volvió a cuestionarle confuso, enfadado, pero al final
preocupado
-Ale-aléjate-Retrocedió
-¿Qué pasa?-dio un paso hacia delante
-¡ALÉJATE!-grito una vez más llamando la atención de la gente
que paseaba en la plaza, unos empezaron a ver mal a Hackett, como si se tratara
de un acosador sexual, otros miraban una pareja discutiendo.
Pero Shizu empezó a ver todo oscuro, los niños a su alrededor
empezaban a tener sangre, empezaban a caer muertos, su carne empezaba a tener
aspecto putrefacto, y frente a sus ojos estaba la planta que le había quitado
muchas cosas.
-No importa donde vallas, tus pecados te seguirán-pronuncio la
planta mientras se acercaba a ella
-…No es cierto-la chica elevo las manos, para encontrarlas
cubiertas de sangre con horror-…ya basta-dijo sin poder contener mas las
lagrimas-aléjate de mí-
La chica echo a correr desesperadamente dejando a Hackett atrás,
su alrededor se volvía sangriento había muertos en todas direcciones, había
viejos recuerdos enterados y todos le culpaban hasta de cosas de las cual no
era responsable.
“-Tú padre murió por tu culpa, tú me lo quitaste, te odio-su
madre había aparecido enfrente de ella y se había vuelto a convertir en un
akuma, sin explicación su arco estaba afuera y la flecha ya le había
atravesado.
-¿Qué hiciste?-salía su hermana Sakura, mirándola con
odio-¡lárgate!, todo es tu culpa, no quiero volver a verte nunca-
-Nee-chan, ¿Por qué me dejaste? ¿Por qué dejaste que me
vendieran?...porque-Miku preguntaba entre lagrimas
-¿Por qué no me abrazaste?, ¿Por qué no me dijiste que me
querías?, ¿Por qué escapas de mi?...tan poco valgo para ti-“
-Basta, basta-pedía a suplicas Shizu, cuando alguien le había
tomado de un brazo y había jalado hasta su pecho-Aléjate, aléjate-se removió
-Con un demonio…que despiertes-se escucho cuando una sensación
cálida invadía sus labios, mientras sus ojos que poco a poco se enfocaban a la
realidad, cuando se apartaron y solo vio los ojos verdes de su compañero sobre
ella-No te pierdas
-Lo…siento-fue lo último que pudo pronuncio mientras quedaba
inconsciente entre sus brazos.
El chico miro el recorrido de la chica, asustado y las lagrimas
a flote ¿Qué demonios le había ocurrido?, porque se disculpaba con tanta
impaciencia. Bueno lo mejor en ese momento era volver al hotel, llamar a un
médico y darse una buena ducha, por ese día ya había tenido suficiente.
- Eso fue un tanto cruel, mi señora – Dijo un joven de pelo
claro que observaba como el exorcista cargaba a su compañera y ponía rumbo al
hotel con unos ávidos ojos rojos. Estaba sentado en uno de los bancos de
piedra, de espalda al estanque y con una chica de cabellos negros tumbada y
recostada sobre sus piernas. Parecían una pareja normal y corriente.
- No lo creo…- Contestó ella alzando ambas manos mientras una
criatura diminuta se iluminaba entre ellas, revoloteando como un insecto y
emitiendo zumbidos mecánicos. – Por algo modifiqué a este pequeñín…
- Si lo hicisteis pensando solo en este momento tacharía vuestra
relación fraternal de obsesiva…
- Eso es una insolencia – comentó de mala gana, aunque su rostro
no expresó emoción alguna – Si no fueras tú, habría acabado contigo.
- Pero soy yo, mi señora, y por eso me atrevo a decirlo – Dijo
con una sonrisa inocente.
- Debería darte una lección Angello.
- Quizás sí mi señora. – Respondió complaciente, como buen
siervo que era.
- Así aprenderías modales y controlarías tu lengua.
- Dejaría de agradaros con una lengua tan corta. – Objetó.
- Eso será mejor que lo dejes a mi juicio.
- Como deseéis. – Rió despacio y dejó que el silencio los
volviera a envolver.
El pequeño akuma siguió zumbando, era del tamaño de una pelota
de golf, y su poder era uno de los más divertidos para Miku, hacia rememorar
cualquier recuerdo traumático y nublaba los sentidos como una escafandra
hermética con su zumbido. Durante la fase de pruebas había visto incluso como
conducía a sus víctimas al suicidio o a accidentes trágicos…que pena que su
hermana no hubiera corrido la misma suerte.
- ¿Qué te parece el nombre de Deadly-buzz? – Preguntó mientras
el insecto mecánico, con la forma similar a una avispa de largas antenas, se
posaba sobre la palma de su mano alzada.
- Práctico pero poco original mi señora – Contestó sincero.
- No soy una niña poniéndole nombre a su perro. – Resopló
airada.
- Tenéis razón, Deadly-buzz será en ese caso. – Finalizó ante la
mirada de su ama, acabando por reír de nuevo mientras sacaba un reloj de cuerda
del bolsillo – Van a dar las 16:00 en 5 minutos…
- Mmmm…en ese caso creo que es hora de que vayamos a comer. – Se
incorporó sacudiéndose la ancha trenza y cerrando los dedos sobre Deadly-buzz,
provocando un sonido similar al de las piezas de un rompecabezas mecánico
encajando. Cuando abrió de nuevo la mano solo había una pequeña pieza romboidal
plateada y del tamaño de una nuez. – ¿Te apetece conocer el establecimiento de
mi padre?
Shizu se removió ligeramente, entreabrió los ojos viendo una
extensión blanca sobre ella. Avanzó con la mano acariciando la cálida y suave
superficie de las sábanas, cerrando los ojos de nuevo y exhalando el aire que
cargaban sus pulmones. Su mente estaba en blanco, era de agradecer, no
recordaba nada desde…desde…
Se incorporó de golpe con los ojos abiertos como platos creyendo
que su pesadilla la rodearía, pero eso no sucedió. ¿Qué había pasado? Estaba de
nuevo en su habitación…pero…ella recordaba haber estado en el retiro…Un
momento. Se fijó más detenidamente en la habitación. Aquella no era su
habitación. Frunció el ceño mirando a su alrededor, era casi idéntica a la suya
si no fuera porque la orientación de la cama era justo la contraria.
- Oh…- bisbiseo comprendiéndolo todo en el momento en el que
Hackett salió del baño, con los pantalones y una toalla sobre los hombros como
únicas prendas de vestir.
- Hm… ¿Ya despertaste…? – preguntó a pesar de la evidencia,
pasando por su lado como si nada, secándose el pelo y sentándose en el borde de
la cama pesadamente.
- ¿Qué…? ¿C-como…? ¡Por dios ponte algo! – acabó exclamando,
apartando la mirada con los ojos cerrados y un resoplido.
- Estoy en mi habitación. – Contestó encogiéndose de hombros,
Shizu le miró con los ojos entrecerrados lanzando chispas, sacó las piernas de
debajo de las sabanas y se sentó en el borde dispuesta a irse, pero la mano del
chico la retuvo tomándola del hombro – Dios, que insufrible eres, ya me pongo
una camisa. – accedió entornando los ojos, aquello se le antojaba ridículo. –
Te quedaste inconsciente tras esa especie de ataque…así que te traje al hotel,
necesitas descansar, Shizu.
- Lo que me faltaba, ahora estoy loca.
- ¡¿Tu escuchas cuando la gente habla?! – La miró enfadado
mientras se doblaba el cuello de la camisa – Necesitas descansar de una vez y
dejar de pensar en acabar, acabar y acabar la misión.
- ¡Es que quiero acabarla! – gritó sintiendo que se ahogaba a
cada segundo que seguía en esa ciudad plagada de recuerdos más amargos que
dulces.
- ¿¡En dos horas!? – Sacudió la cabeza sin dar crédito. –
Escucha, sé lo que pasa, sé lo que hay cerca del hotel, sé que aquí te queda
familia. – Estaba cansado de intentar ayudarla y que no se dejara. Shizu
frunció el ceño y abrió la boca a punto de soltar otra pregunta. – Komui me lo
contó ¿¡Por qué crees que te han encomendado una misión tan sencilla!? ¿Solo
porque puedes activar los dos primeros niveles de tu inocencia…?
- Vaya no se ha dejado nada – gruñó aun erizada. Se levantó
alisándose el uniforme, dispuesta a irse a su habitación – dile a Komui que no
necesito una misión con un psicólogo, ni terapia familiar.
Hackett puso los ojos en blanco, frotándose el rostro con una
mano, sintiéndose agotado por ese ir y venir de discusiones sin conseguir nada.
- Shizu, necesitas ayuda…- dijo con la mano aun sobre su rostro,
intentando calmarse.
- ¡No quiero la ayuda de nadie! – No necesitaba a alguien que se
acabaría marchando de su lado.
Hackett ya se había cansado. La cogió por los hombros y la puso
contra la pared con brusquedad.
- ¡Pero la necesitas! – Gritó con enfado -…aunque no la
quieras…- prosiguió más tranquilo. – ¿Se puede saber qué te pasa…? ¿Estás
enfadada con el mundo…?
Shizu tras el sobresalto inicial bajo la vista, concentrándose
en sus botas y cerrando con fuerza los puños ante las palabras del alemán.
Pidiendo al principio que la soltara, pero sin conseguir nada con ello. De
repente se sintió derrotada.
- N-no lo entenderías…- dijo a media voz. Notaba la garganta
atada por el nudo de su pesadilla, por el miedo a ser repudiada por todo lo que
había hecho a lo largo de su vida, de verdad que ella no había querido hacerlo…
- Inténtalo.
La suavidad de la voz del chico la hizo alzar la vista húmeda y
esquiva. Sabía que la voz iba a fallarle, sabía que iba a cruzar la línea que
se prometió no traspasar, sabía que no habría vuelta atrás si lo hacía.
- No entiendo por qué quieres ayudarme…
- Ya somos dos. Porque estoy usando una paciencia que no tengo…-
sonrió a medias apartándole un mechón de la frente.
- Y-yo…- Las lágrimas inundaron demasiado rápidos sus ojos,
obligándola a bajar la mirada y enjuagarse las salinas gotas. Pudo escuchar el
suspiró de Hackett por encima de su sollozo antes de notar un cosquilleo cálido
sobre su frente. Un beso. Extendió las manos y de golpe esquivo el agarre de
Hackett, para parapetarse en su pecho y esconder su vergüenza en forma de
llanto. Esperando que el chico entendiera que aún no podía, y así lo hizo
Hackett, pero por lo menos aquello era un pequeño paso. Así que simplemente la
abrazó dejando que se desahogara y llorara todo cuanto quisiera.
- Escucha…haremos una cosa…- comenzó con voz tranquila – Demos
una vuelta en lo que queda de tarde, no hace falta ir con tu familia – Se
apresuró a aclarar notando la rigidez de la española. – Enséñame la ciudad,
cenemos en uno de tus sitios favoritos y antes de volver al hotel haremos una
ronda en el parque… ¿Te parece…?
Shizu tardó en contestar, y cuando lo hizo apenas fue un
asentimiento contra la camisa del chico. Se separó tras unos minutos,
sorbiéndose la nariz y pasándose la manga por las mejillas a toda velocidad.
- No te creas que esto significa algo…- musitó algo sonrojada
por haberse abrazado así al chico – Y deja de besarme sin mi permiso.
- Oh… ¿Te diste cuenta…?
- ¡Claro que sí! – exclamó lanzándole una mirada reprobatoria.
- ¿Te diste también cuenta de que me disculpé…? Algo raro en mi
por cierto.
- Si no lo hicieras no tendrías que disculparte.
Hackett rió con su habitual risa ácida, separándose y agitando
la cabeza como si quisiera decir “No tienes remedio”.
- ¿En media hora en el hall del hotel…? – sugirió tras relajarse
un poco. Hackett asintió dándole la espalda mientras se doblaba las empuñaduras
de la camisa.
- En media hora en el hall.
- Bien…- Atravesó al fin la puerta y se quedó a solas en su
habitación, pero una pequeña sonrisa de paz, casi diminuta, torcía sus labios.
El chico miro su cama después de ese pequeño momento en el que
la había tenido entre sus brazos, sentía un vacio invisible e inexplicable, sin
proponérselo realmente toco la cama y las sabanas donde ella había estando
posada hacia unos pocos minutos casi sintiendo el calor de ella, pero pronto
aparto la mano en forma de reprimenda a el mismo posándola en su nuca y
frotándola como si estuviera cansado, pero era mas que estaba confuso; que
demonios estaba pasando, por que se esforzaba tanto en que levantara la vista
que no estuviera mas ensombrecía, ganas de secarle las lagrimas hasta que
ninguna mas callera, ganas de verla sonreír…seguía sin tener sentido para el,
no tenia realmente nada de conocerla, y le había parecido un juego cruzar sus
labios en aquel baile dentro de esa organización de locos, pero no podía negar
que significo mas de lo que esperaba, y lo había comprobado cuando los había
cruzado en la plaza.
Después de pensarlo innumerables veces, se puso una gabardina
normal por primera vez en lo que llevaba recluido en ese lugar, sin la insignia
de exorcista después de tomar su cartera y ponerla en la bolsa de su pantalón
salió un poco mas tranquilo sobre lo que le había estado dando vueltas en la
cabeza, pero al bajar al Hall del Hotel, pareció aun mas olvidado como si en
ese momento la vida le digiera que dejara de negarse algunas cosas. Ante el
aparecía la melena oscura de Shizu que acompañaba y se mesclaban en esos
zafiros oscuros que eran los ojos de la chica, ella también parecía algo
relajada, al menos algo menos tensa que antes, pero aun con la inseguridad al
estar en ese lugar, pero se había obligado a almenos por esa breve momento
pretender que era una chica normal de paseo una tarde por la ciudad, llevaba
una chaqueta de cuero negra y los pantalones vaqueros con las botas negras
esperando como había prometido al chico.
-Buenas Tardes Señorita-Dijo el joven como si no la hubiera
visto en todo el día, con una pequeña caravana con una sonrisa un poco entre lo
cortes y desafiante aun que parecía mas bien picara.
-¡Tú!, ¿Que demonios te traes?-Estuvo apunto de explotar en el
sonrojo cuando todos les miraban entre lo curioso, y las miradas femeninas que
atraía un chico como Hackett, pero mas por el efímero momento que paso con el
chico en su habitación, aparto la mirada fingiendo enfado para ocultar el
sonrojo-¡Vámonos ya!
El chico solo rio un poco mientras le seguía, el sol naranja
iluminaba las calles tenuemente amenazando a desaparecer pronto, no muy lejos
de la vista se miraban los prados verdosos de los jardines que habían recorrido
al mediodía, pero esta vez tomaron la dirección contraria de la calle empezando
a andar entre la muchedumbre, no presto mucha atención de su alrededor solo
miraba la espalda de la chica que iba por delante de el con las manos dentro de
la chaqueta, con cosas que su corazón parecía gritarle pero que el cruelmente
ignoraba para no volver a perderlo.
Caminaron no muy lejos la chica le mostro a lo que el recordaba
como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, era un edificio bastante
amplio de un distintivo color crema con una estructura de cristal, las luces
empezaban a encenderse ante la poca luz que empezaba haber en las calles no
pasaron mucho frente al edificio, Shizu explicaba algunas cosa algunas que
apenas conocía o recordaba de cuando era pequeña, pero no por que no tuviera
recuerdos frescos sino mas bien para no salir herida con los mismos. Después de
un rato de caminar por las calles volviendo por el camino por donde habían
pasado por la mañana, girando en dirección contraria de la calle por donde
habían llegado a la gran avenida que era la calle Atocha, bajaron hasta que
Shizu señalo el establecimiento donde cenarían…El Restaurante Botín, parecía
tener años sobre el, la entrada adornaba con puertas de madera y en los piso de
arriba en un acabado de piedra con 2 ventanales por piso con barandales negro
sobre ellos, Al entrar el aspecto de las viejas tabernas de la edad media
parecía mas visible el mesero de esa noche les guio al comedor de la bodega,
así pareció aclararlo la chica, era como entrar a una especie de túnel el techo
medianamente curveado tapizado en pequeños ladrillos de piedra con la
iluminación perfectamente anaranjada, que le daba ese toque hogareño, las mesas
se acomodaban extendidas entre ambas pareces del lugar hasta donde se viera el
fondo se terminaron acomodando en una mesa cercana a las escaleras.
-Bonito lugar-comento Hackett mientras se sentaba después de
haber ayudado a Shizu a sentar como buen caballero que era.
-Siempre me lo pareció-dijo notándosele un poco feliz como si
algo se ocultara en esas palabras, pero que no parecían querer profundizar en
ellas.
-Buenas noches, aquí les traigo la carta-dijo educadamente el
mesero
Hackett fue el primero en tomar la carta mirándola
cuidadosamente-Podría traernos de entrada un plato de lomo ibérico de bellota,
con un poco de vino tinto, ¿podría ser Pétalos del Bierzo?, mientras escogemos
nuestra cena-
-Muy bien señor como guste…Enseguida les traeré una botella del
vino que a pedido, mientras tome su tiempo en escoger sus alimentos-
-Muchas gracias-contesto el alemán mirando a Shizu debes en
cuando, mientras el mesero les dejaba a solas una vez mas.
-Si que eres rápido con estas cosa-comento sin mucho animo la
chica
-¿Te parece?...no le veo nada extraordinario a cenar en
restaurantes… ¿o tu si?
-Por supuesto que no-miro la carta otro poco el chico le imitaba
solo observar platillos sin decirse mucho, hasta que las copas se vieron llenar
del vino y el platillo de entrada que había pedido Hackett justo en el medio.
-¿Listos para ordenar?-Dijo el mesero con su servilleta al
hombro mientras les dejaba la botella a petición del chico.
-Yo quisiera un plato de Judías verdes con jamón ibérico-dijo
aun sin mucho apetito, algo ligero parecía la mejor opción, solo parecía complacer
el trato que había hecho con el chico.
Hackett alzo la ceja en juiciosamente contra la chica, pero se
limito a no decir nada al respecto de la comida de la chica, al menos había
lograron de que comiera algo después de que Komui le digiera que la chica no lo
había hecho toda su estancia esos días en los muros de la congregación.
-A mi me trae un Filete de ternera a la plancha, por
favor-finalizo dejando las cartas para que se las llevara el sonriente y
educado mesero.
La cena no pareció muy animada y era exageradamente silenciosa
esperar a decir algo era como esperar que todos los problemas desaparecieran,
pero su pequeño triunfo era que la chica estuviera un poco mas tranquila,
probara bocado y se olvidara de la misión aun que fuera por algún par de
horas…Como deseaba acercarse de otra manera hacia ella, como deseaba llegar a
cautivarla y que le permitiera entrar en su dolor, que le digiera lo que le
había estado atormentando en esos días y lo que había escondido en esas
pesadillas…repentinamente deseaba formar un poco parte de su vida.
Al salir del restaurante después de pagar y agradecer la cena
Shizu pareció adelantar otra vez muda pero el brazo del chico se movió
rápidamente parándola con delicadeza un poco mas cálida, se les había hecho de
noche las calles iluminadas por las farolas, la pequeña luna llena adornándoles
desde el cielo con las estrellas haciéndole compañía.
-Se que habíamos quedado en un trato en la mañana…pero-no supo
que decir exactamente-…Por que no simplemente lo dejamos por hoy…hace una
bonita noche…no podríamos ir a otro lugar-le cuestiono, entre lo firme y
decidido esperando una respuesta positiva de parte de la chica.

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