La Flor En El Otoño.
Los árboles y plantas estaban
teñidos de un color naranjado oscuro que le daba vida a esta estación tan
particular. No es demasiado cálida como en el verano, no es tan fría como en el
invierno y no es tan lluviosa como en primavera.
El tiempo era algo que seguía
trascurriendo de estación en estación, algo en mi pecho iba creciendo, al
principio lo creí incorrecto que no debía sentirlo o desearlo, pero poco a poco
no podía escapar de la realidad, cada día mirar esos ojos azules me volvían
loco y me hacían estremecer y sentía como mi corazón latía con desesperación al tomar
su mano con inocencia y cuando charlábamos no hago otra cosa que no sea
perderme en esos labios carmesí.
No puedo escapar más a este deseo
que se desborda con cada día que pasa, con cada segundo que paso a su lado, aun
que sienta que sea incorrecto aun que parezca que está mal, no lo está, no
puedo seguir usando esa escusa para guardarme este amor que crece cada día mas
y mas en mi interior.
-Hoy las hojas de otoño parecen más cálidas ¿No te parece Gabi-chan?-
Una chida de suave voz, cabello
oscuro largo hasta por debajo de los hombros donde sus puntas se rizaban
suavemente, de tez blanca y ojos azules como el cielo con apenas 16 años había dirigido
su pregunta al apuesto chico de cabello ligeramente rizado
de tonalidad castaña y unos ojos oscuros con ligeras matices verdes que le
daban un toque hermoso a esa mirada tierna y seria que tenía el joven de 18 a
su lado.
-Sí,
realmente este año están más coloridas, Nati-chan-Le contesto Gabriel mientras la guiaba por el parque
tomado de su mano con cariño.
-¿Y hoy a dónde iremos y Por qué
no invitamos a mi hermano Yosef?, se que estaba ocupado pero secuestrarlo es la parte divertida.
-Es que no lo molestare, la ultima
vez nos saco de su cuarto a empujones por no dejarlo estudiar para un examen-rio a recordarlo-tu hermano es muy listo pero bajo
presión se estresa al contacto-
-Es que él dice que nunca está de
más repasar; por mucho que te sepas un tema-rio la chica encogiéndose de hombros.
-Bueno, pero de todas formas, si te
soy sincero, hoy me apetecía salir solo
contigo-admitió con un pequeño sonrojo provocando otro a la chica de su lado.
-¡Ah!, ¿Sí?-dijo un poco por lo
bajo, sintiéndose un poco extraña al respecto…pero extrañamente contenta.
-Sí, es que bueno-no supo como
comenzar así que la sentó en una banca del parque para relajarse un
rato-¿Recuerdas este parque?-le pregunto para relajar un poco el ambiente.
-¡Claro!, Aquí solíamos venir a
jugar Yosef, tu y yo-sonrió, riendo al recordar esos momentos de su
infancia-Fueron muy bellos.
-Si…sobre todos uno de ellos-dijo
mirando al aria de juegos donde solían correr y balancearse sobre los columpios casi como si pudiera ver.
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Era una cálida tarde de otoño
como hoy, éramos unos niños en ese momento, Yosef tenía apenas 9 años, Natalie
tenía 6 años y yo 8.
Corríamos persiguiéndonos como en
todos los días en el parque después de resbalarnos en las resbaladillas y
columpiarnos con alegría, pero un día Natalie callo al tropezarse con una roca
enfrente de Yosef y mío, corrimos a ayudarla notando su rostro cubierto de
tierra al igual que toda su ropa, nuestros padres habían ido a buscarnos helado
como solían hacer en esos días y cuando miramos las rodillas sangrantes de la
pequeña Natalie ambos nos pusimos alertas desesperados sin saber que hacer.
-¡Duele!, ¡Duele mucho!-dijo con
un llanto desconsolador.
-Tranquila Nati…iré por Papá y
Mamá…Gabi cuídala-dijo el pequeño hermano mayor para ir a
buscar a sus padres.
-Nati, no llores, ya paso-dije para
tranquilizarla.
-¡Pero duele!-decía mientras se
tomaba de la rodilla meciéndose del dolor en el suelo.
-Yo…espera usare una magia
especial, no tardo-corrí con desesperación a los arbusto en búsqueda de algo
para tranquilizar a Natalie mientras venían nuestros padres.
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-Gabi…Gabriel-llamo la chica por
tercera vez al chico en la banca-¿Qué tanto miras?
-¡Ah!...no, nada-dijo el chico
volviendo a la realidad-Espera, necesito traer algo-dijo el
chico besando la mejilla de la chica para ponerse de pie.
-Está bien-le despidió un poco
desconcertada.
Al poco rato el chico regreso con
algo en la espalda mirando a la chica, se le notaba un sonrojo en la mejilla.
-Gabi, ¿Qué escondes?-Pregunto
tratando de adivinar lo que poseía a su espalda.
-Nati-se sentó a su lado tragando
saliva-Esta flor es la magia que necesitas para sonreír-dijo sacando la flor
que era una bella iris de hojas blancas con colores desbordando desde botón
para adornar ese pálido color que tenia por fuera-esto y un beso del príncipe
te curara-dijo besando su mejilla con cariño-¿Quieres ser mi novia?-
La chica miro su flor favorita
entre sus manos pero después de sentir ese beso oír esas palabras y la última pregunta resonar desde la garganta del chico, se puso roja y le
miro sin poder creerlo teniendo que tomar con fuerte la flor para no dejarla
caer.
-Yo…yo-dijo casi con lagrimas en
los ojos-Si, si quiero ser tu novia-dijo abrazándole desde el cuello para besarlo
por primera vez, cosa que sorprendió al chico, pero este acabo por
corresponderle con alegría abrazándole también con cariño.
-Me haces muy feliz…creía que me rechazarías-dijo realmente enserio, ese medio siempre le terminaba por embargar.
-Como rechazar a mi príncipe-dijo aun con el sonrojo en su
mirada-Yo era la que había renunciado a la idea de que tú algún día me llegaras
a querer de esta manera tan especial-
-Yo siempre te quise mas allá que
como una prima-decía mientras la atraía a su costado para mirar el atardecer de
esa tarde de otoño-Temía a equivocarme y alejarte-
-Quizás yo también pensaba
igual-dijo con dulzura.
-Eres mi princesa-sonrió con una
felicidad que creyó imposible sentir alguna vez.
-Y tú eres mi príncipe, que me
hace sonreír-completo la frase mientras le miraba.
-Jeje…ahora que ya me has hecho
feliz…espero que mi Tío Alyer no me cuelgue en la pared de tu sala-
-Jajaja…mi padre no es de esa
manera, vamos yo no dejare que te haga nada…y no creo que mi Tío Hackett le
deje hacerlo-le volvió a besar para tranquilizarlo-Estaremos juntos para darles
la noticia.
-Espero que sea suficiente-dijo
enserio pero mas tranquilo mientras empezaban a andar hacia casa para dar la
noticia.
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-Mira Nati-dijo el pequeño cuando
regreso de entre los arbustos- Esta flor es la magia que necesitas para sonreír-tomo sus
manitas para poner la flor mientras la chica seguía llorando- y un beso del príncipe te
curara-le beso con cariño-Esta es la magia especial de Gabriel, tu príncipe-
-¡Ya
no duele!-dijo la pequeña sonriendo, sorprendida-Ya no duele nada, ¡Gracias
Gabi!-le beso ella también tiernamente-Tu magia y esta flor me ayudaron-dijo al
abrazarle entre risas pequeñas.
Lo demás de esa tarde había sido
mágico aun que me regañaron también me felicitaron por saber cuidad a Natalie y
ese día; y cada uno de mis días yo haré que con la magia de la flor de otoño,
con la flor de Iris que encontré ese día sola entre los arbustos, mi querida
Nati sea feliz y siempre sonría. Con la magia de nuestro cariño.
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