Capitulo 4: Porque ya no estás.
Que
tan pesado podría ser el simple tintineo de una campanas de una iglesia, que
tanta paz te puede causar, que tanta alegría podría provocar pero también, que
tanta tristeza a de tener.
Las
despedidas son crueles, duelen y te hacen llorar; algunas veces son por un
tiempo, otras son por peleas o distanciamientos y unas tantas son para siempre.
Pero
que comparas; una despedida lejana aun sabiendo que aquel ser que fue muy
especial en bellos e inolvidables recuerdos, esta bien en algún lugar, esta ahí
siendo feliz, sin ti. Pero al fin y al cabo, feliz.
Otra
es la historia cuando sabes que no puedes retractarte, que a pesar de saber no
merecerlo, no poder pedir perdón, no poder rogarle y decirle un “Se muy feliz
sin mi” por que ya no esta, ya no volverá, de la muerte nadie vuelve.
Recordar
el sepelios de su padre era como una tortura a pesar de ya tener 5 años de no
tenerlo aun dolían como el primer día. Lo único que borraba el dolor o le provocada
una sonrisa era la compañía de su amiga, de su querida amiga Bianca.
Aun
que no era la única que sufría, no era la única hundida en un pozo tan hondo
del cual no puedes ver luz, del cual no quieres salir, tanto como para incluso
querer ser enterrado junto a la caja ante sus ojos la que descendía lentamente
hasta lo mas profundo con cuidado antes de ser cubierta de tierra y graba en el
mausoleo que tenia el nombre de la chica a la que había aprendido amar a pesar
de su corta e inexperta edad.
Los
ojos dorados eran opacos radiados del rojo de las lagrimas que no le daba vergüenza
mostrar, menos por quien tenia que despedir ese día, su pecho ardía y el sentimiento
de poder haber hecho algo, la sensación de vació. Tenia tantos deseos de volver
a ese día quedarse con ella de haberla besado mas decirle hasta el cansancio lo
mucho que la quería, incluso aun que no le cría decirle su primer “te amo” que había
practicado para la cita que tendrían ese día, ese día en que su cita romántica
se convirtió en una de pena y adiós.
A
pesar de tener ahí a la responsable enfrente, verla llorar y estar presente, sentía
tantos deseos de tomarla por el brazo y arrojarla lejos de ahí, de ese terreno,
de ese lugar…gritarle tantas cosas pero se contenía al respeto de su memoria y
de sus padres que sufrían ahí frente a el.
Cuando
todo termino el fue el ultimo en pie sobre la tumba la lluvia empezaba a mojar
sus hombros lentamente, y a pesar de que quizás quien el empezaba a odiar mas
se quedaría fue arrastrada a pesar de notar el mismo en su mirada el no querer
hacerlo, pero al final se la llevaron, y dio gracias por que no quería ser el
quien la sacara y mucho menos ahí delante de ese sitio.
No
supo cuanto tiempo paso, solo miraba la lapida con el nombre de ella ahí inscrito
la fecha en la que nació y el día en que se la quitaron, y la foto de ella
sonriendo, era lo que miraban sus ojos, esa foto.
El
pelo estaba húmedo toda su ropa estaba tan mojada que la sentía totalmente
pegada a su cuerpo, ya no sabia si lo que tocaba sus mejillas eran lagrimas o
lluvia y no le interesaba. No fue hasta que un guardia bajo un paraguas le pidió
salir pues ya era hora de cerrar que sus piernas se movieron. No decía y no
pensaba en nada solo su cuerpo se movía quizás incluso inconcientemente.
La
llegada a su departamento no lo izo mejor ver los rincones y creer oír su riza
mientras estaba sentada en el recibidor en la mesa que adornaba el medio de su
sala, enseñándole y estudiando a su lado su pecho volvía a romperse mientras
mojaba toda la alfombra a su paso.
En
un instante el dolor se volvió ira arremetió contra la mesa tomándola y
arrojarla hasta romperla, volcó todos los sofás, rompió los jarrones todo a su
paso todo se rompía, todo lo que no fuera de ella, todo lo de el se rompía en
su ira hasta ir al ultimo sofá largo que levanto hasta hacerse daño al caer de
rodillas al suelo sus ojos de rabia y dolor apenas y veían lo había roto su
sangre de los fragmentos rotos, no pero noto un brillo donde había estado el sofá
escondiéndolo, su mano se alargo hasta alcanzar lo que a pesar de estar lleno de polvo tintinaba
en un brillo cuando lo tomo entre sus dedos noto la orquídea de plata, ese llavero.
<<”
Oye Alyer, puedes decirme si te gusta este llavero” “Oh no, no es para mí” “Es
para Shizu” “Yo también quiero…cuando estemos listos, se que quiero estar
contigo en todos los aspectos”>>
Los
recuerdos de ese llavero, todos, las palabras, la risa, la felicidad de alegar
a alguien mas que a ella misma, la esencia de Bianca todo era ese llavero tenia
lo que ella significaba, bondad, cariño, preocupación…su nombre…el nombre de el
dicho por esos labios, los labios que había probado…los labios que admitían que
quería todo solo con el…morían en su cabeza, mientras apretaba el llavero.
Se
levanto hundido pisando los cristales y madera rota con sus zapatos húmedos fue
a la cocina encendió las llamas apretó la oreja del llavero lo acerco hasta
sentir las llamas sobre su piel. Iba a destruirlo por saber a quien iba
dirigido.
Todo
era odio, toda su mente pero de pronto una risa, como si el llavero gritara y
llorara, pudo escucharlo.
<<Alyer,
te quiero>>
La risa
el rostro juraba a ver podido verlo en ese llavero, lo miraba ahí estaba,
Bianca, una de las pocas cosas que ella compro estando viva, ella lo había tomado
con las manos.
<<Si
lo conservo será como tomar su mano para siempre>>
Pensó
antes de desboronarse al suelo protegiendo con sus manos el llavero levemente barnizado
de negro por el fuego, pero no lo daño, no había dañado aquello que a pesar de
no ser de el, lo tomaría, seria para el…nadie se lo quitaría. Se recostó
abrazado el llavero sin apagar la estufa aun mojado volviendo a llorar de desesperación.
En
una situación similar pero completamente distinta en un cuarto oscuro encerada
con cerrojos para que nadie siquiera pensara en buscarla, buscando la soledad o
incluso el fin que se merecía ahí sola, Shizu, tomaba un libro de fotos de toda
su vida que solía ver acompañada entre risas, ahora el silencio y la soledad de
fondo donde no había nadie y solo sus lagrimas daban el fondo de que aun
respiraba.
Una
y otra vez, repasando el mismo álbum sin sentido ya que realmente con lo húmedo
de sus ojos no podía siquiera mirar la claridad de las imágenes, pero una se desprendió
su mano se movió con miedo de perderla y la siguió hasta debajo de la cama
donde la imagen alfil se detuvo pero había un pequeño bulto ahí perdido y al
parecer olvidado al sacarlo y ver lo que era sus ojos enfurecieron tanto como
se aterraron con la voz de su amiga en sus recuerdos.
<<
“Ah, es un guardapelo que le compre a Alyer” “Querría tu opinión” “¿Lo crees?” “Gracias…te
quiero Shizu”>>
Un abrazo
de sus recuerdos que había pretendido no tener a ser un poco falsa sobre ese
presente, sobre lo que realmente pensaba sobre el, sobre para quien iba dirigido
sus uñas se clavaron en su palma al presionar aquel corazón pequeño de oro y lo
arrojo con tanta fuerza que se estampo contra la pared y al caer al suelo se abrió,
pero ella aun no lo miraba dejo el álbum con cuidada tomo su despertador hiendo
con tanta rabia hasta el objeto pero cuando vio la foto de dentro y la vio, su sonrisa…no
importaba que s vista o se centrara al frente que pareciera mirar a la otra
ventana del corazón. No lo que ella vio fue esa risa y sonrisa que solía tener
para ella, en todo momento con ella a su lado, volvió a sonar como si desde la
foto le hablara.
<<Te
quiero Shizu>>
Sus
manos temblorosas lo recogieron como la pieza delicada, comos i fuera a hacerse
polvo y lo cerro, no podía mirar dentro pero tampoco destrozarlo, no eso aria
que perdiera tacto de ella, el tacto que le dedico, no importaba que lo hubiera
adornado para alguien mas, que lo escogiera para alguien mas, ahora era de
ella, era de ella, su sonrisa la risa que ya no escucharía, no la soltaría aun
que no fuera para ella, no se la daría a nadie…se quedaría con la risa de
Bianca, era solo para ella.
Tal
y sin saber se izo un ovillo en el suelo como la otra persona querida para su
amiga, presionando un objeto que no les pertenecía, pero que creía que era lo único
que tenían, lo ultimo que tendrían de ellas, lo que les hacia sentirse envidiosos
con odio y coraje y no se lo darían a su legitimo dueño, no aquello tendrían
que arrancárselos estando muertos, por que nadie y nada aria que se deshicieran
de una mano y una sonrisa de quien no iba a volver nunca.
Por
que ella ya no iba a estar…por que ya no estaba.

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