Torre Blanca.
Capitulo # 3: Debajo del suelo.
Es la vida en la ciudad era difícil, más si de un niño se trataba, más si eras del perfil perfecto para las investigaciones crueles realizadas en la Torre Blanca o Howaitotawā. Muchos de los padres enloquecían cuando su hijo era seleccionado por esos crueles científicos, que con el respaldo del gobierno podían desprender a los más inocentes de las manos desarmadas de sus padres quienes solo podían llorar y suplicar por qué no apartaran a sus hijos de su lado, pero eso era imposible una vez nacido con el perfil codiciado por esas despreciables personas tu futuro terminaba en esa torre y todos aseguraban que no volvías a ver la luz del día.
Aun que había una peor cosa en esta podrida ciudad, y es que en un anuncio de largas listas ponen los perfiles que necesitan los científicos muchos adolescentes idiotas queriendo un poco de efectivo siempre andan de casería de “conejillos” o así era como lo llamaban entre ellos “la banda desgracia” aun que yo los llamaría personalmente escoria. Ellos no entienden el sufrimiento de un padre o de una familia, normalmente son hijos únicos y por supuesto nunca tendrán el perfil necesario para experimentos, era como si los científicos tuvieran un límite de edad quizás no podrían manejar a adolescentes o sus drogas tenían que ser introducidas desde una temprana edad, tenía muchas teorías para que ya cuando tuvieras más de 17 dejaras de ser un blanco y salir.
Si, como una defensa y protección los padres cansados de que se llevaran a sus hijos crearon una especie de fuerte bajo tierra, 6 metros abajo para ser exactos, es bastante amplio supera el tamaño de la ciudad sobre ella, pero si soy sincera conmigo misma, no creo que sea mejor que la torre blanca, aquí no ay luz del sol, no ay nubes y mucho menos ay un río donde jugar y nadar como quisiera, cada vez que mis hermanos y mi padre vienen a visitarme, ellos, quienes no tienen un perfil ideal y pueden ser libres me cuentan de todas las cosas que hacen en familia esos días corriendo en el parque, nadando en el lago y el simple hecho de tirarse en el pasto y ver las blancas nubes. ¿Por qué habré nacido con un perfil ideal? En cuando mi padre lo supo investigo y encontró este sitio que es un secreto a voces si muchas personas lo supieran, no habría duda de que nos encontraran. Aun que no se, que tiene de especial los ojos oscuros y el cabello en su totalidad igual, la tez blanca y una mescla oriental y europea ¿Tan especial soy?, aquí dentro no me siento más que una prisionera y seguro en la torre blanca seria igual, aun que mi padre me diga mil veces que faltan pocos años para salir, que pronto podre volver a estar con ellos ¿Pero cuándo será eso? ¿Cuándo mi niñez se acabe? Si a esto se le puede llamar niñez.
Los muros de metal son tan fríos aun que ay lo que se le puede llamar un parque con columpios, resbaladillas y un sube y baja, un extraño césped artificial como las flores y en el techo un falso cielo de pintura en el techo. Más adelante los dormitorios largas filas con camas pero había dos cuartos el de niños y niñas, ya que cada niño en ese edificio no rebasaba la tabla de entre los 6 y 16 años, aun que ya después de los 13 te calificaban mas grande e ibas a otra habitación, y pensar que solo me falta un año para ser de esos y dormir en una habitación con solo una compañera al igual que los chicos, aun que a veces no tenia caso igual no una vez un chica se enamoraba cambiaban cuartos y escabullían de las personas que nos cuidan por dinero después salen aquí como pareja es bastante cotidiano.
-Otra vez escribiendo en ese diario Tanabe, ¿Que no tienes mejores cosas que hacer?- este fastidioso chico había llegado apenas tres años atrás tenía mi edad, doce años, era de tés blanca ojos verdes y de cabello rizado de un tono castaño, era algo arrogante.
-Eso no es de tu incumbencia-le respondí como ya era mi costumbre, altanera y secamente.
No me gustaba involúcrame con nadie y menos a alguien del sexo opuesto si es tan cruel tener una familia en este podrido mundo en el que nos toco vivir, prefiero vivir sola, depender solo de mi al menos así cuando salga podre vivir despreocupadamente sin dolor o una lagrima mas, no soportaría temer a que me arrebaten a mi familia el día de mañana.
-Como siempre seca…diviértete un poco mas ¿No es ya suficiente estar aquí bajo tierra? Deberías al menos sonreír-
-Déjalo ya…Engels-
-Vamos no puedes ignorarme toda tu vida-
Quería ignorarlo como hacía mucho buscar un lugar en el que no pudiera seguirme en donde no pudiera verlo, camine casi a lo más profundo y deshabitado, aun que aun seguía escuchando las molestas pisadas del chico detrás mío y apenas un segundo iba a girarme a gritarle que desapareciera cuando de unos toboganes que conectaban al mundo de arriba cayeron de la nada dos niños bastante heridos. Ese ducto solo traía objetos que los padres solían echar a escondidas detrás de un contenedor de basura, para que nadie sospechara y claro se abría o cerraba en determinadas ocasiones, no tenía mucha información mi padre siempre me contaba vagamente las cosas que había sobre nosotros. Pero ahora no caía una pelota una maleta o un juguete olvidado, si no un par de niños.
-¡Ayuda!-Alcance a escuchar en un débil susurro de la pequeña de pelo rubio que alzaba su rostro lleno de sangre y una extraña diadema de metal rodeaba su frente, pero lo que más me asusto fue el chico bajo ella, si era un chico parecía muy robusta con erupciones extrañas de su color plateada oscura sobre su piel parecía estar pasándola muy mal además tenía montones de agujas clavadas y el parecía muy peligroso.
-Shizu cuidado-lo escuche por primera vez Engels me había llamado con mi nombre de pila y se había puesto delante mío.
El chico debajo de la niña parecía removerse de dolor y emitió un desgarrador gruñido que me izo sentir sangrar los oídos, Engels…bueno Hackett pareció gruñir y hacerme retroceder cuando la niña se pudo levantar a duras penas tenía tantas heridas sangrantes y la mitad del rostro ya estaba ensangrentada.
-El…no les hará daño…son las drogas…está sufriendo-dijo casi llorando como si cargara mucha culpa-Yo lo detengo…solo quita esto-señalo el aro de metal sobre su frente
-Como fiarnos-
-Basta, Hackett…ella necesita ayuda-pedí mientras me adelantaba.
Tenía miedo no puedo negarlo, pero esa niña parecía sufrir mucho y aun que el chico recostado me daba mucho miedo puse mis manos sobre la frente de la chica aun manchándome de sangre tire con fuerza con su ayuda hasta que salió al fin casi cayendo pero una fuerza misteriosa me detuvo igual que a la diadema, y cuando mire con más cuidado note como la niña mantenía una mano al frente fue cuando entendí de donde se habían escapado mientras el crujir del metal de la diadema resonó. Ante mi vista incrédula y la de Hackett, cuando la niña solo me sonrió cuando deje de sentirme raro y estaba firme de pie mirando de pronto como la chica se inclinaba besaba al chico, me sonroje sin entenderlo y al desviar la mirada mire que Hackett también lo había hecho, sentí ahora una punzada rara en mi pecho que me izo volver mi vista a la niña y al niño que ahora ya se miraba más claro seguro tenían nuestra edad.
-Gracias-nos sonrió la niña de cabello rubio que quedo inconsciente sobre el chico que ahora parecía de tés blanca y cabello oscuro.
-Ellos son…-
-Que lo sean o no…ay que ayudarle-interrumpí al chico de ojos verdes para que me ayudara a cargar con esos chicos y esconderlos…quizás al despertar tendríamos respuestas.
Estos niños eran de la torre blanca y habían escapado…o mejor dicho lograron escapar por muy poco…pero entendí que quejarme sobre mi estilo de vida, fue un error, ellos sufrían más que yo.
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